Cuando sea grande voy a trabajar de intérprete en la ONU y cuando un delegado le diga a otro que su país es un asco yo voy a traducir que su país es un encanto y, claro, nadie podrá pelearse. ¡Y se acabarán los líos y las guerras y el mundo estará a salvo!
Mafalda (Quino)
Hay cosas que de alguna forma nos acompañan desde siempre, que están ahí, en todas partes, en la televisión y en la radio, en los diarios y en internet, en la paz y en la guerra, en fin, en boca de todos -bueno, sin exagerar: solo de muchos- pero que al final nadie sabe con certeza para qué sirven o, en último caso, si realmente funcionan.
Sea usted “baby boomer” o pertenezca a la generación “y”, más que familiar le debe resultar la sigla quizá más conocida de los últimas siete décadas -ONU-, fruto de un gesto que casi siete décadas después sigue siendo una utopía, con desafíos que devoran al más grande de los optimismos, con la paz como anhelo en un mundo donde las guerras las hacen los gobiernos y no los pueblos.
Fundada por medio centenar de estados en 1945 y que en la actualidad agrupa a 193 naciones, la ONU es precisamente eso: una entidad integrada por estados, por gobiernos -no por personas- convocados por la aspiración común de un puñado de principios fundamentales que -paradójicamente- son amenazados a diario por miembros de la misma organización.
Un vistazo a la Carta de Principios de la ONU y una mirada a lo que ocurre en diversas partes del mundo puede ser un ejercicio iluminador al momento de reflexionar acerca de la manera como este organismo ha cumplido o no con sus objetivos, entre los que se encuentran los siguientes:
• Mantener la paz y la seguridad internacionales.• Fomentar relaciones de amistad entre las naciones.• Ayudar a las naciones a trabajar unidas para mejorar la vida de los pobres, vencer el hambre, las enfermedades y el analfabetismo, y fomentar el respeto de los derechos y libertades de los demás.• Servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por alcanzar estos objetivos comunes.
En repaso objetivo a estas intenciones y su contraste con las noticias de cualquier día refuerza ese halo de utopía que parece acompañar a la ONU, cuyo papel principal parece ser el de fallida conciliadora entre los protagonistas de las guerras que proliferan en distintas partes del orbe.
Alimenta el debat
Su octavo secretario general es el sudcoreano Ban Ki-moon -quien sucedió al africano Kofi Annan al comienzo del 2007- y en su estructura cobija nueve organismos: el Consejo de Seguridad, la Primera Comisión de la Asamblea General para el Desarme y Seguridad Internacional, la Cuarta Comisión de la Asamblea General de Política Especial y de Descolonización, la Comisión de Consolidación de la Paz, el Comité contra el Terrorismo, el Equipo Especial para la Lucha contra el Terrorismo, la Comisión de Desarme de las Naciones Unidas, la Conferencia de Desarme y -sí, ya terminamos- la Comisión sobre Usos Pacíficos del Espacio Ultraterrestre.
La eficacia de esta enorme burocracia con comisiones, equipos y asambleas especializadas es para muchos tema de debate, no sólo porque es obvio que muy pocos de sus objetivos se cumplen, sino también por el enorme presupuesto que la ONU demanda para su funcionamiento y que este año es de $5,160 millones, en contraste de los $4,870 millones para cada uno de los dos años anteriores. Eso es mucho dinero.
No sé, pero es lógico pensar que buena parte de ese presupuesto es cubierto por los países más ricos del mundo y que esta realidad tiene alguna influencia en la manera como la ONU toma -o no toma- sus decisiones.
Sí, este lunes la ONU cumple 66 años. Si hubiera una fiesta en su sede en Nueva York, Mafalda no estaría invitada, por su irreverente sarcasmo. Puerto Rico tampoco... porque no es miembro.

Mario Alegre Barrios, oriundo de la Ciudad de México y residente en Puerto Rico desde 1977. Periodis...


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