¿Qué tienen en común la sexóloga Wanda Smith; el modelo Peter Hans y el legislador penepé José Aponte? La respuesta es sencilla: son algunos de los muchos famosos a quienes le han salvado la vida o han recibido servicios especializados en el mismo Centro Médico que ahora agoniza por falta de aire. ¡Que agoniza por falta de acondicionador de aire!
Los famosos son un puñado, porque la mayoría de los que recibimos servicios en Centro Médico somos los comunes, como mi amigo Ángel Antonio y yo; como la chica atropellada por el novio, el baleado en un asalto, la que se cayó por las escaleras y se fracturó piernas, cadera y clavícula; y los sobrevivientes de un accidente de tránsito, entre tantísimos otros.
En todas las salas de operaciones de Centro Médico, se deben realizar cientos de cirugías al día; miles al mes. Es imposible realizar una sola operación en una institución hospitalaria que carezca de acondicionadores de aire. Es imposible mantener pacientes hospitalizados sin ese servicio básico. Constituiría un grave problema de salud pública por las infecciones que se extenderían a pacientes y empleados.
El problema en estos momentos es que no hay aire que le salve la vida a Centro Médico.
Digo, todos sabemos que hay posibilidades de salvarlo y conocemos a quienes tienen el poder de hacerlo. Pero faltando 131 días para las elecciones generales, hay matemática básica que no falla. Son ecuaciones sencillas en las que la lógica juega un papel protagónico.
Algo me susurra al oído que es mejor estrangular Centro Médico para que las uniones de empleados formen protestas que entorpezcan el funcionamiento de los hospitales. De esa forma, los empleados quedan como los malos de la película, y a Dios, que reparta suerte.
Algo me dice al oído que es mejor cerrar gradualmente las clínicas que atienden gratuitamente a los pacientes que presentan condiciones graves que sólo se pueden tratar en Centro Médico. Según disminuyan los nuevos casos, reducirán las cirugías de emergencia, los gastos… ¡y se cuadran presupuestos! Lo que no dicen es que no importa el seguro médico que tengas, donde vivas, o lo que tengas en la cuenta de banco, los servicios que se ofrecen en Centro Médico pueden hacer la diferencia entre la vida o la muerte.
Algo me grita al oído que es mejor que se dañen los aires acondicionados y se cierren las salas de operaciones; que es mejor que mueran pacientes que no se pudieron operar antes de presentar El Milagro Público de una asignación millonaria de última hora que acapare portadas y loas.
Peor aún, hay algo que me revienta los tímpanos: aprovechar la hospitalización de algún caso famoso para llamar la atención sobre lo bien que trabaja una administración que cierra el año fiscal sin déficit. La persona responsable de diseñar la estrategia salvadora, pasará a los anales de la historia y una placa con su nombre decorará algún pasillo. Antes, muchos murieron y no se hizo nada.
Mi Centro Médico -que es el tuyo, el de él/ella, el nuestro, el vuestro, el de todos- está dejando de respirar y nadie le quiere poner la máscara de oxígeno. La joya de la corona que desdeñamos y que muchos países quisieran tener, está perdiendo el brillo. Mientras, muchos empleados dedicados y con vocación se sienten forzados a llamar la atención del país dando vueltas en una fila de piquetes.
La inmensa mayoría de los empleados administrativos; el personal ancilar; cirujanos y anestesiólogos; oncólogos, neurocicujanos, ortopedas, ginecólogos especializados en embarazos de alto riesgo, y decenas de otros especialistas quieren trabajar. Las enfermeras y enfermeros especializados también. Muchos saben que los unionados tienen razón. Todos quieren trabajar. Quieren ayudar a salvar vidas aunque no le ganen todas las batallas a la muerte.
La falta de aires acondicionados en las salas de operaciones no es una changuería. De nuevo, sin el control de temperatura habrá muertes. Una factura de $1.5 millones para acondicionar la temperatura de las salas de operaciones de nuestro único centro de salud supraterciario es una chavería.
El Centro Médico es tan mío como tuyo. Desde que tengo uso de razón he escuchado la misma frase: “Diantre, se lo llevaron pa’ Centro Médico. Tiene que estar bien grave, pero allá es que es”. ¿Nadie se pregunta la razón?
El próximo jueves les presento una, y su alegría de vivir.

Sangermeña que quiso ser periodista desde que aprendió a leer. Tras el bachillerato de Estudios ...


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