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Pablo A. Jiménez

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5 de mayo de 2011

Recomendaciones para la sana convivencia

Comparto este documento, producido en ocasión del Día de la Oración, celebrado el 5 de mayo de 2011 en el Anfiteatro de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana con la participación de 130 personas.

Introducción

La violencia en sus diversas expresiones está perturbando la vida individual y colectiva de nuestra sociedad. Por lo tanto, debemos unirnos en un proyecto de pueblo cuyo propósito nacional sea fomentar actividades que promuevan la paz, el desarrollo de una cultura de paz y el cultivo de la sana convivencia como estilo de vida en la familia, la comunidad y el gobierno.

A continuación presentamos recomendaciones que buscan fomentar el desarrollo de nueva cultura de sana convivencia que transforme el clima imperante de criminalidad y violencia.

Sugerencias generales

1. La injusticia reduce al ser humano en sus actos, en sus alcances y en sus potencialidades. Cuando la justicia es la gran ausente en las relaciones humanas y sociales la paz se erosiona, por tanto, debemos forjar un proyecto colectivo para promover la justicia económica, social, relacional, personal y colectiva.
2. La violencia, los asesinatos, el abuso de poder, entre otros, son señales evidentes de que se ha perdido todo respecto hacia la vida humana, por tanto, necesitamos recuperar el concepto de la sacralidad de la vida y la revalorización del ser humano como paso para el perdón, la reconciliación, la solidaridad y la convivencia pacífica entre las personas.
3. Ante el desplome masivo o desintegración de valores sociales proponemos iniciar un proceso de reconversión social mediante la implementación de un proyecto educativo desde los hogares, la escuela y el gobierno que fomente valores que traigan bienestar integral a nuestro pueblo.
4. Unir a todas las fuerzas vivas de nuestra sociedad para diseñar un proyecto social, educativo, político, económico, moral y espiritual que permita la formación holística de un nuevo ser humano.
5. Establecer un fundamento teológico y bíblico frente al problema del crimen y la violencia en el país.
6. Que enseñemos de forma intencional, sistemática y proactiva principios para el manejo de la ira, la tensión y el conflicto, adecuándonos a todos los niveles y componentes del seno familiar.
7. Que examinemos en oración y mediante rúbricas de evaluación validadas, nuestros estilos de liderazgo eclesiástico y extirpemos toda manifestación o raíz de abuso, tortura y maltrato; en su lugar, modelemos la sana comunión en amor, perdón, gozo y paz.
8. Que denunciemos la violencia, y celebremos manifestaciones en pro de la paz como una sola iglesia.
9. Que regresemos a la instrucción de las disciplinas espirituales más descuidadas de la era posmoderna: el reposo, el retiro, la quietud, el silencio, la meditación y la vida contemplativa (todas ejemplificadas por Jesús).
10. Debido a que la violencia hacia la mujer tiene unas raíces incuestionables en las desigualdades que experimentan las mujeres producto de ideas culturales que afirman la superioridad del hombre y la inferioridad de la mujer, recomiendo que nuestra niñez sea educada desde la perspectiva de género que reconoce el respeto que todo ser humano merece independientemente de su género. Que se trate este problema social preventivamente y no tan solo punitiva y remediativamente.
11. Que desde nuestras iglesias se fomente el acercamiento y trato que Jesús le dio a las mujeres en su ministerio y la verdad central respecto al ser humano que afirma que hombres y mujeres fueron creados a imagen y semejanza de Dios.
12. Que las iglesias tomen el dolor de las mujeres y el problema de la violencia como opio y actúen en solidaridad convirtiéndose en lugares de cuidado y protección a las víctimas y lugares de transformación de los victimarios.
13. Promover la toma de conciencia de que la violencia no es un problema aislado si no que es parte de la cultura; por lo que es necesario un compromiso con acciones coherentes en contra de la violencia en todas sus manifestaciones y ámbitos.
14. Compartir en nuestros escenarios cotidianos nuestras preocupaciones sobre la cultura de violencia; incluyendo exigir y promover que se incorpore al currículo educativo estatal, a los programas y actividades educativas de las iglesias, a los programas de estudios de todos los niveles y a los materiales educativos destinados a prevenir todas las expresiones de la violencia.
15. Poner en tela de juicio los planteamientos que consideran aceptable cualquier forma de violencia. El cuerpo docente y demás personal de la enseñanza deben formar parte del esfuerzo para vencer los prejuicios y estereotipos que relegan que promueven la intolerancia contra cualquier sector de la sociedad por considerarlo diferentes.
16. Exigir al Estado, a través de los partidos políticos, el gobierno y los sectores influyentes de la sociedad (incluyendo a los sectores económicos, empresariales e industriales, las Iglesias y los medios de comunicación): condiciones de vida aceptables y dignas para nuestras familias y comunidades incluyendo oportunidades de trabajo, educación, salarios justos y condiciones de trabajo y vida que le permitan al trabajador promedio mantener dignamente a su familia y contribuir con su comunidad.
17. Involucrarnos en promover iniciativas en nuestras comunidades para proveer espacios y oportunidades para el disfrute, la diversión y la sana convivencia familiar y comunitaria, prescindiendo de políticos o funcionarios. La comunidad debe empoderarse para ser capaz de establecer su agenda, identificar sus problemas y recursos; definir sus prioridades y desarrollar sus propias alianzas, proyectos y acciones.

Sugerencias específicas

1. Desarrollar un currículo interdenominacional sobre el tema de la cultura de paz que pueda ser usado para ofrecer clases de escuela bíblica dominical y de escuela bíblica de verano a la niñez entre 4 y 14 años.
2. Exaltar el valor del trabajo por medio de estudios bíblicos, conferencias y materiales audiovisuales destinados a pre-adolescentes y adolescentes (8 a 15 años).
3. Ofrecer cursos sobre valores para la sana convivencia a la adolescencia y juventud de nuestras Iglesias (12 a 21 años).
4. Establecer un código de ética ministerial en cuanto a la conducta de cada Pastor o Pastora en el país.
5. Detallar las consecuencias teológicas bíblicas de no hacer nada ante la situación del país.
6. Incluir el tema de la violencia y la criminalidad en las clases de escuela bíblica dominical de la división de la niñez y la juventud en cada iglesia por lo menos una vez al mes. El tema debe adaptarse a la edad de los niños y los jóvenes.
7. Ofrecen las clases pre-matrimoniales a las parejas que se van a casar incluyan el tema de la violencia doméstica en una de las clases.
8. Organizar juntas o comités de acción comunitaria que, con la ayuda de las iglesias, celebren eventos educativos para las comunidades donde uno de los principales temas de estudio sea la violencia.

Conclusión

Queda entendido que en todas estas actividades recomendadas se presentará la perspectiva cristiana que afirma la presencia de Dios como respuesta última al problema social de la criminalidad y la violencia.

Presentamos estas recomendaciones con humildad. Alzamos nuestra voz en solidaridad con todas las personas que sufren las consecuencias de la violencia en Puerto Rico. Además, nos comprometemos a orar continuamente por nuestro país, intercediendo a favor de todos los sectores de la sociedad puertorriqueña.

Exhortamos a todos los sectores sociales del país a unirse a este esfuerzo que busca transformar la sociedad puertorriqueña, en el nombre de Dios. AMÉN.

¿Qué opina usted? Le invito a compartir su opinión, comentando tanto el contenido de esta columna como los comentarios de otros lectores y de otras lectoras.

El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. http://www.drpablojimenez.com

 

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