Ando perdido. Por más que busco, no encuentro dos palabras. Se me han extraviado y cualquier ayuda será más que agradecida... Me explico.
Fue el penúltimo viernes antes de las elecciones. Ese día el aún gobernador se apoyó en lo sacro para intentar pintarnos un Disney caribeño que hoy se revela como una lúgubre realidad, desnudada por un proceso de transición que apenas comienza y amenaza con reconfirmar lo que durante los últimos años no ha sido un secreto: que estamos bien fastidiados. Sí, con j...
Juro que le creí -por un instante, y solo por un instante- cuando Fortuño me juró por dios que siempre le había dicho la verdad al País.
En aquella conversación, el gobernador me aseguró ser un hombre de fe, una persona religiosa, que -aunque no fuese físicamente- iba “a diario a la iglesia”.
Y entonces le pregunté.
Un silencio brevísimo, apenas perceptible y entonces juró... con la salvedad de que siempre le había dicho la verdad al País “a base de lo que conozco”, según la información de sus colaboradores.
¿Acaso una persona al mando de un país no tiene el deber de asegurarse de que quienes están a su alrededor siempre le digan la verdad?
No es descabellado esperar que así sea, que el “líder” se tome la molestia de cuidar que sus colaboradores no le mientan, como ahora parecería que sucedió.
Pero no me hagan mucho caso, quizá desvarío. ¿O no?
Por más que busco, no encuentro esas dos palabras… ¿quién me ayuda?
A ver…
Primero, ¿cómo se le llama a una persona que miente y que sabe que está mintiendo? ¿Cómo es posible que esa palabra me eluda? ¿Alguien la sabe?
Segundo, ¿cómo se le llama a una persona que miente, pero que lo hace sin saber que lo hace, porque es víctima fácil de un engaño que se repite constantemente? ¿Quién me dice?
Perdonen, pero no hay premio por las respuestas, si acaso solo la validación de una certeza.
Qué terrible es que las palabras nos fallen cuando más las necesitamos…

Mario Alegre Barrios, oriundo de la Ciudad de México y residente en Puerto Rico desde 1977. Periodis...


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