No me refiero a usted, que comenta de vez en cuando las columnas que lee en este periódico, en cualquiera de sus plataformas. Este mensaje va dirigido a las personas que se dedican a comentar las noticias y las columnas de opinión con el propósito de avanzar una agenda política.
Por si usted no se había dado cuenta, los partidos políticos tienen personas que, con la intención de avanzar la agenda de su colectividad, dedican horas a comentar las noticias que leen o que escuchan. Algunas responden a los programas radiales, otras a las noticias y otras a los “blogs”. Y lo hacen con la intención de politiquear.
Estos “comentaristas” no son lectores ni oyentes “bona fide”. Por el contrario, forman parte de las estructuras de sus partidos. Tienen jefes políticos que les dan “talking points”, es decir, bosquejos que delimitan lo que deben decir. También les dan listas de palabras, frases o temas a los cuales deban responder. Armados con estas instrucciones, los “comentaristas” responden de manera destemplada, acusando a la gente de cuanta atrocidad puedan.
Esto explica por qué usted lee algunos comentarios extraños en reacción a mis columnas. Es común que usted encuentre un comentario en el que alguien me critica por algo que la columna no menciona. Entonces me acusan de ser de tal o cual partido. Y terminan denigrando mi integridad. Y esto le pasa a todas las personas que escriben columnas de opinión.
Por lo tanto, cuando usted lea una de estas acusaciones extrañas, no le haga mucho caso. Sepa que han sido escritas por “comentaristas” cuya única meta es lograr que su partido gane las próximas elecciones.
Habiendo aclarado esto, les pido con amor a los llamados comentaristas que no pierdan su tiempo conmigo. Yo no creo en el PPD, ni el PNP, ni en el PIP, ni en el PPR, ni en ningún otro partido o movimiento político en Puerto Rico.
No creo en Fortuño, ni en Alejandro ni en ningún otro candidato a puestos electivos en el país. Creo que los problemas de Puerto Rico surgen de su condición colonial y que, por lo tanto, las personas que supuestamente “gobiernan” el país lo hacen con las dos manos atadas a la espalda. Por eso están destinadas a fracasar.
También creo que ninguno de los partidos políticos tradicionales en Puerto Rico tiene el más mínimo deseo de cambiar esta situación colonial, porque su existencia depende precisamente del statu quo. Si mágicamente se resolviera mañana el problema del status, ni el PIP, ni el PNP, ni el PPD tendrían razón de ser.
Yo creo que el futuro de Puerto Rico depende de la capacidad que desarrolle nuestro pueblo para superar sus diferencias. Estoy convencido de que la transformación positiva de la Isla depende de nuestros esfuerzos para desarrollar alianzas ciudadanas, para crear grupos comunitarios y para apoyar el trabajo de las organizaciones no gubernamentales. Si no nos unimos para buscar la transformación del país, nuestras divisiones seguirán abonando la crisis social que estamos sufriendo.
Los partidos políticos pueden entorpecer o facilitar estos esfuerzos ciudadanos y comunitarios. Lo que los políticos no pueden hacer es solucionar los problemas del país a la misma vez que luchan contra todas las personas que no forman parte de sus respectivas colectividades.
¿Qué opina usted? Le invito a compartir su opinión, comentando tanto el contenido de esta columna como los comentarios de otros lectores y de otras lectoras.
El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. http://www.drpablojimenez.com

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