Nuestro título es una hipérbole, esto es, una exageración que tiene propósitos literarios. En este caso, busca llamar la atención a la crisis del libro en Puerto Rico.
El cierre de las megalibrerías es sólo el capítulo más reciente en una penosa historia. La crisis en la producción, importación, distribución y venta de libros en la Isla es antigua. Recuerdo que fue para 1977 cuando escuché las quejas de un librero por primera vez. Y, desde entonces, la situación ha empeorado en este sector de la industria.
Puerto Rico siempre ha tenido librerías de distintos tipos. Aparte de las tiendas que vendían libros sobre diversos temas de interés, existían establecimientos especializados en libros de texto a diversos niveles; centros dedicados a la venta de materiales exclusivos a distintas profesiones y librerías religiosas, tanto católicas como protestantes. Todas subsisten hoy, pero en situaciones precarias.
Las megatiendas y las megalibrerías acentuaron la crisis en el mercado el libro en Puerto Rico. Hace 20 años había buenas librerías de interés general en varios centros comerciales y en sectores de San Juan. Algunos de ustedes recordarán a Thekes, The Bookstore y Bell, Book and Candle, entre otras. Este tipo de librería mediana no pudo competir con las megalibrerías que llegaron a los centros comerciales más grandes del país, por lo que hoy son muy pocas las que subsisten.
En el campo religioso ocurre un fenómeno similar. Las megatiendas venden libros religiosos, mayormente de corte protestante conservador. Como compran tantas unidades, su precio es mucho más bajo que el de la librería religiosa promedio, la cual tiende a ser pequeña. En ocasiones, el precio regular de un "bestseller" en una megatienda es menor al precio de mayorista que la distribuidora le ofrece a una librería religiosa.
Las librerías protestantes sobrevivían vendiendo música religiosa y pistas para que los solistas pudieran cantar himnos en sus iglesias. Empero, hoy usted consigue música religiosa en cualquier tienda de discos y, claro está, en las mismas megatiendas que venden libros religiosos.
El cierre de las megalibrerías ha dejado a los residentes del país con pocas opciones. La oferta de las librerías existentes, que tienden a ser relativamente pequeñas, es muy limitada. Aun librerías conocidas, como La Tertulia, ofrecen pocos libros en inglés. Y no hablemos de la escasez de libros para la niñez.
¿Cómo está lidiando usted con esta situación? En mi caso, mis hijas son buenas lectoras, particularmente la menor. Desde que cerraron las megalibrerías, mi esposa le compra libros por medio del Internet, ya sean nuevos o usados. Pero no es lo mismo adquirir un libro que usted puede examinar antes de comprarlo que ordenar un volumen a base de una foto o de una descripción. Y a esto se une que varios distribuidores consideran a Puerto Rico como un mercado internacional, por lo que cobran una tarifa adicional para enviar los libros o, sencillamente, se niegan a enviarlos. Esto encarece y dificulta el proceso.
¿Nos veremos obligados a comprar lectores de libros electrónicos para acceder a lo más reciente de la literatura? Quizás, aunque no veo esto como una solución a corto plazo. Además del costo de los equipos para leerlos, los libros electrónicos requieren acceso al Internet para comprarlos. Y no podemos olvidar que la selección, aunque cada día es más grande, todavía es limitada, particularmente en español.
¿Se soluciona el problema con la reapertura de las megalibrerías? Sólo en parte, debido a que su modelo económico está destinado a fracasar. Borders quebró y se estima que Barnes & Noble desaparecerá totalmente en unos cinco años. Estos estimados también aplican para las grandes cadenas de librerías religiosas en Estados Unidos, tales como Lifeway.
Creo que la mejor solución sería establecer más bibliotecas que sirvan a la comunidad. Cuando vivíamos en Indiana, nuestra familia visitaba la biblioteca local varias veces al mes. Podíamos pedir prestados libros, películas y música. También podíamos solicitar que la biblioteca comprara un título de nuestro interés. Era normal salir de la biblioteca con 20 ó 30 libros, CD y DVD.
En Puerto Rico las bibliotecas comunitarias son pocas y tienen colecciones pequeñas. Hasta las bibliotecas especializadas restringen el acceso a sus colecciones, sabiendo que reponer un libro perdido es una tarea muy difícil.
Esta es un área en la que las iglesias pueden crear alianzas con las escuelas, las organizaciones comunitarias y los municipios. Si trabajamos unidos, podemos establecer bibliotecas que sirvan a la comunidad, fomentando la lectura y el estudio.
¿Qué opina usted? Le invito a compartir su opinión, comentando tanto el contenido de esta columna como los comentarios de otros lectores y de otras lectoras.
El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. http://www.drpablojimenez.com

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