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1 de febrero de 2013

Una chica poco cultivada

A Emilio lo conozco desde que tengo uso de razón.  Su madre es una de las mejores amigas de mi mamá. Ellas se conocen desde niñas, fueron juntas a la universidad, se matrimoniaron el mismo año e igual se embarazaron para la misma fecha. 

   Así que Emilio y yo, de una gallina las dos patas. No hay foto en la que Lío -así le llamo de cariño- no salga a mi lado. Ya sea vestidos de marineros, de Sal y Pimienta, Lulú y Toby, y hasta de Pinky y Cerebro, en todo... juntitos. No malinterpreten. Amigos, simplemente amigos y nada más.

Desde niño Lío fue un enamorado de la palabra, de la poesía, de la literatura. Me leía poemas de Neruda... “Quiero escribir los versos más tristes esta noche...” salía de su boca con apenas siete años.    Con él descubrí, además de la  poesía, las fábulas de Esopo, las novelas de capa y espada -mis favoritas- Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo, Ivanhoe, Robin Hood...

Con Lío conocí a Jane Austen y con ella a Elizabeth Bennet y a Fitzwilliam Darcy, los enamorados de Pride and Prejudice; los poemas de Becquer; la literatura de Tolstoi. Todo eso en plena adolescencia. Sin duda que mi amor por la lectura se lo debo a mi gran amigo Emilio.

  Casi me deshidrato el día que  agarró sus bártulos y se marchó para Europa a estudiar Teoría del Discurso Literario y Literatura Comparada en la Complutense en Madrid. A nadie tomó de sorpresa. Afortunadamente, a pesar de la distancia nuestra amistad perduró.  

 Lío siempre fue reservado en lo relacionado a romance. Poco conocía de sus idilios. Con él siempre fui un libro abierto, pero él apenas soltaba prenda. 

   Hace unos años regresó a Puerto Rico y anda de novio con  una  “maja”, de lo más guapa, Dorita. Apenas he intercambiado par de palabras con ella, pues curiosamente él no ha buscado esa interacción. Y como él siempre ha sido tan reservado, pues me he mantenido en mi sitio. 

Por eso me sorprendió que  me invitara a cenar la semana pasada. Llegó solo. Y sin pudor  el hombre habló por un tubo y siete llaves de su relación. Se sinceró. Hasta lágrimas brotaron de sus ojos. 

 Nada, que Lío está hasta el tuétano con Dorita, pero la chica no coge un libro ni para matar una mosca. No se cultiva, como diría mi madre. Eso en términos intelectuales, porque siempre anda exacta. Pareciera que no suda. El pelo cien por ciento palito y los vestidos y sandalias más fabu no pueden ser.

“Es un asunto de educación Cara. Esta mujer no tiene temas de conversación”, dijo con un taco en la garganta.  

  Estos dos se conocieron en Nueva York, en el 2008, para los meses de las  primarias  presidenciales del Partido Demócrata.  La chica le robó el corazón con su dulce sonrisa -palabras de él- y unas horas después degustaban un latte macchiato en Starbucks de Times Square.

  Lío no es de hablar boberías. Es un gran conversador. Así que le lanzó a Dorita la gran pregunta: “¿qué te parecen estas elecciones? De seguro harán historia”. Eso pensando en que la chica analizaría que fuera Hillary u Obama quien resultara ganador de la contienda primarista, serían unas elecciones para la historia pues por primera vez en Estados Unidos de ganar el Partido Demócrata -como sucedió- tendría un presidente negro o una mujer presidenta.

Pobre Emilio, Dorita lo miró, le abrió los ojos y con frialdad contestó: “no hablo de política con nadie”. Aunque desilusionado,  continuó el dating. 

Y así, han transcurrido cuatro años. De constantes ‘exabruptos’. Como cuando le dijo al decano de la Universidad donde labora Lío  que su autor favorito “era el tipo que escribió El Quijote”. O cuando confundió a Simone de Beauvoir con Barbara Cartland en una acalorada discusión que Lío sostenía con una colega feminista. Y ni hablar de la ocasión en que queriendo hacerse la más trotamundos, habló de sus viajes por los más de “nueve continentes”. Lío casi muere cuando procedió a enumerarlos a petición de una colega, con la que había sostenido un efímero romance, en obvia señal de venganza.

 Chicas, hay que cultivarse. La queratina estira el cabello, pero no las neuronas. Ciao!

  Escribe a caramia@elnuevodia.com

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