Bordeando la Catedral de San Juan percibió la urgencia.
-Esto es cosa de Dios, soltó Milimari cuando veía a lo lejos el jolgorio en la Calle San Sebastián.
Si Dios se inmiscuía en los avatares de una universitaria que pidió permiso para ir al cine y enfiló para la gran fiesta que sus contemporáneos llaman Sanse, estaba por verse.
-Contrólate, el susto es lo quete tiene así, trató de sacudirle el miedo su amiga Omayra.
-Ay sí mija, ni que fueras una nena chiquita, aportó una señora que, como ellas, se dejaba llevar por la multitud que ascendía la calle como si viajara en una escalera eléctrica.
-Yo no me invento las cosas y te digo que ahora mismo...
Voy subiendo, voy bajando, voy subiendo, voy bajando...
Los pleneros rompieron su coro alrededor de ellas.
-Canta y olvida Mili, convidó Omayra.
Pero su cuerpo no le permitía olvidar que necesitaba un baño con rapidez. Que nada tenía que ver con no haber tomado nada ni con el frío inexistente en la gran fiesta del espacio personal invadido que eran esas fiestas. Era un asunto de conciencia.
Tu vives como yo vivo, yo vivo vacilando, seguía el pleneo.
-Qué te pasa, preguntó Omayra en señas.
-¡Que me estoy orinando!, gritó Milimari justo cuando los pleneros callaron.
La escalera eléctrica imaginaria en la que eran llevados al epicentro del revolú no se detuvo. El deseo de seguir alborotando sí.
-Amiga, ¿tu estás apuraíta?, inquirió el plenero principal.
Omayra quería morir. Milimari prefería desaparecer.
-Pues, en serio que, la verdad es, decía y decía Milimari, que tengo que llegar a los baños. Quizá sí ustedes me abren camino llego más rápido y se me pasa el susto de volver a mi casa antes que alguien suba una foto a Facebook y mi hermano, tan chota siempre, se la enseñe a mis papás y cuando vuelva a casa tenga que pedir perdón por no pedir permiso.
La detallada confesión tocó la oculta fibra compasiva de los músicos devotos del relajo. Le hicieron señas de seguirlos. Milimari agradecía a esos aliados que le abrirían camino a los baños a son de plena.
Santa María libranos de todo mal y ampáranos Señora, de la meona aquí detrás, de la meona aquí detrás.
A Milimari se le quitaron las ganas.

¡Móntateeeee! Grito de guerra, súplica o mandato mañanero; cualquiera de las tres aplica si de descr...


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