Me apuntó con el arma, que sacó desde su carro, cuando le toqué bocina al cambiar la luz. Lo hizo pa' frikiarme. Y lo logró. Debe haber visto mi pasme pues sonrió fríamente al saber que tenía mi vida en sus manos. Tal vez estaba de buen humor ese día pero el tipo aquel “fue tan nice” de no halar el gatillo como si solo buscara darme la lección de que no puedo estar pegando bocinazos en un país plagado de atorrantes violentos y armados.
¿Tuve suerte esa vez? Aquí en Puerto Rico un tiro te puede sorprender en cualquier esquina y se habla de que te matan de puro chiste, aunque no puedo imaginarme algo menos gracioso que morir asesinado. Esta semana nos vuelven a estremecer dos tragedias de hombres jóvenes que cayeron abatidos a tiros en circunstancias insólitas. Terrible. Indignante.
En plenas Fiestas de la Calle San Sebastián, Julio Ramos Oliver, de 32 años, encontró la muerte. Un tropezón. Se derramó un trago. Perdona. Una discusión, ¿Qué pasa, mano? Pum, pum. La violencia tiñó de sangre a la festiva madrugada.

Pocos días después, Steven Cruzado Torres, de 24 años, cayó mortalmente herido en una cancha de baloncesto en San Germán. Era un juego entre amigos. Steven, con una falta personal, impidió que anotara otro jugador, Ricardo Figueroa. El otro protesta. Steven contesta en broma diciéndole llorón. ¡Es sólo un juego! Ricardo, que ahora sabemos tenía expediente delictivo, busca un revólver en su bulto, corre hacia Steven y lo mata de cuatro disparos.
Cada vez que ocurren estas desgracias, nos alarmamos y con razón. Ya no son sólo los asesinatos por el narcotráfico, los crímenes de violencia doméstica, (que no se justifican tampoco, por supuesto) pero hay que añadirles los que ocurren porque sí, por puro vicio, como éstos de Julio y Steven. Es que hay por ahí cada individuo estrésico, intolerante, con peste a siete machos y que quizás tuvo la desgracia de haber sido maltratado en su infancia (como rápido trasciende) pero, míster, ¿qué culpa tiene el resto de la humanidad para ser objeto de su odio irracional?
Lo curioso es que estas muertes tan injustas desatan lo peor de nosotros, lo más violento. Entonces escuchamos las soluciones de que hay que picarlos en cantitos, torturarlos, freirlos en aceite y ¡que venga la pena de muerte!
Autocontrol, mi gente. ¿Seríamos capaces de pegarle un tiro a estos tipos en medio de la ira si tuviéramos un arma? En el fondo ¿podríamos ser tan violentos como ellos? Espero que la mayoría no, caramba. Cualquiera tiene un ataque de rabia pero hay que aprender a controlarse y si el problema es recurrente, mire: busque ayuda profesional. Lo realmente grave es cuando estas personas con problemas de agresividad tienen acceso fácil a un arma. Esto de las armas está al garete y hay que buscar más controles para que estos desquiciados que encontramos en cualquier esquina tengan menos oportunidad de terminar una estúpida discusión a tiros.
En Estados Unidos, el debate de las armas se ha intensificado luego de la matanza de la Escuela Sandy Hook en Newtown, Connecticut, donde murieron 27 personas, entre ellos 20 niños. El presidente Barrack Obama está impulsando algun tipo de restricciones para comprar armas y aquí en la Isla, como planteó el presidente del Senado Eduardo Bhatia, deberíamos volver a discutir el asunto.
Más allá de eso, pienso que hay labor social que hacer en las comunidades y entre familiares de personas violentas y armadas. Los familiares y amigos de personas violentas armadas también deben denunciarlos si saben que cometieron algún delito pues esas conductas no deben quedar impunes. Ayer el asesino de Steven se entregó tras conversaciones de las autoridades con su familia. Ojalá quienes conozcan al asesino de Julio Ramos lo convenzan de entregarse también.
Yo había tirado la toalla dando por perdidos a estos tipos violentos al pensar que no se puede razonar con ellos. Pero entonces escuché lo que pudo hacer un vecino del enorme residencial Luis Lloréns Torres, que por épocas ha sido tierra de nadie ante tantos incidentes violentos.
Misael Ayala, el barbero de Llorens, decidió recortar la violencia y los asesinatos en su residencial. Así que propuso a todos, empezando con los narcos de los puntos de droga, lo impensable: una tregua. Paz en vez de lluvia de plomo. Como se contempla un nuevo look, un cambio de imagen, los vecinos se miraron en el espejo de la otra vida posible que les ofreció el barbero. Y a todos les encantó lo que vieron.
Niños que salieron a jugar en vez de estar encerrados. La gente pudo caminar de un extremo a otro de Llorens sin temor a que les pegaran un tiro. Los gatilleros bajaron las armas y hasta se abrazaron cacos de las bandas rivales de Los 20 y Calle 4 . Los maestros iniciaron las clases entusiasmados por la alegría de los niños y de sus padres. Ya planificaban pintar en la escuela un mural con la palabra Paz y luego hubo un concierto destacando la promesa de un nuevo futuro para esta comunidad.
Esta tregua en realidad no es la paz, ha admitido el mismo Misael, quien tuvo de nene la trágica experiencia ver morir a su papá frente a él y tiene como preocupación principal la vida de su hijo, así como el de todos los pequeños de Llorens. Esta tregua es frágil, pues allí hay probablemente miles de armas que en algún momento podrían volver a activarse en una nueva discusión por el control de un punto de drogas.
Aún así, la gesta de Misael es heroica pues a fin de cuentas llevan semanas sin disparos. Él ha logrado lo que ningún gobernante, funcionario, trabajador social o policía podría lograr, primero porque es políticamente incorrecto negociar con narcos y segundo porque pudo como vecino de Llorens llegar al corazón de gente que, guste o no, es parte de su comunidad. La paz verdadera llegaría a Llorens cuando no dependa del permiso de quienes operan los puntos de droga. Y para eso falta mucho trabajo por hacer. Eso es una labor de comunidad.
Tal vez es ese trabajo comunitario, en sectores pobres, en urbanizaciones de clase media o exclusivos vecindarios lo que puede ser clave para pactos sociales, para ayudar a cambiar la conducta de individuos peligrosos o violentos de esas comunidades y a lograr una mejor convivencia en nuestra Isla. Ya hay tregua en Lloréns ¿qué habría que hacer para lograr una tregua en Puerto Rico?
Si quieres comunicarte con Nelson Gabriel Berríos puedes escribirle a nelson.berrios@gfrmedia.com

Nelson Gabriel Berríos es un veterano periodista ponceño que labora como Editor de la Edición Domini...


| Páginas: 1 2 3 |


El horror nos sacudió a todos. Parecía el sádico argumento de una película de terror de bajo presupuesto pero resultó real la espeluznante historia de un monstruo oculto bajo la imagen de un inocente salsero boricua que mantuvo cautivas como esclavas sexuales a tres jovencitas por toda una décad...
Se nos fue David Noriega, y lo podemos lamentar conmovidos azules, rojos, verdes, y todos quienes amen a Puerto Rico con el inmenso corazón patriótico que él lo amó. Si hubiera más puertorriqueños como David Noriega, capaces de trascender sus ideales para buscar el bienestar del pueblo, otra se...
Hay que rescatar a la Universidad de Puerto Rico. Es urgente salvarla para los estudiantes y para el futuro de este país. Se impone liberarla del pillaje, de la incompetencia, de los escándalos, de la mala administración de quienes sólo la veían como el botín de becas y fondos federales que hay q...
La “medicina amarga”, algo que se temía como un deja vu del pasado cuatrienio, esta vez no fue parte del mensaje. El gobernador Alejandro García Padilla, por el contrario, anunció una baja en el IVU, aumentos salariales a empleados públicos, duplicar el presupuesto de la policía, inversión ...
Hay días en que el terror abate al alma y surgen tantas preguntas sin respuesta. Tal vez nunca olvidemos las sangrientas imágenes, las piernas mutiladas, los rostros de pánico de las víctimas de los bombazos del Maratón de Boston que este lunes trastocó el festivo evento en un caótico escenario ...
| Páginas: 1 |
