Una de las experiencias más devastadoras para un adulto es ser despedido de su trabajo. No solo porque significa una inestabilidad económica inmediata, sino porque provoca un efecto sicológico difícil de sobrellevar.
Es como volver al colegio y ser castigado por el maestro con una expulsión y una nota citatoria para los padres. Pero en este caso se trata de una persona hecha y derecha. Y muchas no saben como lidiar con este tema. Afloran todo tipo de inseguridades y cuestionamientos. ¿Será que no sirvo para lo que estoy haciendo? ¿Por qué a mí y no al del al lado que falta tanto o trabaja menos que yo? ¿Estaré demasiado viejo?
Ciertamente que con la recesión que se vive en la Isla, este debe ser el escenario de muchos puertorriqueños o bien que encararán en los próximos meses debido al anuncio de cierre de algunas plantas en el sector farmacéutico.
Según estadísticas oficiales, actualmente la tasa de desempleo en la Isla es de un 11%, equivalente a unos 149,000 trabajadores. Dicha cifra es extremadamente alta comparada con Estados Unidos y Japón, con 4.7% y 4%, respectivamente. El promedio en la Eurozona es de 7.2%, cifra considerablemente más baja que hace 10 años cuando casi todos los países europeos tenían cifras de dos dígitos.
Pero veamos a los que están realmente bien. Corea y Hong Kong apenas sobrepasan el 3%. Suiza se mantiene sólida con un 2.7% y la envidia de todos, Singapur, con apenas 1.7%.
Sólo para que no quede un sabor amargo, registremos el caso de un país que está peor que nosotros: Sudáfrica, con un 25.5%.
Sí, son tiempos difíciles, y en momentos como estos se requieren soluciones drásticas. Porque si uno lo quiere, le puede dar un giro positivo a esta adversidad. Es lo que contamos en la historia de portada de esta semana. Varios trabajadores de la farmacéutica Pfizer, que cerrará sus operaciones en la Isla en el curso de este año, decidieron tomar el toro por las astas y llegar preparados al momento en que los cesanteen.
Son historias ejemplares que deben servir de inspiración para todos los que han pasado o creen que puedan vivir esa misma experiencia.
La solución es muy simple: tener un plan B. Vale decir, es comenzar a pensar desde ahora qué hacer para cuando ese momento llegue. Eso implica, primero, mucha disciplina y ahorro. Reducir al máximo los gastos y comenzar a vivir con lo mínimo.
Luego hay que pensar qué oportunidades existen en el mercado y que están esperando para ser explotadas. En todos los casos que revisamos, la mayoría de los entrevistados realizaron un trabajo de investigación, vieron un nicho atractivo y con potencialidad de desarrollo y se dijeron a sí mismos ¿por qué no? Lo importante es no temerle a los desafíos y atreverse a convertirse en empresario.
Tal vez el mayor obstáculo sea conseguir el financiamiento. Bueno, es por eso que lo primero que hay que hacer es economía de guerra y ahorrar lo más posible. Además, cuando se despide a alguien la empresa suele entregar un monto de dinero por los años de servicio que puede servir de capital inicial.
También está la posibilidad de recurrir a los programas que tiene el Gobierno, como “Una llave para tu negocio”. Este programa creado por el Banco de Desarrollo Económico entrega el 100% de financiamiento para negocios pequeños o expansiones de negocios ya existentes por un monto máximo de $50,000.
Junto con eso está “La Llave Agroempresarial” que entrega hasta $100,000 para financiar la introducción de nuevas tecnologías en la agricultura.
Esta claro que no todo está perdido. Ahora depende de usted.
