Nha Trang - Si Ingrid Rivera llevaba maletas para la competencia de Miss Universe no quieran ustedes ver lo que era el equipaje de Carlos Alberto y Magali Febles el viernes cuando salieron de San Juan con destino a Vietnam. El saldo era cuatro cada uno, pero al doble, más un par de bultos de mano. Lo que contenían era el secreto mejor guardado: el vestido del jurado, competencia preliminar y la gran final, y un arsenal de elementos del diseñador como tijeras y hasta una máquina de coser portátil con la que comenzará a hacer los ajustes desde hoy.
A esta reportera que iba con la delegación puertorriqueña en la larga travesía de dos días casi se le rompe el cogote tratando de ver los vestidos, pero estaban muy bien envueltos en bolsas blancas.
Hubo un momento que casi lo logro, cuando un agente de China Airlines en Nueva York le indicó al “diseñador de las reinas” que iba a tener que enviar la maleta que le acompañaba porque era muy grande.
“Ni loco suelto esta maleta”, respondió Carlos Alberto aferrándose al bulto.
“Dile que es el vestido de Miss China”, sugería Kenneth Shames, el hijo menor de Magali, que nos acompañaba.
Mientras, Magali tomaba acción y sacaba un licor que llevaba de regalo y las distribuía en los bultos de mano. En esa ocasión no fue necesario enviarlo por carga pero una vez llegamos a Taiwán, sí. Sin embargo, el traje fue llevado en brazos el resto del trayecto.
En esa fila de pasajeros, de mayoría asiática, con los que haríamos una parada en Alaska y cruzaríamos la barrera del tiempo, era interminable, no sólo por la mucha gente sino por las enormes cajas y maletas que cargaban.
¿Será que esta gente está volviendo a su país?, preguntaba Magali.
Eran unas 700 personas que tomaríamos el avión de dos pisos modelo B747-400, algo impresionante.
Así quedó la estilista cuando lo vio de afuera antes de montarse. En ese momento se apoderó de ella el pánico a los aviones que también padece su compatriota, Charytín Goyco.
No hizo más que tomar asiento y sacó el rosario dorado que le había regalado su amiga Sister Irene, y a rezar se ha dicho, con la mala suerte que durante el trayecto de Nueva York a Alaska la nave se movió más que una batidora.
Del tiro Magali se paró y caminaba por el avión dando tumbos por los asientos mientras intentábamos calmarla. Pocas fueron las veces en que pudo pegar un ojo durante el viaje, contando las horas para llegar a una de las cuatro paradas que hicimos antes de llegar a nuestro destino final.
Para entonces ella se había leído el libro “El secreto” que le presté y comenzó a sacar deducciones “a mi me pasan las cosas porque tengo una mente fuerte y las atraigo. Ahora voy a poner en práctica lo que dice el libro y me van a venir muchas cosas buenas”, se trataba de convencer.
Más adelante, Magali bromeaba sobre un pensamiento que había puesto en práctica, el tener mucho dinero “y cuando cambié $150.00 en dinero vietnamita me dieron como 3 millones, ves que rápido se cumplen las cosas que uno pide”.
Finalmente, llegamos a Saigón, sólo nos quedaba una parada más para llegar a Nha Trang. Ahí descubrí que mi única maleta no había llegado y que se quedó en algún punto en el cruce de la barrera del tiempo. La frustración se apoderó de mí. Me quedé con lo que llevaba puesto y no muy elegante por cierto para las actividades que tendré que cubrir en estas casi dos semanas que tengo por cubrir.
No obstante, un masaje de hombros y pies de 45 minutos en un spa del aeropuerto de Ho Chi Ming, acompañado por un té de jengibre, calmó la histeria de todos. Muy pronto nos encontramos Magali, Carlos Alberto, su asistente Luis López y yo caídos de medio lado en el avión con los ojos medios cerrados que me acordó a mi perro “Diego Maradona”, después de un baño de tarde.
Por fin pisamos suelo de Miss Universo, los enormes carteles con la foto de Riyo Mori nos anunciaban lo que ahí estaba aconteciendo.
Pero cual sería nuestra sorpresa que al bajar las escaleras del avión nos esperaba el grupo de la televisión pública de Japón filmando la llegada de Magali para el programa que habían iniciado en Puerto Rico el pasado mes, y que la siguió durante horas grabando hasta su respiración.
Cuando ella se percató que la estaban grabando, se viró hacia nosotros que veníamos bajando tras ella, se colocó las grades gafas negras, y dio un giro estratégico hacía la cámara para ofrecer un saludo de medía muñeca, muy al estilo de reina de belleza.

Siempre quise ser veterinaria, al igual que mi bisabuelo nacido en Islas Canarias. Además, el amor p...


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