José A. Delgado
05-Nov-2008

Una noche histórica

Las imágenes hablaban por sí mismas.

Afroamericanos que no podían contener la emoción al conocer que Barack Obama acababa de ser elegido presidente de Estados Unidos.

Personas de todos los colores que reconocían, desde diversas partes de Estados Unidos, el momento histórico de la jornada electoral del 4 de noviembre de 2008: la elección del primer afroamericano que se convertirá, en enero, en el inquilino oficial de la Casa Blanca.

Barack Hussein Obama, de 47 años, hijo de un hombre negro de Kenia y una mujer blanca de Kansas, había sido elegido el presidente 44 de Estados Unidos.

“Si alguien que aún pueda dudar de que Estados Unidos es el lugar en que todas las cosas son posibles; que aún se debate si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo; que aún se cuestiona el poder de nuestra democracia, esta noche tienen la respuesta”, fueron las primeras palabras del presidente electo de Estados Unidos.

Obama, como proyectaban las encuestas, le dio una barrida anoche a John McCain y a los republicanos. Ganó por lo menos 338 votos del colegio electoral estadounidense. Necesitaba 270 y superó ese número mágico cómodamente.

Su victoria – que generó una ola que ayudó a los demócratas a aumentar sus mayorías en la Cámara baja y el Senado federal-, pareció una realidad tan pronto se le dio como vencedor en Ohio. Ningún republicano ha alcanzado la Casa Blanca sin ganar Ohio. Y el republicano John McCain confirmó la regla.

Después de Ohio cayeron otros bastiones republicanos, como Virginia. Desde 1964 ningún candidato presidencial demócrata ganaba Virginia. También triunfó en el complicado estado de Florida, uno de los mayores retos de su campaña.

“Nunca olvidaré a quien le pertenece verdaderamente esta victoria- les pertenece a ustedes”, sostuvo Obama,  frente a una multitud de decenas de miles de personas, en el Grant Park de Chicago.

Obama invitó a los que no votaron por él a apoyarle como presidente. “A aquellos estadounidenses cuyo apoyo aún necesito ganar: puedo no haber ganado sus votos, pero escuché sus voces. Necesito su ayuda y también seré el Presidente de ustedes”, indicó.

Y destacó el momento histórico que representa para Estados Unidos el haber votado por un afroamericano. “Nunca fui el candidato más probable de alcanzar este puesto”, sostuvo.

Pero, su discurso, sobre todo, lo dio con sobriedad. Ni siquiera cuando le anunció a sus hijas que podrán tener un nuevo perrito cuando lleguen a la Casa Blanca se vio la sonrisa que le caracterizó en sus momentos de mayor triunfo durante su campaña presidencial.

Quizá estaba exhortando a su pueblo a mirar con atención los retos a que se enfrenta desde hoy: una economía en crisis, una guerra en Irak en la que nunca creyó y de la que ha prometido retirar las tropas de ocupación de Estados Unidos.

Pero, parecía más afectado que nunca por la ausencia de su abuela materna, fallecida el lunes en la víspera de la elección.

“Aunque no está más con nosotros - dijo-, sé que mi abuela está contemplando este momento, junto a mi familia que me hizo quien soy. Los extraño esta noche y mi deuda con ellos es inmensurable”.

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