Antolín Maldonado-Jaime Torres
20-Nov-2008

Un camino seguro

 Por Antolín Maldonado Ríos

 Un grupo de excursionistas que se aprestaba una mañana emprender camino para explorar un espeso bosque, olvidó leer las reglas enfocado en la aventura que le esperaba adelante.

 Sin preámbulos, ni el líder ni ninguno de sus seguidores tomaron la precaución de leer las advertencias del bosque y emprendieron camino.

 Pronto, sobreconfiados y buscando una aventura mayor, los miembros de ese grupo retaron la espesura del bosque y se desviaron de la vereda principal, una de las advertencias que hacía aquel letrero grande a la entrada del bosque.

 Desconocían que fuera de la vereda, habían peligros como precipicios, animales salvajes y plantas venenosas. En fin, una cantidad de peligros que se agravaban por el hecho de estar en un bosque tan lejano de la civilización y de tanta vegetación.

 En efecto, pagaron las consecuencias. Varios de los miembros se perdieron y fueron víctimas de los peligros del bosque. Gran parte del grupo murió porque pasaron días sin que pudieran ser encontrados. Solo los que pudieron regresar a la vereda, con mucho esfuerzo, heridos algunos, pudieron salvarse y aprender la lección.

 En cambio, una pequeña familia que tomó las precauciones de leer las reglas, y que encima procuró llevar las provisiones necesarias, caminó por el mismo bosque peligroso en que algunos murieron, pero ni siquiera sufrieron un rasguño porque se mantuvieron el camino, que ya había sido preparado de antemano precisamente para los caminantes y exploradores.

 En el camino principal los caminantes podían encontrar árboles frutales, pequeños oasis para hidratarse y varios letreros a lo largo de la ruta indicando al explorador si iba bien en su recorrido o qué pasos debía tomar.

 También habían varios puntos donde guarecerse en caso de una tormenta u otros eventos de la naturaleza que pudieran amenazar su seguridad.

 En fin, esa familia que mantuvo su ruta dentro del camino, terminó ayudando a algunos miembros del primer grupo que después del trauma de perderse, encontraron el camino. Y aunque en efecto hubo mucha lluvia por el paso de una tormenta repentina, la familia pudo sobrevivir por mantenerse en el camino.

 Eso es precisamente lo que ocurre con el que opta por seguir el camino de Jesucristo, y el que no.

 La Palabra presenta precisamente el pasaje en Juan 14:6 cuando Jesús le habló a sus discípulos y les dijo, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”.

 No hay otro camino que nos conduzca al Padre como lo enfatizó a sus discípulos Jesús, quien en la misma conversación le repitió varias veces, utilizando otras palabras, que Él era el camino a Dios. Primero en el versículo 4 les dice: “Y sabéis a dónde voy,  y sabéis el camino”.

 En el verso 7 les advierte, “Si me conocieseis,  también a mi Padre conoceríais;  y desde ahora le conocéis,  y le habéis visto”.

 Felipe le insistió aún así y le pidió a Jesús: “muéstranos el Padre,  y nos basta”. Jesús le respondió “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros,  y no me has conocido,  Felipe?  El que me ha visto a mí,  ha visto al Padre;  ¿cómo,  pues,  dices tú:  Muéstranos el Padre?”.

 Hoy día ocurre lo mismo. Incluso muchos alegan conocer a Dios, pero niegan que Jesús es el Hijo de Dios, o que Jesús haya muerto por nosotros. Otros niegan que resucitó al tercer día. Unos reconocen a Jesús, pero piensan que también hay otros caminos y otras alternativas.

 1Jn 2:22 dice: “¿Quién es el mentiroso,  sino el que niega que Jesús es el Cristo?  Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo”.

 Los que así piensan, son como esos del bosque que les hablé al principio, que por no seguir las instrucciones (la Palabra de Dios) a la entrada del bosque ni las que estaban durante el recorrido, no sabían que el camino principal era el único seguro y que salirse del mismo le traería problemas, incluso la muerte.

 Hay quienes saben los riesgos, pero de igual manera optan por no seguir la Palabra de Dios creyéndose más grandes que Él.

 Otros más humildes, a pesar de equivocarse y salirse del camino, responden agradecidos cuando se reencuentran con la vereda; y para esos hay salvación. Esa es una buena noticia.

 Jn 2:23 añade: “Todo aquel que niega al Hijo,  tampoco tiene al Padre.  El que confiesa al Hijo,  tiene también al Padre”.

 Jesús es ese camino que se presenta en el bosque. Es la verdad que estaba contenida en esos letreros a la entrada y por el camino, y es la vida que obtenemos no solo cuando lo recibimos y aceptamos para seguir adelante nuestro caminar, sino también la vida eterna que nos espera. Esa es otra buena noticia.

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sobre el autor

Antolín Maldonado-Jaime Torres

 Antolín Maldonado

Posee un Bachillerato en Artes con concentración en Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico...

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