Lupe Vázquez
19-Ene-2009

¿Quién quiere ser Michelle Obama?

Imagina que la atención del mundo está hoy sobre tí. De qué color te vistes, cómo te peinas. Si sabes caminar y llevar lo que te pones, si el calzado que usas va con el vestido.

Tus accesorios, ¿son muchos o pocos? ¿Joyas o bisutería? ¿Te sienta el labial? ¿Repites la ropa? ¿Vistes muy seria o muy atrevida? ¿Demasiado juvenil o algo anticuada?

Imagínate que todo esto te lo pregunten día tras día tras día. Que cada vez que salgas de tu casa, una cámara te retrate como estés. Y que tu foto la envíen a todas partes del mundo para ser evaluada, criticada o elogiada. Cada día se vuelve un jucio a tu estilo personal.

Imagina que atrás quedaron los días en que podías salir un momento al colmado, ponerte unas gafas, recogerte el pelo, con mahones, sandalias y t-shirt. Sin nada de maquillaje, como todo el mundo. Que de pronto te invitan a muchos eventos de gala y debes sentar pauta con tu vestimenta en cada uno de ellos. De pronto te vistes cada día para que te fotografíen.

 

Todos se van a acordar de cada vestido, cada chaqueta y cada collar de perlas que uses. Te llevarán la cuenta y te la recordarán. Evaluarán las tiendas en las que compras, los colores que usas, el estililsta que te recorta el cabello y hasta el perfume que sueles usar - si se enteran de cuál es. Tus amigos o los que son seguidores de tu estilo, te adorarán. Tus menos amigos, te criticarán.

Parece un censo implacable de moda y justo eso es lo que desde hace unos meses se ha visto expuesta Michelle Obama, la Primera Dama de Estados Unidos. Lo que le espera no es diferente, sino más incisivo y más intenso, tal vez.

Desde que dejó de ser Michelle Robinson Obama, la abogada de Washington para convertirse en Michelle Obama, la Primera Dama de Estados Unidos, la forma en que se proyecta esta elegante mujer ha dejado de ser algo privado.

Esa posición le ha dado a las damas que les ha tocado asumir ese cargo un protagonismo que tiene doble cara. La fascinación de los medios por las celebridades es casi mundial. Y al convertir en celebridades a las figuras públicas de un país se les otorga la carga de exponerse a que se les evalúe por lo que llevan puesto.

Las mujeres (y los hombres) en esas posiciones privilegiadas necesitan mucho temple para no permitir que el cedazo por el que tienen que pasar cada vez que hacen una aparición pública les afecte. Michelle Obama ha sido muy aplaudida en su estilo personal y hoy sus fanáticos (que ya los tiene!) se sentarán a mirar lo que lleva puesto el día que su esposo, Barack Obama es juramentado Presidente de Estados Unidos.

Es una oportunidad atesorada y enviada por muchos, pero que como todo en la vida, tiene un costo.

Si continúa como ha debutado en la vida pública, no es difícil suponer que la fascinación por las marcas que usa, los diseñadores que la visten y los accesorios que usa seguirá. Y posiblemente sabrá definir su estilo, como hasta ahora lo ha hecho, sin que la ciegue fama que le ganó, entre otras cosas, vestir de Narciso Rodríguez el día que su esposo ganó las elecciones.

Con su resumé como egresada de Princeton y Harvard y como abogada en Washington, algunos pensarán que lo que lleva puesto es insignificante. En el mundo de las figuras públicas esto ya no lo les y ella debe saberlo.

Sentémonos a ver su estilo desfilar. Por la juramentación y el resto de las celebraciones.

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