Por cada cadena infame que amarró sin piedad las manos y los pies de cada esclavo que pisó la faz de este planeta injusto y desigual, cataratas de lágrimas redentoras caerán de los ojos de los hijos de los pueblos, este martes 20 de enero de 2009, cuando Barack Obama sobrevuele el cielo de la libertad, como un halcón humilde, en un vuelo indetenible, que hará sonar en las tierras lejanas y cercanas, el batir de las alas de la esperanza, contra el viento que se opone al paso del ave decidida.
Por cada paso que dé ese hombre en favor de un ser humano que necesite una voz que hable por él o ella, un cálamo que escriba unas letras que esa persona no sabe componer, una página nueva, dorada y atiborrada de esperanza se escribirá en el libro de la vida de los que tenemos el derecho a llamarnos gente.
En cada madero de cada buque tragado por las aguas que dejaron deslizar sobre su superficie montones de negros entristecidos por el alejamiento involuntario de sus seres amados y de su tierra, saldrán a flote clavos que anuncien como campanas gozosas el triunfo de la raza humana, sobre la ausencia de misericordia. Porque el color del alma es lo que importa, el de la piel no viene al caso cuando se sopesa la valía humana.
Por cada lecho y por cada cada pastizal manchado de manera inmoral con la sangre, las lágrimas y el horror de la violación de niñas y mujeres puras que merecían disfrutar de su inocencia y dignidad, se retorcerá el recuerdo indecente de los que perpetraron aquellas aberradas acciones imperdonables.
Por cada latigazo, por cada puño, por cada humillación, por cada grito y burla inhumana salida de la prepotencia de los dueños de los esclavos, la presencia del Presidente Negro servirá como ajustador de cuentas que irá a la historia en un retroceso justiciero que habrá de reparar, al menos a nivel de ideas y de reverencia, las angustias inmisericordes de quienes “cometieron el pecado” involuntario de nacer negro y por consiguiente objeto del trato antojado de los claros de piel.
Por cada canción que ahogó gemidos, por cada dolor de hambre sufrido por todos los esc;lavos que han pisado la faz de esta tierra habrá un desvelo del Presidente Negro que retumbe en las conciencias de los que siendo blancos, amarillos, negros, marrones o del color que sea nos sentimos harina de un mismo costal, arena de una misma playa, eslabón de una misma cadena rota y vuelta a romper.
Quiso la vida misma que el corazón del Presidente bombeara sangre de blanca y sangre de negro, fundida, diluída, mezclada, cohabitada, vecina, entrelazada, para que los que no ven, vean que la sangre es roja, la de libres y la de esclavos, igual que la de las bestias humanas que esclavizaron a otros, como si la palidez de su epitelio les hiciera superior ante los ojos de la vida.
Ya no habrá más Holocaustos modernos, no mientras en la mente del Presidente Negro corran en primera fila, los ricos, los pobres, los bellos, ,los feos, los letrados, los ignorantes, los que que ven y los ciegos, los que creen en una cosa y los que creen en otra distinta, es decir, mientras haya palpitaciones en el corazón de ese hombre, habrá esperanza de que amigos y enemigos cenen en la mesa de la concordia y de la reconcialiación, la mesa que El Creador construyó con sus propias manos.
No es que sea un redentor el Presidente Negro, es tan humano como tú y yo, comete errores al igual que los demás y nosotros, sólo lo diferencia de los enanos de pensamiento que su espíritu no conoce prejuicios, que su energía está comprometida con las causas justas de la humanidad y que no habrá jamás, en la mente de ese Presidente Negro conspiraciones ni componendas escondidas, lo sé, aunque no lo conozco, lo sé por que se le nota de lejos que mira al cielo con las manos abiertas en señal de petición, lo sé porque lleva detrás de su conciencia las palabras de Martin Luther King.
Los juglares de antaño no lo hubieran creído posible, mucho menos los Zares, ni los Faquires, ni los Sultanes, ni los lacayos, ni las patricias, ni los dictadores, ni los humanistas libres, ni lo idealistas ateos, ni los creyentes atrevidos, ni los avergonzados, mucho menos los negros y los esclavos.
La historia comienza a escribirse de nuevo, gracias al President Negro…que Dios lo ilumine, que tú y yo le apoyemos y que los que abrigan ideas distintas a su político concepto, se atrevan a desmontarse del carruaje que controla las direcciones y los movimientos de las voluntades y le ofrezcan sus manos y ayuda para librar este lugar que habitamos de la ignominia, del hambre y de los encierros. Con amor Dr. Cintrón Opio, contáctame en angelcintron@yahoo.com

El doctor Cintrón Opio es un educador en el área de la cognición. Realizó estudios en varias univers...


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