Recientemente escuché un debate por la radio donde líderes religiosos se pronunciaban a favor de la implantación de la pena de muerte. Aprovechando esa coyuntura, yo también deseo expresar mi opinión: Creo que debemos abolir la pena de muerte en Puerto Rico.
Ya sé, usted debe estar pensando que estoy equivocado, pues en Puerto Rico las cortes insulares no condenan a muerte a los reos culpables de delitos capitales. Sin embargo, hay que estar ciego para no ver que en las calles de nuestro país impera la pena de muerte.
La pena de muerte se implantó extraoficialmente en las calles boricuas a mediados la década del 1980, cuando los vendedores de drogas ilegales comenzaron a asesinar a los usuarios que tomaban las drogas a crédito y no las pagaban a tiempo.
Del mismo modo, se impuso la pena de muerte en las guerras por el control de los "puntos" de droga en Puerto Rico. Los asesinos o "gatilleros" de una pandilla persiguen, atacan y hasta asesinan a quienes forman parte de pandillas rivales.
Añada a esto el número de hombres que, en contra toda lógica, creen que tienen el derecho de asesinar a sus parejas, a sus exparejas, a los nuevos compañeros de sus exparejas y hasta a sus hijos e hijas.
En gran parte, estos fenómenos explican el aumento en el número de asesinatos en Puerto Rico. Si analizamos las estadísticas disponibles desde el 1985, encontramos que solo en el 1989 el número de asesinatos no sobrepasó las 500 víctimas (467). Empero, en el 1993 murieron 954 personas asesinadas y en el 1994 la cifra llegó a 995. Si restringimos el análisis al nuevo siglo, encontramos que desde el 2001 la cifra de asesinatos ha sobrepasado las 700 víctimas anuales, llegando a 807 en el 2008.
Las estadísticas son aún más espeluznantes cuando contrastamos el número de asesinatos con el número de habitantes de nuestra Isla. Desde el 2001, la tasa de asesinatos por cada 100,000 sobrepasado las 18 personas, llegando a 20 en 3 ocasiones. Entiendo que sólo países en guerra civil o en lucha con guerrillas insurgentes alcanzan porcentajes comparables a los que sufre Puerto Rico.
¿Cómo abolir esta pena de muerte extraoficial que se ha implantado en nuestras calles y vecindarios? Creo que las alternativas son pocas. Necesitamos unirnos para recalcar la importancia de los valores. Nuestra niñez necesita aprender el valor de la vida, del respeto mutuo y del amor al prójimo. Nuestra juventud necesita aprender a rechazar el egoísmo que nos mantiene callados ante la injusticia. Nuestra comunidad necesita rechazar las actitudes individualistas que nos llevan a pensar que la violencia es problema de los demás.
Las comunidades religiosas también tienen un rol importante que jugar en este proceso educativo. Si en verdad creen en un Dios creador, deben afirmar la santidad de la vida y hacer aportes a la sociedad que promuevan la salud mental de nuestro pueblo.
Quiera Dios que, en vez de pensar en como matar más gente, quienes hablan a nombre de la Iglesia dediquen su tiempo a promover la justicia y la paz en nuestra tierra.
¿Qué opina usted? Le invito a ofrecer su opinión, comentando este blog y haciendo un frente amplio para hablar de valores.
El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado. Puede ver sus vídeos educativos en el canal titulado "drpablojimenez" en youtube.com y en godtube.com.

El Dr. Pablo A. Jiménez Rojas es un ministro ordenado de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo)...


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