El paquete de estímulo de Obama, que al cierre de esta edición se había aprobado por la Cámara de Representantes federal y que aguardaba la aprobación del Senado, sin duda representará una inyección positiva para la economía boricua.
Pero el camino hacia la restauración económica será uno largo y doloroso. El paquete federal, que según la última cifra desde Washington, inyectará $787,200 millones para invertir en infraestructura, educación y créditos contributivos, entre otros, no será una solución inmediata.
La distribución de esos fondos vendrá en dos fases durante los próximos dos años. En Estados Unidos, la reactivación de la economía en el aspecto de infraestructura se espera que inicie a final de año.
Mientras, Josh Bivens, miembro del Economic Policy Institute, grupo de investigaciones con sede en Washington, sostiene que “la esperanza” con el estímulo es que Estados Unidos “deje de perder empleos” a finales de este año.
En Puerto Rico, con la Junta de Planificación pronosticando un decrecimiento en la economía de 3.4% para este año, el panorama tampoco pinta bien.
Así las cosas, aunque la inyección federal ciertamente ofrecerá un alivio -con más de $5,000 millones entrando a la economía y $655 millones de ellos para subsanar el déficit de Educación- Puerto Rico tiene que luchar de manera endógena por reactivar su propia economía.
Y eso incluye buscar maneras de crear oportunidades de empleo, facilitarle la forma de hacer negocio al empresario local -que es el que queda aun cuando las multinacionales nos abandonan- así como asegurar que los evasores contributivos paguen.
En esta edición la periodista Marian Díaz indaga sobre maneras de cómo Puerto Rico podría encaminar esa reactivación.
Hay un cantera de ideas en la Isla que podrían surtir efecto. En mi opinión, sólo falta la voluntad para ejecutarlas.
Puerto Rico también debe buscar la manera de liberarle la carga contributiva a la clase asalariada, de forma tal que los trabajadores puedan tener mayores ingresos disponibles para reinvertir en la economía.
La administración de Luis Fortuño, anunció la semana pasada recortes en tarjetas de crédito, autos y otros gastos en la Rama Ejecutiva. Pero aún no hay datos claros de cómo lo harán ni cuánto se ahorrarán. Recomendación al Ejecutivo: no dejen que ese anuncio de los recortes se quede en el aire ni pase a la historia como una acción que nunca se materializó.
Al mismo tiempo, invito a nuestra Legislatura -que según el servicio Inteligenciapr.com, del 2 al 30 de enero habían radicado 1,901 medidas- que cree y radique una medida más, dirigida a autoimponerse recortes en sus gastos. Y tal vez para esto no se requiere legislación. Más bien voluntad.
Puerto Rico no está para lujos. El país está en crisis y da vergüenza que mientras la tasa de desempleo supera el 13% y cada vez son menos las oportunidades de empleo, nuestros servidores públicos se sigan “ajustando” sus salarios. Son precisamente los “servidores públicos” los primeros que deben dar el ejemplo.
De no hacerlo, serán más y más los impuestos que nos tendrán que imponer a la clase trabajadora, para poder compensar el indignante déficit que nos ahoga y para evitar esa degradación del crédito de Puerto Rico que nos acecha.
