El ser humano vive cometiendo errores constantemente, porque no es perfecto. En la medida que la persona es humilde y lo reconoce, puede entonces aprender de esos errores para mejorar y cambiar.
Hay quienes por su orgullo, no reconocen que no son perfectos, y por lo tanto, ese orgullo no les deja ver que eso que piensan que está bien, en realidad es algo que tienen que modificar en su conducta.
El orgullo no simplemente es creerse mejor que otra persona, o creerse más importante que los demás. No solo es alardear de que somos esto o aquello. No solo es presumir ante los demás.
Orgullo es cuando no reconocemos que también cometemos errores. Cuando pensamos que no nos equivocamos; cuando en base a las experiencias vividas y los éxitos pasados, no cabe en nuestra mente que podamos estar fallando en un área, porque estamos convencidos de que eso no puede sucedernos a nosotros.
Mucho ojo.
El ser humano ha estado, por culpa de ese mismo orgullo, empeñado en vivir alejado de Dios, y ese fue el mismo pecado con el que fue tentado Adán. Creer que podía decidir por sí solo.
Para el mundo, vivir sometido a la voluntad de Dios, es sinónimo de una bajeza, de humillación. Pero la humillación a la que Dios nos llama no es una para menospreciarnos o hacernos menos, sino un acto de reconocer que como Creador nuestro, solo él conoce lo que es mejor para cada uno.
Por lo tanto, él solo busca que nos pongamos bajo su voluntad, no para dominarnos o como un capricho de su parte para controlarnos. Sino que bajo su voluntad, tendremos todo aquello que necesitamos y todo nos saldrá bien.
Pero la actitud del ser humano es actuar independiente de Dios, y entonces cuando todo le sale mal, o atraviesan una tragedia, entonces reclamarle a Dios. Al mismo Dios que no quieren servirle, sí están dispuestos a blasfemarlo e injuriarlo.
Dios nos está invitando a cruzar una puerta que Él mismo ha abierto. Una puerta que en la gran mayoría de las ocasiones el ser humano no se atreve a cruzar por el orgullo, los temores, las excusas, las dudas, las inseguridades, las ideas preconcebidas, por el qué dirán, por creer más en lo que dice el mundo que lo que Dios dice en su Palabra, o porque piensa que ya lo sabe todo y no necesita de Dios.
Dios está diciendo que para entrar por esa puerta que él nos abre a cada momento, no es necesario estar listo. Escúchame bien.
Él nos está diciendo que si nos atrevemos a cruzar, la preparación y todo eso que necesitamos para poder hacer lo que él nos está llamando a hacer, la vamos a tener del otro lado de la puerta. Si no cruzamos esperando a estar preparados, nunca lo vamos a estar porque no vamos a estar expuestos a lo que Dios quiere llevarnos, precisamente para equiparnos.
Detenernos frente a la puerta sin entrar, es detener todo lo que Dios quiere hacer con nosotros y a través de nosotros. Es detener su mano y abortar los sueños que tiene con nosotros.
Y mientras más tiempo nos detenemos sin cruzar la puerta ni entrar, más difícil se hará, porque tendremos demasiado falsas concepciones e ideas, demasiadas dudas, demasiadas excusas y miedos que se nos vendrán encima... En resumen, demasiado equipaje innecesario que hará que no quepamos por esa puerta estrecha que la misma Biblia menciona.
Es necesario que pasemos ahora por la puerta, sin muchas de esas cosas encima, para que nuestra entrada sea más libre. Y si acaso tenemos mucho de ese equipaje innecesario, tenemos que soltarlo ahora. Es el momento. No mañana. Puede ser muy tarde.
Mateo 7:13 nos dice: Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
En el próximo blog les hablaré del por qué debemos aprovechar en el momento las oportunidades que Dios nos da, y no esperar que sea más tarde.
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