Por Jaime Torres Torres
Por años para mi la cuaresma fue algo simbólico; como la práctica de un ritual que me recordaba un hecho acontecido hace alrededor de dos mil años y en el que participaba porque no me quedaba otro remedio.
La conmemoración de la muerte de Cristo era una expresión exterior que contemplaba como un show o un espectáculo cuaresmal más...
Fui como los escribas y fariseos que se daban golpes en el pecho y presumían de su religiosidad y conocimientos de la Ley, pero en el fondo era un fanático e ignorante de la fe.
Mi visión del cristianismo cambió en el retiro # 525 del movimiento Cursillos de Cristiandad. Y reflexionando profundamente la muerte de Jesús en la cruz mi vida comenzó a ser transformada y, como el soldado, exclamé: ¡En Verdad, este hombre era el Hijo de Dios!
Reflexionar, meditar y vivir en el corazón y el espíritu la entrega de Cristo por cada uno de nosotros supone una transformación radical en nuestra vida por las gracias que la Santísima Trinidad nos derrama desde lo alto.
Si vivimos con el alma la pasión que conmemoramos en estos días, tarde o temprano, nos sentiremos como Simón de Cirene, como la Verónica y como las mujeres de Jerusalén que, como versa el Evangelio, salieron al encuentro de Jesús…
Ayudaremos a otros a cargar sus cruces; limpiaremos el rostro o reconstruiremos la dignidad que por el chisme y las calumnias han perdido otros hermanos y como las mujeres, seremos Iglesia laical que saldrá al encuentro del Señor en el servicio al prójimo.
En la cruz del calvario, hace 1976 años, cada grito de dolor, cada llaga, cada gota de sangre, cada quejido y cada perforación fue sellada con un nombre… Con mi nombre y con el tuyo, estimado lector.
Cumpliendo la profecía de Isaías, al calvario Jesús fue llevado como oveja al matadero para curarme con sus llagas… Para curarte con sus llagas… Muriendo en la cruz Jesús me liberó de mis borracheras, de mis gulas, de mis traiciones, de mi lujuria, de mis mentiras… ¿De qué te sanó a ti o de qué te quiere sanar en la Semana Santa que se avecina?
En la cruz Jesús tomó mi historia; los traumas y las heridas de mi niñez y adolescencia, que hoy determinan mi carácter y personalidad, y los comenzó a transformar con su gracia. Y tiene el poder de hacer lo mismo contigo. Tiene el poder de liberarte del materialismo. Tiene el poder de liberarte de la violencia doméstica; de la borrachera; del afán por el dinero; de la pornografía…
Y lo tenemos que predicar con fuerza porque, aunque en la era de la globalización y el neoliberalismo, el mundo relativiza, trivializa y le resta importancia a Dios, excluyéndolo de todo y presentándolo como el gran antagonista de los hombres, tenemos que predicar que Cristo es el mismo de ayer, hoy y siempre; que siempre será el Camino, la Verdad y la Vida; y que Cristo sana, salva y libera…
Y si tu, amigo lector, aspiras a una transformación en tu vida, te aclaro que no será posible sin una vivencia profunda y sincera del abrazo de amor que se manifestó en la cruz del calvario…
El hombre que se subió a la cruz, muerte que era reservada a la escoria y lo más vil de la sociedad, fue un hombre como tú y yo, igualito en todo, excepto en el pecado…
La muerte de Jesús en la cruz siempre será el gesto de amor más grande que conocerá la humanidad porque en la plenitud de los tiempos ya no fue necesario sacrificar un cordero en el altar.
En la plenitud de los tiempos el Padre se desprendió de su propio Hijo y la Santísima Trinidad se despojó de su segunda persona, y se hizo hombre para en sus miembros y en su propia carne soportar la pesada carga de nuestro pecado de odio, desamor e indiferencia al prójimo.
“En el principio era el Verbo y el Verbo era Dios y estaba con Dios... Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1)
Jesús, el Verbo encarnado en María, fue el que subió a la cruz por ti y por mí.
Ya lo dijo el apóstol Pablo a los Filipenses:
El, siendo de condición divina, no se apegó a su igualdad con Dios, sino que se redujo a la nada, tomando la condición de servidor, y se hizo semejante a los hombres. Y encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz. Por eso Dios lo engrandeció y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y entre los muertos y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor para la Gloria de Dios Padre.
Zacarías profetizó que lloraremos por aquel que ha sido traspasado… Mira la cruz y busca tu nombre y apellidos; mira la Cruz y recuerda tu historia… Mira la cruz y descúbrete como un hombre nuevo…
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