Hace un tiempo asistí a un taller de capacitación para personas que estaban organizando nuevas congregaciones. Una de las actividades del taller consistió en una conferencia sobre métodos de evangelización. Como parte de la conferencia, la persona recurso le pidió al grupo de pastores y pastoras que describieran las frases que usan para invitar a la gente a asistir a la iglesia. Las respuestas a tal pregunta fueron muy interesantes:
1. Algunas personas contestaron que, cuando invitan a alguien a visitar su iglesia local, recalcan el entusiasmo de la congregación, la música movida y la adoración contemporánea.
2. Otras indicaron que motivaban a la gente a visitar su iglesia porque su pastor era un buen predicador y un excelente maestro de la Palabra de Dios.
3. Aún otros señalaban el amor y el compañerismo cristiano como la razón principal para visitar su congregación.
Lo que me sorprendió de estas respuestas no fue lo que dijeron, sino lo que callaron. Ninguna de las personas presentes mencionó a Dios en su respuesta. Es decir, nadie motivaba a los demás a asistir a la iglesia para conocer a Dios, para establecer una relación más profunda con Dios, o para vivir más cerca de Dios. En todos estos casos, Dios estaba ausente del discurso de la Iglesia.
Esta experiencia me ha hecho reflexionar sobre el lugar que ocupa Dios en la predicación y la enseñanza de la Iglesia contemporánea. Con tristeza, he llegado a la conclusión de que muchos hemos olvidado que el propósito principal de la Iglesia es anunciar quién es Dios. Es decir, la Iglesia Cristiana tiene la tarea de proclamar el carácter de Dios: ¿Cómo se comporta Dios? ¿Qué es importante para Dios? ¿Qué es agradable a Dios? ¿Qué desea Dios para la humanidad? En fin, ¿cuál es el carácter del Dios que revela el Evangelio de Jesucristo?
Algunos se preguntarán, ¿cómo podemos conocer el carácter de Dios? La respuesta es obvia: por medio de la Biblia. Las Sagradas Escrituras revelan al Dios quien liberó al pueblo de Israel del cautiverio en Egipto y quien envió a su único hijo a salvarnos. De hecho, podemos decir que el texto bíblico que mejor revela el carácter de Dios es Juan 3.16, que dice: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eternal".
Juan 3.16 habla del carácter de Dios de manera elocuente. En primer lugar, afirma que Dios ama al mundo, un concepto que reitera 1 Juan 4.8 cuando declara que «Dios es amor». Segundo, afirma que Dios es misericordioso, dado que ha enviado a su único hijo para salvar a la humanidad esclavizada por las fuerzas de la maldad, el pecado y la muerte. Tercero, afirma que Dios es vida. En resumen, Juan 3:16 afirma que Dios es el «misionero» por excelencia, quien salva y libera a la humanidad.
Por esto me preocupa tanto el extraño silencio de la Iglesia sobre Dios. A veces me pregunto si estamos avergonzados de hablar de Dios en medio de una sociedad que, para todos los efectos prácticos, es atea. Lo que es más, a veces me pregunto si muchos de nosotros también somos funcionalmente ateos, es decir, si vivimos como si Dios no existiera. ¿Por qué no le decimos a la gente que deben ir a la Iglesia porque necesitan conocer a Dios? ¿Por qué no le decimos a nuestras amistades, a nuestros vecinos y a nuestros seres amados que necesitan la presencia de Dios para poder vivir con provecho? ¿Por qué presentamos tantas excusas, tratando de llamarle la atención a la gente con trucos o con técnicas de mercadeo?
¿Qué opina usted? Le invito a ofrecer su opinión, comentando este blog y haciendo un frente amplio para hablar de valores.
El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado. Para ver otros escritos de este autor, visite www.drpablojimenez.com.

El Dr. Pablo A. Jiménez Rojas es un ministro ordenado de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo)...


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