El debate y la controversia continúa sobre las medidas que esta tomando Puerto Rico para atajar su crisis fiscal.
La acción más preocupante, sin duda, sigue siendo el plan para reducir 30,000 empleos de un gobierno que ya no tiene dinero para pagar por todo lo que consume.
Peor aún, la pregunta sigue siendo, ¿a dónde van a ir esos empleados? He ahí la gran encrucijada que encara Puerto Rico.
La Isla no cuenta con un sector privado fuerte después tres años de crecimiento negativo en la economía.
¿El saldo de esta recesión? Una tasa de desempleo de 14.1% en febrero; una baja dramática en las ventas de autos que este año podrían llegar escasamente a la mitad de la cifra récord de 147,000 unidades que se vendieron en el 2005; un sector de construcción que sigue en deterioro como consecuencia de la caída en el mercado de bienes raíces; una industria bancaria atribulada por carteras morosas; una industria de la manufactura amenazada por expiraciones de patentes y consolidaciones a granel, que también afectarán a nivel local con las fusiones de Pfizer y Wyeth, al igual que Merck y Schering Plough. Esto por mencionar sólo algunas de los indicadores que levantan bandera.
Dicho esto, Puerto Rico tiene que tomar pasos agresivos para revitalizar su sector privado. De no hacerlo, estos 30,000 empleados tendrán muy pocas oportunidades de echar adelante.
Pero el problema real aquí no son 30,000 empleos. Esto va mucho más allá. En febrero solamente se perdieron 44,000 empleos en Puerto Rico. Según los datos más recientes del Departamento del Trabajo, hay unas 189,000 personas desempleadas en la Isla. Y en Estados Unidos, que solía ser una válvula de escape para muchos puertorriqueños en la búsqueda de trabajo, la situación está más complicada que nunca. Según cifras reveladas el viernes, el desempleo en Estados Unidos se trepó en marzo a 8.5%, el máximo de 25 años. Durante los últimos cuatro meses, se han perdido 650,000 empleos en la tierra del Tío Sam.
Por ende, Puerto Rico tiene que, además de arreglar su crisis fiscal, ir trabajando paralelamente para que la inversión privada florezca. Los programas de estímulo federal y criollo son una oportunidad, pero no lo solucionará todo ya que se trata de asignaciones no recurrentes.
Tenemos que, de una manera ágil, facilitar el hacer negocios en Puerto Rico. Abrazar nuevos métodos de energía renovable. Tenemos que apostar a la innovación y la biotecnología. Cambiar la mentalidad de nuestras universidades para que la investigación científica que sea haga se realice con miras a comercializarla.
Aunque es vital diversificar, no nos podemos olvidar de la base manufacturera. Aún con la hemorragia de plantas saliendo de Puerto Rico y despidiendo personal, el sector de la manufactura en la Isla todavía produce alrededor del 40% de las riquezas de este país. Con índices como estos, no podemos tirar la toalla en ese segmento.
Es vital que los legisladores, de una vez y por todas, entiendan que las nuevas leyes tienen por obligación que estar atadas a fomentar la productividad. No pueden seguir encareciendo el costo de hacer negocio en la Isla, porque seguiremos perdiendo competitividad.
No se le puede seguir poniendo trabas al pequeño empresario. Si bien es cierto, que las Pymes tienen que cumplir con su obligación tributaria, también es cierto que se les debe dar el apoyo necesario para que sigan creciendo y creando empleos, no sólo con préstamos y líneas de crédito, si no eliminando burocracia.
Para que el sector privado pueda absorber empleados públicos, no basta con subsidios. De hecho, los subsidios que pretende otorgar el gobierno a las empresas que absorban empleados públicos, podrían terminar como una iniciativa en vano, si a la par no se fortalece el sector privado. Si no nos reinventamos, nos quedaremos atrás.

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