¿Qué tal si viviéramos la vida sin rumbo fijo, sin ir en busca de nada específico, sólo tener en mente sobrevivir? De seguro muchos responderían que todo sería más sencillo y que la existencia se limitaría al disfrute de las cosas momentáneas. No suena tan mal, siempre y cuando no se lleve al extremo, porque en ese caso tendría que diferir.
Para no perder la costumbre, contaré una historia algo personal. Desde niño pensé que mi vida tendría un propósito muy grande (no especificaré cuál). No sé si era por la retahíla de películas viejas que veía en los canales locales donde había un héroe de esos románticos que con su bondad lograba lo que fuera, o por los dibujos animados que inspiraban mis más grandes deseos aventureros de salvar al mundo. Pero, como a veces las bofetadas de la vida nos hacen perder rumbo, de repente decidí vivir por vivir. Le quité sentido a mis pasos y empecé a perder de perspectiva lo que quería lograr. Fue ese el momento más amargo de mi corta existencia, pero lo sobreviví.
Ahora, por más que intente desligarme del pasado tormentoso, sé que nunca lo lograré. ¿Por qué? Porque ese pasado más agrio que la hiel misma, ha sido el que ha forjado mi ser del presente y me ha hecho definir con más claridad ese gran propósito del que seré cómplice en el mañana. Y es de la búsqueda de ese propósito de lo que les quiero hablar hoy.
Cuando nacemos tenemos una agenda divina, existencial, natural, como la quieran llamar, por la que llegamos a este planeta. A través de nuestra vida pasamos por pruebas que pone el destino en el camino para que sepamos discernir y tomar decisiones que nos lleven a prepararnos para el terreno más escabroso que espera adelante. Por ello, nos toca entender que toda nuestra existencia está rodeada de propósitos, desde el fracaso más humillante, hasta el triunfo más enorgullecedor. Cuando nos proponemos conocer ese propósito por el que vivimos, logramos vivir a mayor plenitud, pero cuando lo ignoramos y nos conformamos con el simple “estar”, terminamos siendo entes que vagan por el planeta con una existencia mediocre. Está en nuestras manos separar el grano de la paja y encontrar en nuestro mar de circunstancias el porqué de nuestra existencia actual. Así, a cada pequeño evento le encontraremos una razón de ser como si fuera un agente conspirador en pos de un gran evento futuro.
Quiero que quede claro que aquí no me refiero a propósitos o metas enormes de esos que en los medios de comunicación se exaltan con bombos y platillos, sino a todos los propósitos, por sencillos que sean, pero que aporten al crecimiento espiritual y social tuyo y de los que están alrededor.
Tengo casi por seguro que muchos de mis lectores no han definido su propósito o nunca han pensado en identificar el porqué de su existir. Yo les diré que estoy convencido de que vinieron con todo un paquete de herramientas guardadas en su pecho y en sus cabezas para cumplir con alguna misión aquí en la tierra. Sé que están llenos de una inquietud que aún no cumplen y que seguramente les llenará de orgullo al cumplirla. Por eso, les exhorto a abrir el baúl de esos recuerdos que, al igual que a mí, me ayudaron a hacerle caso a ese niño que fui, y dejen los sentimientos a flote para que encuentren esa razón que les ilumina el camino que perdieron de vista hace años. Quiero que busquen su propósito sin miedo a esos cambios que nutrirán su existencia. De esa forma, le darán sentido a lo que a veces parece un peregrinaje insensato por la vida, y abrirán paso a un vivir lleno de significados y batallas ganadas.
-Recuerden que me pueden escribir a: jorge.colon@elnuevodia.com-

Jorge Colón Ortiz nació el 21 de septiembre de 1985 en la Ciudad Señorial. Es el benjamín de tres he...


| Páginas: 1 2 3 | Next |


Las mañanas siempre tuvieron un delicioso color durazno, pero mi madre, en vez de saborearla, se empeñaba en pasar esas horas barriendo. Antes de que el calor comenzara a derretir los pliegues de su cuello, ella se arrastraba de la cama, y rompía el tizne suave de la luz que se escapaba entre las c...
En verano de 1993, Eddie, un muchacho de semblante bajo que pasaba los días mirando desde su casa el “entra y sale” del colmado de enfrente, pasó a mejor vida. Murió mientras colgaba de las rejas del segundo piso de su balcón hilillos finos de pescar que sujetaban un anzuelo del tamaño de un níquel...
En Porto, aún en plena primavera, los días son grises. La llovizna fría había formado en mi cabello largo y rizado un nido de luciérnagas que refulgían al compás de la hilera de faroles que bordeaban la Ribeira. Me quedé un poco rezagado al resto de los tunos que cantaban y bailaban al s...
La distinción entre un día y otro puede estribar en la temperatura, el cierre de la bolsa de valores, el accionar de personas ajenas o vinculadas a nosotros, el contenido de las noticias. Esa esperanza que tenemos en el cambio radica en todos y cada uno de esos elementos nuevos y únicos que aso...
Se me ocurrió algo sencillo. En muchas de mis historias anteriores yo era el protagonista, pero no necesariamente era mi vivencia la que trataba de reconstruir. En esta ocasión les hablaré de una historia muy mía. No abundaré en detalles y datos, sino que iré directamente a la moraleja. ...
| Páginas: 1 |
