Antolín Maldonado-Jaime Torres
17-Abr-2009

De culpables a herederos (3)

 Por Antolín Maldonado Ríos

 Por algo es que Hebreos 4:15 nos recuerda que no tenemos un sumo sacerdote (Jesús) que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo, pero sin pecado.

 Esa palabra habla claramente, no de aquellos que no han aceptado aún al Señor en su vida, sino de esos que ya le conocimos y vivimos bajo su voluntad.

 No se trata de que el individuo que pasa a tener una nueva vida en Cristo ya no peca. Nuestra debilidad e imperfección nos lleva a caer.

 Pero la diferencia como personas nacidas de nuevo en Cristo, es que ya no debemos estar sometidos por el pecado. Fallaremos en una que otra ocasión, pero ese pecado no puede dominarnos y se supone que vamos madurando hasta que somos nosotros, por medio del dominio propio que Dios mismo nos concede, quienes tenemos el control.

 La diferencia está en que un verdadero cristiano, o mejor aún, un verdadero hijo de Dios, sí comete pecados y errores, pero sabe reconocer cuando lo hace mal, se arrepiente, pide perdón, y comienza a caminar para evitar caer de nuevo en el mismo error.

 Muchos aprovechan cuando un cristiano comete un pecado para recriminarlo y llenarse la boca diciendo; “y eso  que es cristiano”. Con eso se justifican a sí mismos y pretenden no tener ninguna responsabilidad con buscar al Señor.

 A cada uno Dios le pedirá cuentas; tanto al que se haga llamar cristiano y no camine a la altura de lo que Dios espera de él, como al que se justifica a sí mismo para no someterse a la voluntad del Padre.

 Solo tenemos que aceptar a Jesús y a su sacrificio, y reconocerlo. Proverbios 3:6 dice, “Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus veredas”.

 No te tienes que sentir culpable. Lo que tienes que hacer es reconocer que sí has fallado, pero actuar para provocar un cambio. No debes conformarte con una vida de mediocridad sumida en el fracaso y en el pecado.

 Mateo 9.13 nos exhorta a: “Id, pues, y aprended lo que significa misericordia quiero y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento”.

 ¿ Sabes que hay gente que se siente ofendida cuando le dicen que es pecadora, o le mencionas la palabra pecado? Si de todos modos lo somos, aunque lo neguemos.

 Se sienten ofendidos por la verdad. Eso me hace recordar un ejemplo que dio un evangelista sobre la actitud de alguna gente que no ha conocido ni buscado la forma de relacionarse con Dios a pesar de que hay alguien que siempre va a presentarle la palabra y la oportunidad de conocer más de Jesús.

 Había dos pasajeros en una avioneta. Le ofrecieron a uno el único paracaídas que quedaba disponible en la nave, y le dijeron, ‘esto te puede salvar en caso de un accidente o que caiga el avión’. Él se burló, porque no creyó que la avioneta pudiera caerse.

 Luego el asistente de vuelo fue donde el otro pasajero, y le ofreció el mismo paracaídas que rechazó la otra persona. Sabiamente, para prevenir, el pasajero número 2 no solo cree la información, sino que también se pone el paracaídas creyendo que será salvo si llegara a caer la nave.

 Más adelante el avión sufrió un desperfecto mecánico y comenzó a caer inesperadamente. En la emergencia, él pasajero número 2 quizás se preocupó, pero al mismo tiempo mantuvo la calma o tuvo confianza porque sabía que estaría a salvo con el paracaídas.

 El otro se desesperó y ya no se estaba burlando, pero como el avión se fue en picada, y ya no habían más paracaídas, no quedaba tiempo.

 La Palabra dice en Mateo 7:13 “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.

 Tanto el ejemplo anterior, como el pasaje bíblico nos hablan de que las oportunidades pueden ser escasas, pero hay que saber aprovecharlas.

 ¿Te pondrás tú el ‘paracaídas’ de la salvación que Jesús ya te ofreció desde que derramó su sangre? ¿O lo rechazarás para después lamentarte cuando vayas en picada?

 Todos hemos pecado, como la Biblia lo establece. Pero Jesús no vino a condenarnos sino a salvarnos. Sé humilde en reconocer tu condición, y acepta la salvación que él te ofrece hoy.

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sobre el autor

Antolín Maldonado-Jaime Torres

 Antolín Maldonado

Posee un Bachillerato en Artes con concentración en Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico...

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