Por lo general, cuando tenemos miedo o estamos dolidos renegamos los riesgos y hasta a veces, las situaciones “comunes y corrientes” de la vida. Creo que eso fue lo que provocó el comentario que hizo una amiga hace unos días y que me dejó boquiabierto. En una sintaxis que no recuerdo muy bien me dijo que los seres humanos funcionarían mejor si no tuvieran sentimientos.
Inmediatamente, como se imaginarán, mis ojos se expandieron como dibujo animado y moví mi cabeza de lado a lado en señal de negación, aún cuando la conversación no era conmigo. Sin embargo, más tarde otro amigo que se encontraba con nosotros pareció coincidir con ella. En ese momento pude notar que la aseveración no podía ser tan estúpida como parecía. Aparentemente hay quienes preferirían ser una piedra que no se conmueve de ninguna manera antes de pasar por las angustias causadas por sentir y padecer.
No soy quien para establecer juicios de ninguno de mis dos compañeros y amigos, pero sí puedo sacar algunas conclusiones basadas en sus historias...
Ella parece siempre tenerle miedo a entregar los sentimientos a cualquier cosa, incluso en el caso del amor. A pesar de que ya lo ha hecho, parece que su razón se quiere ir a veces por encima de su sentir. Esto es por un sencillo motivo, los sentimientos no se controlan como se pueden controlar la mayoría de las cosas de la vida. El sentimiento conlleva atadura, apego, flexibilidad, pero también significa alegría, pasión e intensidad por la vida. Sin embargo, creo que la definición negativa es la más peso que tiene en su forma de pensar.
Por su parte, mi amigo no hace más que buscar un escape al sufrimiento que le han traído sus simulacros de amor. No lo culpo, creo que todos hemos pasado por esos momentos de frustración e impotencia ante la mezquindad del amor no bien correspondido. A pesar de ello no estoy de acuerdo con el intento infructuoso de enajenarse de la realidad. Esos simulacros de amor son la preparación para identificar qué queremos y cómo lo queremos, y se supone que sirvan para fortalecernos en el camino y volvernos más selectivos, pero no para renegar el sentimiento.
Ambos tienen razones válidas para desear escapar del lado vulnerable de la vida. Vuelvo y digo, no los culpo. No obstante, si renegamos o esperamos que se descalabre el lado límbico de nuestro cerebro, ese que controla nuestras emociones, creo que la existencia sería aburrida y dejaríamos de ser seres humanos y nos convertiríamos en entes de oscuridad que vagan en la tierra.
Nadie dijo que es fácil la existencia con los vaivenes que causan el miedo, el amor, la frustración, la ira, etc. Empero, son esas cosas las que le dan el sazón a nuestro vivir, le dan el espacio a la aventura y a sentir que la vives, es la pizca de azúcar o sal que le da un gusto peculiar al banquete de la vida. ¿Ustedes qué creen?
Les dejo con esta frase del narrador y dramaturgo austriaco Arthur Schnitzler: “La fuerza del carácter con frecuencia no es más que debilidad de sentimientos.”
Recuerden que me pueden escribir a: jorge.colon@elnuevodia.com

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