Desde nuestra involuntaria entrada al “kindergarden”, más allá de aprender a no llorar cuando mamá o papá nos dejaban en esa “cárcel para niños”, de las primeras cosas que aprendimos fue a contar. Contábamos animales, cosas, personas...
Al menos, en ese entonces (perdonen mi poca memoria sobre los currículos preescolares) aprendimos a contar hasta el número veinte. Pero ahora, ya que sabemos contar casas, carros, deudas, fracasos, sin realizar un arduo proceso mental, les invito a contar de otra manera e infinitamente: a contar bendiciones.
Hacer ese proceso retrospectivo donde por medio de fotos, videos o meros recuerdos rememoramos la vida pasada que nos sonreía o que nos golpeó por instancias, es tarea de verdaderos valientes. Recuerden el día de su graduación y las sonrisas que se le escapaban por los bellos momentos o por terminar el “martirio” de la escuela o la universidad. Recuerden ese cumpleaños donde estuvieron con quien realmente valía la pena estar. Recuerden los abrazos de los verdaderos amigos o de los seres que aman. Recuerden, recuerden y acto seguido cuenten y cuenten. La cuenta no acaba amigos, porque la materia que nunca deja de nutrirse es la vida.
Y si se les hace difícil recordar esos momentos felices, reconozcan las lecciones de los tristes. Reconozcan que ahora son más fuertes. Reconozcan que aunque pensaban no sobrevivir la pérdida de un familiar o de un gran amor, al sol de hoy están vivos. Reconozcan que desde aquel accidente o evento que por siempre les marcó ahora saben que hay cosas pequeñas que vale la pena apreciar antes de quejarse tanto. Reconozcan, reconozcan y acto seguido cuenten y cuenten, que la vida es mejor cuando observamos con optimismo.
Les invito a hacer una lista de esas cosas maravillosas que tienen, que les ha regalado Dios, el Universo, el Destino, o a quien se lo quieran atribuir. Cuando terminen con el ahora arduo proceso mental, coloquen la lista en un lugar que sea de fácil acceso en esos días en que recordamos, reconocemos y contamos sólo las amarguras, el sabor discordante dentro de la receta de la vida. Cuando vean la lista, les aseguro que, mientras bajen número tras número, sus razones para sonreír se irán multiplicando como parecían multiplicarse las razones para estar triste, molesto o apenados hace minutos atrás.
Serán testigos de que el juego de contar nunca acaba y más cuando cuentan bendiciones, momentos felices por pequeños que sean o lecciones aprendidas. De ahora en adelante quiero que empiecen a contar conmigo para que se nos empalague la existencia y podemos disfrutar el lado dulce de la agridulce receta de la vida. ¡A contar!
Recuerden que me pueden escribir a: jorge.colon@elnuevodia.com.

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