Pablo A. Jiménez
27-May-2009

Los peligros de la ignorancia

Hace varios años aprendí, no recuerdo en cuál foro, que los seres humanos hacemos las cosas mal por una de dos razones: por ignorancia o por maldad.

En la inmensa mayoría de los casos, la gente erra por ignorancia. Son relativamente pocas las personas que hacen las cosas mal a sabiendas, con el propósito de hacer daño a los demás. Empero, en realidad las causas importan muy poco al final. Al final, sea por ignorancia o por maldad, se comete un error potencialmente fatal.

Durante la semana pasada, me enfrenté a una situación en la que la ignorancia de un ministro puso en peligro la vida de una mujer. Se trata de una joven madre, casada hace más de una década, que está pasando por una situación familiar dolorosa. En particular, se encuentra en una situación en la que la violencia verbal y emocional que ha caracterizado su matrimonio desde el primer día ha escalado a violencia física.

Como es de esperar, la joven mujer escapó de su hogar. Desesperado, el abusador comenzó a enviarle mensajes de texto amenazando a su esposa; le decía que iba a suicidarse si ella no volvía a la casa. Confundida, la joven buscó consejo y ayuda en el pastor de su congregación. Y he ahí el problema: su pastor le dijo que ella debía volver al hogar.

Yo estoy convencido de que este ministro, como muchos otros que ofrecen consejos similares en situaciones de violencia doméstica, no estaba motivado por la maldad. Estoy convencido de que el pastor pensaba que estaba haciendo lo correcto. Sin embargo, sus buenas intenciones no cancelan el hecho de que ofreció un consejo equivocado que bien puede poner en peligro la vida de esta buena mujer.

Esto nos lleva al tema de la ignorancia. Algunos líderes religiosos carecen de la preparación necesaria para aconsejar a sus feligreses sobre el tema de la violencia en el hogar. No comprenden que el abusador está motivado por razones que él mismo no entiende. No comprenden que el arrepentimiento aparentemente sincero del abusador puede ser una manifestación del ciclo de violencia doméstica. No comprenden que los abusadores, más que consejo pastoral, necesitan terapia.

Los líderes religiosos, como el resto de la sociedad, debemos tomar la violencia doméstica con mucha seriedad. Es necesario exhortar a nuestra feligresía a liberarse de este atavismo y apoyar a las víctimas que desean escapar del ciclo de violencia. Del mismo modo, cada denominación debe educar a su cuerpo ministerial sobre el tema, recalcando la responsabilidad del liderazgo religioso tanto hacia las víctimas como hacia el Estado. ¿Por qué el Estado? Porque el pastor o la pastora que exhorta a una víctima a permanecer o reinsertarse en un contexto de violencia doméstica se expone a problemas legales y civiles, particularmente si la víctima es maltratada, golpeada o asesinada. En términos legales, el Estado puede acusar al ministro de facilitar o colaborar en un acto criminal. En términos civiles, la víctima o sus sobrevivientes pueden demandar al pastor o a la pastora por mala práctica.

Termino exhortando al pueblo cristiano a combatir activamente la violencia doméstica en sus múltiples expresiones. Siguiendo el ejemplo de Jesús, la Iglesia debe solidarizarse con las personas débiles, vulnerables y victimizadas. Y en Puerto Rico eso implica solidarizarse con las mujeres que necesitan y merecen justicia y paz.

¿Qué opina usted? Le invito a compartir su opinión, comentando tanto el contenido de esta columna como los comentarios de otros lectores.

El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. Para contactar el Rev. Jiménez, o ver varios de sus escritos, grabaciones de audio o vídeos, visite www.drpablojimenez.com.

sobre el autor

Pablo A. Jiménez

El Dr. Pablo A. Jiménez Rojas es un ministro ordenado de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) [ICDC]. Nacido en la ciudad de Nueva York, se ...

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