Fernando Ribas
30-May-2009

Aplausos a Glorimar

Al anunciar oficialmente que se retiraraba de la Selección Nacional, la acomodadora Glorimar Ortega, dijo que lo hacía porque había realizado sus sueños.

Escuchando esa explicación me transporté al 2002, a la temporada regular de la Liga Superior de voleibol, la que Ortega comenzó jugando con las Chicas de San Juan, y encontré un momento clave en la vida deportiva de Glorimar que, a la vez, apoya su explicación.

Entonces, las Chicas de San Juan querían hacer atacante a la acomodadora Ortega, quien se rechazó la transición y logró un cambio de equipo, a uno que la necesitara de acomodadora.

En su intento, Ortega perdió tiempo, se encontró de frente con la gerencia de las Chicas y fue noticia en los medios por ir en contra de los deseos de su equipo.

Tan mala fue la situación que tres años después de lo sucedido, habiendo ya encontrado un equipo que la recibiera como acomodadora, Ortega dijo “me admiro a mí misma porque fue bien difícil. Lloré muchísimo. Fueron pocas las personas que creyeron en mí. De verdad que si yo hubiese visto que iba a pasar por esto, no sabría decir si hacerlo o no”.

Glorimar logró lo que quería: ser acomodadora, y marcó positivamente su vida, al punto de que hoy, a sólo seis años de ese momento, puede decir, 'Cumplí'.

Y no le fue mal, por hablar sarcásticamente.

Glorimar pasó en el 2004 a las Gigantes de Carolina, a donde fue ser suplente de la acomodadora estadounidense Lissy Fitzgerald y a donde fue a conseguir su primer título nacional en su carrera.

Un año luego, en el 2005, Ortega recibió la oportunidad como acomodadora titular de las Gigantes y, a pesar de críticas que dudaban de su capacidad como primera colocadora, Glorimar llevó a las Gigantes al segundo título nacional corrido.

Más la vida le dio bonificaciones.

Glorimar se estableció como acomodadora en Puerto Rico y logró un espacio con la Selección Nacional, con la que se mantuvo por cinco años, yendo a un mundial, a panamericanos, centroamericanos y múltiples competencia de nuestra región.

Inclusive, su exposición con la Selección la llevó a conseguir dos contratos profesionales en Francia, siendo el segundo este año en París, lo que ninguna jugadora puertorriqueña ha experimentado antes.

Al final, Glorimar logró tres campeonatos nacionales, múltiples viajes y juegos internacionales con la Selección Nacional, más la oportunidad de ver a diario la torre de Eiffel en París, todo eso por lograr su sueño: ser acomodadora, no atacante.

Hay que señalar que todo eso no fue por solamente insistir en que sería acomodadora, sino por trabajar para eso. Es conocido en el ambiente del voleibol que Glorimar es de las jugadoras que más entrena en cancha.

Ahora Glorimar, fortalecida por esa experiencia que vivió en el voleibol, quiere lograr otros sueños: compartir con su familia, establecer su propia familia y completar una maestría.

Luego del ejemplo que dio en el 2001, no tengo dudas que Glorimar consiga sus nuevos sueños.

sobre el autor

Fernando Ribas Reportero de deportes desde el 1992 a la actualidad, siempre para El Nuevo Día, particularmente en el voleibol y sus dos ramas y disciplinas, ya sea e...

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