Pablo A. Jiménez
02-Jun-2009

El mito de la imparcialidad

La controversia en torno al nombramiento de Sonia Sotomayor al Tribunal Supremo nos obliga a tratar el tema de la objetividad o imparcialidad a la hora de interpretar un texto.

La hermenéutica es la ciencia de la interpretación de textos. En círculos académicos, los principios de la hermenéutica se emplean para interpretar literatura, para interpretar textos legales y para interpretar textos sagrados.

Los escritos de personas expertas en la hermenéutica, como Hans Georg Gadamer y Paul Ricoeur, se estudian tanto en la facultad de humanidades y en la escuela de leyes como en el seminario teológico. Mi primer encuentro con la hermenéutica ocurrió en la facultad de humanidades de la Universidad de Puerto Rico, donde estudié literatura francesa a finales de la década del setenta. Después, he estudiado hermenéutica como parte de mis estudios teológicos.

Décadas atrás, cuando la hermenéutica tenía una visión romántica, se pensaba que la persona que interpretaba un texto podía determinar con exactitud su contenido. Se pensaba que el lector o la lectora podían conocer la mente del autor mejor que el autor mismo. Por lo tanto, se creía que el lector podía interpretar un texto con total objetividad.

Hoy, la hermenéutica tiene una perspectiva postmoderna. Hoy se cree que el texto tiene cierta autonomía del autor –por ejemplo, usted puede leer e interpretar esta columna aunque no me conozca– y que nadie puede conocer a perfección las intenciones del autor. Del mismo modo, se cree que cuando una persona lee ocurre una "fusión de horizontes". Es decir, el mundo conceptual del lector interseca el mundo conceptual que propone en texto. Por eso, cada interpretación es diferente.

Permítanme ofrecer un ejemplo. Si yo menciono un monte, usted visualizará un monte, particularmente uno que usted haya visitado o uno que haya visto en alguna manera. La palabra "monte" evoca respuestas distintas en cada lector u oyente. Cada persona interpreta el concepto de una manera diferente.

Ahora bien, la Constitución de los Estados Unidos afirma que "todos los hombres han sido creados iguales". Sin embargo, la inmensa mayoría de las personas que aprobaron esa constitución a finales del siglo XVIII eran hacendados que tenían esclavos. Por lo tanto, en la mente de quienes forjaron la constitución, el vocablo "hombres" no incluía a los esclavos. Fue necesario enmendar la constitución para asegurar la libertad de los esclavos y luchar por varias décadas para proteger los derechos civiles de la comunidad afro-americana. Por lo tanto, para interpretar correctamente la Constitución es necesario apartarse de la "intención original" de sus autores. En nuestro "mundo conceptual", es sencillamente inconcebible eliminar los derechos de una persona porque la misma pertenezca a un grupo étnico minoritario.

¿Qué podemos decir de las personas que reclaman ser objetivas en sus interpretaciones? Simplemente, que interpretan todo a la luz de su propia experiencia, al igual que el resto de la humanidad. El problema es que no comprenden hasta qué punto su experiencia matiza sus interpretaciones. Se mienten a sí mismas cuando dicen que pueden ser completamente neutrales, imparciales u objetivos, ya que toda persona lee desde su lugar social.

¿Todavía tiene dudas? Véalo desde este punto de vista. Una mujer no deja de ser mujer cuando interpreta un texto. Y aunque lo desee con todo su corazón, nunca podrá interpretar el texto como si fuera un hombre. Lo mismo podemos decir del resto de la humanidad. Cuando usted lee o interpreta una obra literaria, una ley o un texto sagrado, usted lee desde su lugar social, que incluye su género, su etnicidad, su nivel educativo, su aprovechamiento académico y su nivel económico, entre otras realidades.

Sonia Sotomayor, como jueza, interpreta la ley siguiendo las reglas de la hermenéutica legal, que ciertamente son distintas a las reglas de la hermenéutica bíblica. Sin embargo, no podemos negar que también leerá el texto como una mujer de trasfondo hispano, bicultural y bilingüe, del mismo modo que Roberts lee el texto como un hombre estadounidense de clase alta. Por eso, afirmo que Sotomayor –quién en toda la historia sería la primera persona hispana, la tercera no-blanca y la tercera mujer en ocupar una silla en el Tribunal Supremo– aportará perspectivas novedosas a esta corte tan necesitada de diversidad.

¿Qué opina usted? Le invito a compartir su opinión, comentando tanto el contenido de esta columna como los comentarios de otros lectores.

El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. Para contactar el Rev. Jiménez, o ver varios de sus escritos, grabaciones de audio o vídeos, visite www.drpablojimenez.com.

sobre el autor

Pablo A. Jiménez

El Dr. Pablo A. Jiménez Rojas es un ministro ordenado de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) [ICDC]. Nacido en la ciudad de Nueva York, se ...

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