Miguel Cotto defendió el pasado sábado 13 de junio su cetro welter de la OMB ante el africano Joshua Clottey y al ingrediente que salpicó su cerrada victoria por decisión dividida se le llama aquí en la Isla del Encanto: cría boricua.
Igualmente suele llamarse coraje deportivo, adrenalina competitiva y yo tengo un pana en Naguabo que siempre le ha dicho, a eso de cuando un atleta se crece ante la adversidad, fuerza testicular, que no es otra cosa que raya casi en un eufemismo para nombrar ese concepto a lo que los puertorriqueños llaman 'cojones' y los mexicanos 'huevos'.
Pues Cotto, sobra decirlo, defendió su correa mundial con fuerza testicular.
En el campo deportivo, en plena competencia, las cosas son como son..., suceden y son los protagonistas los que tiene que resolver en el acto. Hay una agenda trazada, pero los intangibles se cruzan en el camino y toca resolver en el momento.
La historia deportiva está llena de esos casos.
Y a Miguel Cotto le tocó resolver un intangible ante Joshua Clottey, quien por el contrario no pudo sacar provecho del mismo.
En el tercer giro del combate, luego de haber dominado de forma cómoda los primeros dos, un cabezazo accidental que le propinó Clottey a Cotto cambió el panorama del combate para ambos y sus respectivas esquinas.
Cotto sufrió una seria cortadura sobre su ceja izquierda, la misma ceja que dos combates titulares atrás, el mexicano Antonio Margarito pareció pulverizarle cuando le quitó el invicto y la corona welter al boricua.
La sangre se mezcló con el sudor y el combate parecía que iba rumbo a detenerse. Por heridas menos graves que esa, pero sobre las cejas, han sido detenidas cientos de peleas.
La esquina de Cotto no se amilanó y de las manos de su nuevo 'cutman', el debutante en la esquina del campeón, el mexicano Joe Chávez, Cotto salió decidido a decirle a Clottey que tenía que matarlo en el ring si quería arrebatarle su cetro.
El cuarto asalto debe ser uno para la historia del boxeo boricua. Fue en ese preciso momento que Cotto comenzó a demostrar su fuerza testicular. A echar a un lado el miedo a la herida, a la sangre que manaba por su ojo izquierdo, a pegar, a evadir golpes, a boxear elegante y a dejar sentir sus manos.
Clottey y su esquina, inteligentes al fin, apuntaron sus golpes al rostro del monarca, a remachar su herida por los siguientes asaltos.
Pero, el trabajo de Chávez y del también debutante entrenador de Cotto, Joe Santiago, quien sustituyó meses atrás a Evangelista Cotto como entrenador, se dejaron sentir.
Chávez sustituyó de forma certera al veterano 'cutman' de la esquina de Cotto, Miguel Díaz, y detuvo de forma consistente el sangrado. Todo pudo haber sido peor para Cotto, pero no lo fue.
Santiago, novato y todavía con mucho por aprender de estas lides, pero avispado, cambió el plan de pelea de su pupilo. Lo puso a bailar como mariposa, a pegar y huir, a apretar cuando Clottey estuviera entre las sogas y tuvo en Cotto un león, que aunque herido, estuvo dispuesto a intercambiar metralla con sus oponente.
El combate fue cerrado y, aunque suene especulativo, de no ocurrir el cabezazo accidental, a base del ritmo de pelea en esos primero tres giros, Cotto le hubiese dado una escalpiza a Clottey.
Cotto, quien se vio con buen aire y fuerte de piernas, mereció ganar, aunque Clottey se sintió robado.
Y es que el ghanés no hizo lo suficiente para acumular puntos, no quiso meterle ganas al combate, no fue el mayor agresor, no sacó un extra de la herida de Cotto y para colmo de males en los últimos dos asaltos no tiró lo suficiente, no le robó el ataque a su oponente, quien desde el quinto asalto mostró problemas de visión por el lado izquierdo y apenas veía el golpe de derecha de Clottey.
HBO confrontó a Clottey con ese panorama. “No atacaste en los últimos dos asaltos, no pudiste dominar de forma convincente a un peleador herido, que apenas podía ver tu mano derecha, tus golpes con esa mano, y fue él quien llevó el ritmo del combate”.
La respuesta de Clottey fue afirmativa ante su interpelador. Dijo que no podía confiarse con un peleador como Cotto, de buena pegada y siempre peligroso, por eso no se la jugó en el ring.
Allá él..., el boricua sí se la jugó, y desde el cuarto giro le puso pique a su boxeo, peleó con fuerza testicular...
