Antolín Maldonado-Jaime Torres
21-Jun-2009

Papi, te amo

Por Antolín Maldonado Ríos

 La primera vez que leí semejante cosa, me parecía algo raro... Llamarle “Papi” a Dios.

El autor del libro que hace esta recomendación, lo hizo invitando a que hagamos la prueba. Como si fuera un ejercicio.

Por eso me sentí raro. No por la palabra utilizada, pues la Biblia nos muestra con múltiples ejemplos a través de Jesús, cómo el Señor siempre dependía del Padre y cómo se acercaba a Él en oración en todo momento.

Pero no fue hasta que el libro estudiado me aclaró que la palabra Abba, es el equivalente a lo que en nuestro idioma significa papi, que pude ver más claro, con cuanta confianza Jesús se dirigía a nuestro Dios.

Así que lo intenté. Casi no me atreví. El autor lo advirtió. Hágalo. Llámele así a Dios cuando le ore. Él está cerca. Una de sus características es que es un Dios omnipresente. O sea que está en todas partes.

Pues por lo tanto, si está en todas partes y nos ve, ya tenemos algo adelantado. ¿No creen?

Así que no es alguien lejano. ¿Por qué tratarlo como si fuera un Dios lejano? Bueno, quizás la religión nos ha enseñado eso incorrectamente.

Pero Jesús nos enseñó con su ejemplo a ver a Dios como ese Padre que está ahí para acudir a Él en todo momento. Cuando lo necesitamos, pero también aunque no tengamos una urgencia. Porque Él necesita y quiere que le busquemos. Así como tu papá biológico esperará que hoy lo visites en el Día de los Padres.

¿Te animas a llamarle “papi” a Dios?

Yo me atreví. Y pensaba que no sentiría nada. Pero me equivoqué.

Me sorprendí cuando, cerrando mis ojos y hablándole a Dios en mi mente, al llamarlo papi casi automáticamente también salieron dos palabras que no planificaba decirle en ese momento. Lo llamé “Papi”, y no pude refrenar el deseo de decirle también, “te amo”.

Y mi Papá que está en los cielos, pero que también está en todas partes conmigo, me respondió. No con palabras esta vez. Si no con el sentimiento de ternura que me sobrecogió después de decirle “Papi, te amo”.

Fue como si me hubiera abrazado, cual padre que abraza a su niño y le da un beso al acostarse.

Hágalo usted también. Oremos para que no sólo por una vez o una sola ocasión en particular, sino que siempre le llamemos así.

Pero no se confunda. No se trata sólo de llamarle así. Se trata de acercarnos más a Él. Si nos acercamos, actuaremos, viviremos y hablaremos como Él nos manda. Y no nos causará malestar obedecerlo en todo.

Para llamarle así hay que ser hijos. Y si somos hijos, entonces no será difícil llamarlo. Tampoco obedecerle.

Recuerden que “Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Romanos 8:15)

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sobre el autor

Antolín Maldonado-Jaime Torres

 Antolín Maldonado

Posee un Bachillerato en Artes con concentración en Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico...

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