De vez en cuando es necesario crear un balance escuchando canciones alegres.
Abundan las composiciones tristes, tal vez por las intrigas en las relaciones entre la pareja, que no pocas veces -por su complejidad- terminan bien.
En tiempos recientes no recuerdo otro momento en que resulte tan necesario escuchar otras temáticas por las emisoras del País.
No soy partidario del masoquismo. Si estoy desconsolado, ¿por qué echarle más leña al fuego escuchando a Víctor Manuelle o a Simone?
Eso lo comprobé caminando hace unos días cuando, utilizando el sistema aleatorio de mi ipod, salió la versión “Mil gracias” que Azuquita grabó con Los Jubilados de Cuba.
Es un tema sabroso, pero de una letra dura e irónica, sobre todo en la parte que versa: “ya no creo ni en mi mismo”. Rápidamente pensé en un reciente desengaño (los más dolorosos son los que vienen rubricados por una amistad). Y casi desconecto el aparato cuando inmediatamente después escuché los acordes de la marcha nupcial...
Pero grata fue la sorpresa cuando arrancó una guaracha y la recordada Gorda de Oro, Myrta Silva comenzó a interpretar “Mujer en luna llena”.
"Madre, la luna está llena/y yo me quiero casar/Pero me surge un dilema/sin poder solucionar/De tantos novios que tengo/con cuál me debo quedar/Si me caso con un carpintero/con su martillo me clavaría/y si me caso con un panadero/con la masa me asfixiaría...”
Confieso que la difunta Myrta Silva me arrancó las primeras carcajadas del día y me encendió el bombillo: dedicar este blog al humor, la jocosidad y la picardía como temáticas que han diversificado parte del repertorio de la salsa y de otras músicas populares.
La radio debe considerar la divulgación de estos temas porque gustan mucho. De lo contrario, Tite y Los Sureños y John Jairo no venderían tantos discos, aunque a veces se les va la mano.
“Mujer en luna llena”, obra de Ivette Marchand popularizada por la Gorda de Oro, aparece en la colección “Canciones que mi mamá no me enseñó” (Tico 1171) que incluye cortes como “Alcapurria”, “La cosita”, “María Bochaloca”, “Como duele eso, nene” y “Dr. Bugalón”.
Myrta Silva ha sido una de las intérpretes más pícaras y atrevidas de la música afrocaribeña, al igual que la cubana Graciela Grillo, recordada por “Ay, José”, “Si, si, no, no” y otras.
En la onda de la sátira religiosa, la bomba con seis “Pepe Juan”, del cd “Tierra, música y sentimiento” de Tito Valentín y Tito Gómez, alude al juicio final a que San Pedro expone a un ingenuo pecador tras su llegada al cielo.
“Para ir a una fiesta/un poquito de esto/para olvidar los problemas/un poquito de aquello/que divertido era todo/yo te lo juro San Pedro...”
Tu sentencia: “pa'l infierno vas directo”.
La bomba “Si Dios fuera negro” de Roberto Angleró, un experto en el manejo del humor y la ironía, es otro ejemplo.
Hay otras historias, como “El barbarazo” de Wilfrido Vargas (“y el queso que había en la mesa/también se lo comió/ese barbarazo acabó con to”) que fácilmente, aunque es un merengue, te pueden hacer reir.
El disco “Guasábara”, de José Lugo Orchestra, apela mucho al vacilón con “El muñeco”, “El plumero”, “El cangrejo” y “Si no vas a cocinar” (“¿pa' qué tú enciendes la candela?”)
Al ritmo de plena/songo/jazz, la historia de “El macanazo”, grabada por Hermán Olivera con Papo Vázquez en el cd “From The Badlands”, es igual de divertida porque enfoca la experiencia del músico que va con demora a un baile y un oficial de tránsito lo denuncia por exceso de velocidad, complicándose la situación cuando descubre que no tiene la licencia del vehículo.
En su disco “Cambio de sentido”, Cano Estremera, una de las voces más elocuentes del humor salsoso, presenta “Con ojos de dólar”, “Pobre diablo” y “Profesor de décimo grado”. Sus interpretaciones de “La boda de ella”, “El caimán”, “El gato”, “La gringa” y “La novia automática” son memorables.
En el nuevo cd de La Trópica escucharán “Dentro de poco tiempo”, un texto de Perín Vázquez en que el sonero Javi Marrero plantea:
“Dentro de poco tiempo/la cosa cómo será/La computadora será la gobernadora/me van a casar con una mujer clonada/y el amor te lo recetará un doctor...”
Y podríamos enumerar decenas más, como “El pío pío” de la Sonora con Luigi, “Pirata de la mar” de Bobby Valentín con Marvin Santiago, “Montserrate” de Héctor Lavoe, “El caballo pelotero” de El Gran Combo y “Siete pies bajo la tierra” de Ismael Rivera, la historia de un tipo que le ofrecen un trago de pitorro y en un tropezón la bebida le cae encima a un ratón que ve volar en cantos.
(“Siete pies bajo la tierra estuviera yo/si no llega al vacilón aquel ratón...”)
De Willie Colón no pueden faltar “El diablo” y “La mala situación” (“no tengo ni pa' comer/no puedo trabajar/pues ya vendí mi trombón”) y de Rubén Blades con Barretto “El presupuesto” (“un ladrón me dio un asalto y él mismo me tuvo que prestar”) y de su nuevo cd “Cantares del subdesarrollo” la crónica “El tartamudo”: (“Tú te lo pi-pi/tú te lo pi-pi/tú te lo pi-pierdes/por ser tan hija e pu-pu...”)
El humor no es una novedad en la música popular. Basta recordar el éxito “Jugando mamá jugando” de Rafael Hernández; las controversias de Ramito y La Calandria; composiciones de Baltazar Carrero, como “Los cupones”, e interpretaciones como “La vieja voladora” de Chuito el de Bayamón.
¿Cuáles recuerdas tú?
