Los impuestos en Puerto Rico parecen ser el cuento de nunca acabar. Cada vez, los ciudadanos asalariados y los negocios encaran más cargas contributivas. Lo peor del caso es que la carga impositiva que nos agobia no logra subsanar el déficit que vive el País. Así las cosas, Puerto Rico sigue inventando impuestos para salir de la crisis, pero parece que nunca salimos del hoyo.
Tome el nuevo impuesto a la propiedad inmueble, que forma parte de las enmiendas a la Ley 7 y que desde la semana pasada sólo aguarda la rúbrica del gobernador Luis Fortuño.
Dicho impuesto pondrá a pagar cuatro veces al año a los dueños de propiedades inmuebles. En enero y julio, que es el pago que ya se le hace al Centro de Recaudación de Ingresos Municipales (CRIM) y en septiembre y marzo, que sería el nuevo pago que se le haría al Departamento de Hacienda, a raíz de la Ley 7.
El impuesto estará vigente por tres años o hasta que se recauden $690 millones, lo que ocurra primero.
Si bien Puerto Rico necesita generar dinero para zanjar su déficit, las iniciativas que se están poniendo en marcha para lograrlo se quedan cojas. Peor aún, no son equitativas.
Pero tal y como reportamos en la edíción de este domingo de la revista Negocios, la cifra de propiedades sin tasar oscilan entre 250,000 y 600,000 unidades, dependiendo a quién se le pregunte. Tomemos entonces un promedio y digamos que en Puerto Rico hay unas 425,000 propiedades sin tasar.
Estamos hablando de casi medio millón de propiedades que no están tributando actualmente al CRIM y que con el nuevo impuesto, tampoco pagarán un solo centavo al Departamento de Hacienda.
Entonces, la historia se repite. Seguirán pagando unos pocos para subsidiar las necesidades de todos.
Hasta cierto punto, lo mismo pasó con el IVU. En términos simples, el impuesto a la venta se creó ya que las arcas gubernamentales no recibían suficiente dinero para cumplir con las obligaciones del País, por la rampante evasión contributiva que impera en Puerto Rico.
La solución fue entonces establecer una carga adicional para el consumidor, pero sin el alivio necesario para el empleado asalariado y para aquellos trabajadores y dueños de negocios que sí cumplen con sus deberes tributarios.
¿Acaso no aprendemos de nuestros errores? Antes de crear un impuesto adicional, el Gobierno tiene que meterle mano a esos cientos de miles de propiedades que están por la libre sin pagar un sólo centavo, sencillamente porque el CRIM no ha ido a tasar esas propiedades.
¿Cuál va a ser la excusa ahora? Que no hay dinero para contratar empleados. Pues bienvenidos a la era de hacer más con menos. La era de la reinvención. De las vacas flacas. Llámela como le guste, pero ya Puerto Rico no aguanta la inacción.
Es hora de distribuir bien los recursos de acuerdo con las necesidades. De readiestrar donde sea necesario. De ponerse a trabajar en pro del bienestar del País. De dejar atrás el ñe ñe ñé. De reconocer que el hecho de que las cosas siempre se han hecho de una manera, no necesariamente las hace correctas o adecuadas para los tiempos que estamos viviendo. Y esto no sólo le aplica al CRIM. Esto le cae a todo el sector público, al sector privado y a los sindicatos.
Es naturaleza humana resistir el cambio. Pero si no cambiamos, no saldremos airosos.

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