El 27 de julio pasado pude ver una de las protestas contra la reforma de salud del Presidente Obama.
Fue en la ciudad de Indianápolis, donde he vivido en dos ocasiones por un total de ocho años y a donde viajé para participar de la Asamblea General de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en los Estados Unidos y Canadá. Como llegué temprano en la tarde, decidí caminar hacia una farmacia cercana al centro de la ciudad para comprar algunos artículos de primera necesidad.
Cuando estaba relativamente cerca de la farmacia, encontré a un grupo de aproximadamente 80 personas que estaba protestando con carteles en las manos y consignas en sus voces. El grupo estaba compuesto en su totalidad por personas "blancas", de transfondo angloeuropeo. Aunque algunas personas eran relativamente jóvenes, la inmensa mayoría estaba en la tercera edad.
De primera intención, pensé que era una protesta contra el hotel que estaba frente a la esquina donde se encontraba el grupo. Empero, al acercarme pude escuchar los gritos y leer las consignas. Eran una mezcla de cuatro elementos. Algunas personas protestaban contra la reforma de salud. Otras afirmaban que Obama desea nacionalizar el sistema de salud, eliminando las aseguradoras privadas, aunque ninguno de los proyectos de ley existentes presenta esta opción. Aun otras afirmaban que el Gobierno desea matar a las personas ancianas, aunque la inmensa mayoría de éstas ya está cubierta desde el 1965 por otro programa de gobierno, el Medicare. Y el Medicare no practica la eutanasia. Finalmente, la cuarta categoría eran consignas abiertamente racistas, de personas que lanzaban epítetos raciales contra el Presidente y los inmigrantes.
Debo confesar que decidí dar la vuelta al bloque antes de cruzar la línea de piquetes. Eso me permitió caminar por el centro de la ciudad, donde se encuentra el Monumento en el Círculo. Me tranquilizó ver varios policías proveyendo seguridad. Al volver de la farmacia, caminé por la acera donde estaban los quejosos, quienes, gracias a Dios, me ignoraron. Pero fue extraño caminar entre personas que gritaban consignas racistas y que miraban con odio a toda persona que no compartía sus sentimientos.
Es evidente, pues, que el debate sobre la reforma de salud -un tema de crucial importancia- se ha convertido en una trinchera muy importante para las fuerzas que se oponen al Presidente Obama. Eso explica por qué hay tanta desinformación y tanto odio en relación con el tema. El problema es que estas tácticas politiqueras están impidiendo el diálogo sincero sobre la reforma de salud.
Y tanto el pueblo estadounidense como el puertorriqueño necesitan una reforma de salud. Millones de personas carecen de planes médicos y decenas de miles están perdiendo sus planes, sea porque pierden su trabajo, porque cambian de empleo o porque los planes se niegan a aceptarlos, alegando que tienen condiciones de salud preexistentes que los hacen inelegibles. Estos son problemas muy serios, que deben ser atendidos debidamente para sanear la economía. En particular, los negocios pequeños necesitan que el Gobierno les ayude a manejar el alto costo de los planes médicos de sus empleados. Sin esto, la recuperación económica puede fracasar, lanzando a Estados Unidos -y también a Puerto Rico- a una nueva recesión.
Yo no sé si la propuesta de Obama es la mejor, como tampoco sé si el Congreso tiene la voluntad política para aprobar una reforma de salud. Pero sé que este diálogo no puede ocurrir en medio de un ambiente de mentiras, falsas acusaciones y odios raciales.
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El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. Para contactar el Rev. Jiménez, o acceder varios de sus escritos, grabaciones de audio o vídeos, visite www.drpablojimenez.com.

El Dr. Pablo A. Jiménez Rojas es un ministro ordenado de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo)...


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