Por Jaime Torres Torres
Es una ecuación sencilla.
Sin justicia no hay paz.
Y la lucha por la justicia, en su esencia, entraña un acto de amor y de entrega al prójimo.
Días atrás conocí de cerca la realidad de la comunidad Villas del Sol en Toa Baja.
Irrespectivamente de que sean rescatadores e invasores de terrenos, su presencia allí, con la cobertura mediática de las pasadas semanas, revela una verdad indiscutible: la pobreza de las familias que residen, muchas desde más de una década, en la comunidad.
El Estado, con su ineludible responsabilidad jurídica, es un organismo cuya operación se justifica en tanto y en cuanto garantice el bienestar de las personas.
En nuestra Patria abundan los complejos de viviendas para ricos, muchos deshabitados y encaminados hoy, por sus altos costos y prohibitivos precios, a convertirse en “elefantes blancos”, cuando son escasas las viviendas populares.
En Villas del Sol residen niños, jóvenes, esposos y ancianos; a grandes rasgos, la comunidad la configuran pobres; muchos de nacionalidad dominicana.
No respaldo la invasión indiscriminada de terrenos, pero el Estado se debe comprometer, a la mayor brevedad posible, por gestionar un techo digno para sus residentes porque no son cosas ni animales, sino SERES HUMANOS.
Bajo ninguna circunstancia se justifican los macanazos, los empujones ni el uso del gas pimienta. Menos la suspensión de la energía eléctrica y del agua potable, fuente básica y fundamental de la vida.
En época de elecciones el actual alcalde Aníbal Vega Borges visitó Villas del Sol con mil promesas. Ocho meses después respalda el desahucio de las poco más de 200 familias que residen allí.
Y lo más triste del proceso es la ignorancia de un gran sector del País que, ante la frustración e impotencia con que se somete al imperio estadounidense, se convierte en el fragmento de la soga que corta por lo más fino con su racismo, xenofobia e intolerancia hacia los hermanos dominicanos.
Villas del Sol, como décadas atrás sucedió con Villa Cañona, Villa Sin Miedo y el sector Tocones de Medianía en Loíza, donde Adolfina Villanueva fue acribillada a balazos por efectivos de la policía, es un asunto de derechos humanos que dramatiza la lucha de clases y la pobreza que hay en Puerto Rico.
No es un asunto para pasar la página ni para cambiar la cara. Villas del Sol es un issue en el que seres humanos, nacidos en la vecina antilla pero hermanos caribeños, urgen que se les garantice acceso a lo básico.
En el espíritu del Evangelio, un cristiano auténtico y convertido realmente no puede permanecer indiferente e inerte ante este y otros dramas humanos.
Las familias de Villas del Sol no tienen voz y necesitan la tuya y la mía. No tienen agua para sus niños y no necesitan la del caño aledaño, sino la que tú y yo les podamos suministrar. No tienen aliados en medio de tanta incertidumbre ante una operación de desahucio que parece inminente, pero necesitan nuestra solidaridad y nuestros ojos para que su seguridad e integridad sean respetadas.
Es decir, la suma de AMOR y justicia que se totaliza la PAZ.
¿Cómo actuaría Jesucristo?
La semana pasada la líder comunitaria Maritza de la Cruz, que recibió varios macanazos y empujones de la fuerza de choque a pesar de sus ocho meses de embarazo, dijo en un foro radial que los residentes de Villas del Sol reclamarán y defenderán sus derechos humanos mediante la resistencia pacífica...
Yo me convenzo de que El estaría a su lado...
¿Y tú?
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