Del mismo modo que las plantas necesitan luz solar para seguir viviendo, los jóvenes precisan la amistad de otros jóvenes para seguir floreciendo. La amistad para los adolescentes es como el oxígeno para la sangre, materia de exclusiva necesidad. El enlace de la amistad en el periodo de la adolescencia no lo rompe nadie de afuera, sólo se afecta si uno de los amigos quiebra la fidelidad. Y es que en la primavera de la vida los amigos no sólo son escuchas comprensivos sino camaradas comprometidos. La similitud de las experiencias que se viven en ese periodo del desarrollo hace que los muchachos se vean reflejados en los problemas de sus pares.
No hay lugar a dudas acerca de la intensidad de los años adolescentes. Es como afirmar que todo aquel joven que atraviesa el umbral de los trece tiene que vivir una metamorfosis que no cesa ni aún llegando a la marca de los diecinueve. Ese periodo se distingue por el color y el calor de las relaciones con los padres y con las figuras de autoridad. También se caracteriza por el arribo de experiencias nuevas y de sensaciones fuertes.
Los amigos para los jóvenes son como su otro yo. Se necesitan constantemente y se cuentan intimidades y miedos que muchos adultos son incapaces de contar a un profesional de la conducta. Los temas que recogen el espectro de su comunicación son amplios e intensos. Esas relaciones de amigo y las manifestaciones de la fidelidad son como un ensayo real que prepara a los individuos para vivir las experiencias de adulto.
Para un joven un amigo es como su otro yo, es como su propia sangre. Ese amigo es alguien a quien hay que defender a toda costa y a quien no se le puede fallar por nada ni por nadie. Es por ello que al romperse una relación de amigos en la adolescencia el sentido de pérdida y el de vacío dura por siempre. En esas relaciones hay un clarísimo sentido de pertenencia así como claros cánones de respeto y sentidos de protección mutua. Los amigos de verdad dicen presente, no importan las circunstancias. Siempre están ahí y siempre se puede contar con ellos pues ni la distancia, ni el tiempo, ni la lluvia ni las tempestades los detienen . La amistad pesa todos los kilogramos del mundo.
La amistad es tan etérea y abstracta como la felicidad misma, pero tan gráfica y concreta como las heridas que abre un escalpelo afilado en la piel de un cuerpo humano. La amistad de los chicos es tan cierta como la noche que arriba en el ocaso de cada día. Tan liviana como el humo y tan pesada como la dignidad.
Cuando los adolescentes confrontan problemas o se encuentran atrapados en una encrucijada, el hablar con un amigo o amiga surte el efecto de disminuir el poder que el problema ejerce sobre el afectado. En las conversaciones de amigos salen a relucir frustraciones, sueños, confesiones de amor, aceptación de derrotas, divulgación de interioridades de naturaleza confidencial, en fin la luz y la oscuridad que se baten como demonios encerrados en el alma de todo ser humano.
Cuando los años pasan y los vientos del pasado nos tocan a manera de brisa de vez en cuando, puede ser que de pronto veamos una película mental, de nuestros años mozos. Lo que deseo sobresaltar es el profundo significado que tienen las experiencias que se viven junto a los amigos. Esas experiencias se incrustan en nuestra memoria y se quedan ahí y lo mejor es que podemos volver a ellas cuando queramos.
La mera presencia física de un amigo da serenidad. La amistad es como el complemento perfecto para atravesar las aguas turbulentas de la vida. La amistad es una experiencia, tiene sustancia de proceso, no es meramente producto o destino, es: vereda, ruta escabrosa, peladura de rodillas, fechorías perdonables o locuras atrevidas.
En las derrotas y en los momentos amargos que nos trae el devenir de los tiempos, los amigos vienen a ser bálsamo, pañuelo que enjuga, hombro dispuesto para llorar o lluvia de lágrimas gemelas que brotan por las mismas razones que no brotan cuando son innecesarias.
La amistad pesa mas que el agua y que los metales pesados de la tabla periódica. Pesa y no pesa. Mejor dicho pesa, pero no cuesta. Los amigos, ya sea en la adolescencia en la adultez o en la ruta inevitable de las cabelleras atardecidas, los amigos son como un sustito, como una presencia que calma, como algo que faltaba para poder sentarnos quietos a conversar. La amistad brota de donde mismo brota la verdad y sus asuntos. Brota de la necesidad de estar acompañado, del frasco que guarda el antídoto de la soledad… o sea del cofre que custodia la fuerza más avasallante que corazón humano jamás haya podido sentir…la fuerza poderosa del Amor. Un abrazo, Dr. Cintrón Opio… me contactas en angelcintron@yahoo.com
