Así lo dijo la legendaria cantante cubana Graciela Grillo, la hermana del mítico Machito que en el elepé “Fireworks” cantó: “Salsa, somos salseros/reconocidos en el mundo entero”.
Graciela señaló que solo conoce una salsa: la que su hermano usaba como ingrediente de “La paella” y su “Sopa de pichón”.
Y al reiterar que eso de salsa es un disparate, alborotó el avispero, provocando el malestar de cientos de melómanos en Perú, Colombia, Puerto Rico, Panamá, Venezuela, Ecuador y Nueva York.
Me pareció escuchar a Tito Puente en una entrevista que le hice en 1993 al hablar de la música afrocubana.
“No hay tal cosa como salsa; yo tocó guaguancó, rumba, guaracha y guajira. La salsa que yo conozco es la Hunt y la marca Libbys”.
El problema es que el mismo Rey del Timbal, que se desarrolló en la época del mambo y los días del Palladium, que son la prehistoria de la salsa, no entendió que, más que un género, es un movimiento sociocultural forjado por la diáspora de músicos y cantantes caribeños que emigraron al Barrio Latino y al Bronx de Nueva York a mediados de la década del 60.
Ese movimiento, aunque no faltaron dominicanos como Johnny Pacheco y Frankie Dante y cubanos como Justo Betancourt y Pupy Lagarreta, se nutrió en su mayor parte de puertorriqueños, que como Héctor Lavoe e Ismael Rivera aportaron la herencia del aguinaldo y de la bomba y plena borincanas.
Por respeto, no le discutí a Graciela. La noticia era buena y sería muy leída. Y como la intérprete de “Ay José” conserva su mente clara como el agua, publicamos en el impreso, suscitando la controversia ya conocida.
Sus razones tendrá para afirmar que “eso que llaman salsa es un disparate” y menos aún reconocer la aportación de los puertorriqueños.
En la entrevista, publicada en la edición del pasado domingo 6 de septiembre, Graciela bendijo a Choco Orta y defendió a Celia Cruz.
Por falta de espacio, no publicamos que se desbordó en elogios hacia Gilbertito Santa Rosa, a quien sí reconoció como el Caballero de la Salsa.
Habló de su amiga Ruth Fernández, la Negra de Ponce que grabó un elepé con su hermano Machito y aclaró que nunca vivió un romance con el arreglista y director cubano Mario Bauzá, que no fue ella sino su hermana.
No hay duda que Graciela es un personaje. A los 94 años no tiene necesidad de rendir pleitesías a nadie.
Pero, tristemente, no reconoció la puertorriqueñidad de la salsa, más que evidente en cada aguinaldo, plena, bomba o danza interpretados por Willie Colón, Mon Rivera, Cortijo, Eddie Palmieri o la Sonora Ponceña.
Nunca, debo confesar, imaginé que despotricara contra su paisana La Lupe en defensa de la también legendaria Celia Cruz.
Le pregunté si no le parecía que La Yiyiyi era una intérprete y “entertainer” más polifacética que Celia, recordándole que los discos de Lupe con Tito Puente son clásicos y que vendieron mucho más que los de Celia con el Rey.
Pero, Graciela, preguntándome si nací después de Menudo, me amenazó con colgar el teléfono...
