Pablo A. Jiménez
24-Sep-2009

Al borde del precipicio

Las personas en crisis tienden a negar la existencia de sus problemas.

Como parte de mi práctica pastoral, yo tengo la oportunidad de hablar con decenas de personas en crisis cada mes. Y una de las características comunes de dichas personas es la tendencia a minimizar o hasta a negar sus problemas.

De acuerdo con Elizabeth Kübler-Ross, la negación es la primera etapa del proceso de duelo, el proceso por el cual pasamos los seres humanos cuando enfrentamos una pérdida. La negación es, pues, normal. Sin embargo, quedarse estancado en la etapa de la negación puede acarrear serias consecuencias.

Es evidente que Puerto Rico atraviesa una profunda y multiforme crisis financiera. Y creo que también es evidente que la mayor parte de la gente está en negación, minimizando la crisis o hasta negando su existencia.

Hace unos meses nuestra denominación invitó a un economista para que nos explicara la situación fiscal del País. Más de 200 personas asistieron a este evento, en el que el economista explicó que Puerto Rico tiene un “déficit estructural”, es decir, permanente, de varios miles de millones de dólares. Explicó, además, que dicho déficit se originó a finales de la década de los 90 y que se ha agudizado hasta llegar a más de 3,000 millones de dólares anuales.

Cual no fue mi sorpresa cuando escuché protestar a un profesor universitario. El amigo esperaba que el economista dijera que no hay déficit alguno, sino que todo es una patraña del partido del gobierno para despedir empleados de otros partidos y llenar luego las plazas vacantes con personas de su partido. Las protestas de mi amigo continuaron cuando el economista indicó que Puerto Rico está llegando al borde de su capacidad de crédito y que sólo quedaban dos maneras de atajar el déficit: aumentar los recaudos o bajar los gastos del gobierno. La protesta llegó a su punto alto cuando el economista afirmó que el gobierno de Puerto Rico no tiene posibilidad alguna de reducir sus gastos de manera significativa sin despedir empleados públicos.

La reacción de este hombre tan bien educado me lleva a concluir que una buena parte de la sociedad puertorriqueña está en negación. No creen que el gobierno de Puerto Rico esté al borde de la quiebra; no creen que exista déficit alguno; no desean aumentos en los impuestos; no desean despidos de empleados públicos; y ni siquiera desean recortes en los servicios de gobierno. E imagino que algunas de las personas que leerán esta columna también están convencidas de que el déficit no es real.

Sin embargo, yo creo que Puerto Rico está al borde del precipicio. El problema es que las diversas fuerzas sociales del País no tienen la voluntad política necesaria para trabajar unidas en la búsqueda de soluciones efectivas a los problemas de la Isla. Esto nos deja en un país balcanizado, sin un proyecto social claramente definido, donde todas las posibles soluciones tendrán consecuencias negativas. En Puerto Rico no hay consenso social para nada, mucho menos para lidiar con la crisis más profunda que ha enfrentado nuestra economía en los pasados 60 años.

Permítanme repetir esto: la crisis es real. El gobierno de Puerto Rico está al borde de la quiebra. El País no tiene crédito suficiente para añadir 12 mil millones de dólares al déficit durante este cuatrienio. El despido de decenas de miles de empleados públicos tendrá consecuencias nefastas para la economía. Los empleados cesanteados tienen derecho a demandar y, de hacerlo, posiblemente ganarán las demandas. Esto sólo agudizará la crisis, dado que el Departamento de Justicia no tiene recursos humanos suficientes para enfrentar la avalancha de demandas, ni el gobierno el dinero para pagar los daños por las demandas que pierda. El ambiente de lucha laboral afecta los mercados y frena la inversión. Y, finalmente, el pueblo no puede aguantar 12 mil millones de dólares en nuevos impuestos. No hay soluciones fáciles. Todas las alternativas son dolorosas, todas tendrán un efecto recesivo en la economía y todas tendrán graves consecuencias para la sociedad boricua.

¿Qué debemos hacer? Yo no sé como solucionar esto. Empero, sé que el primer paso para enfrentar la crisis es reconocer su existencia. Y en este caso, esto implica admitir que nuestro país está al borde del precipicio.

¿Qué opina usted? Le invito a compartir su opinión, comentando tanto el contenido de esta columna como los comentarios de otros lectores.

El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. Para contactar el Rev. Jiménez, o ver varios de sus escritos, grabaciones de audio o vídeos, visite www.drpablojimenez.com.

Nota: He recibido un comentario extenso que no publicó completo en el área destinada para estos. A continuación, comparto con los lectores el comentario del doctor Ángel Rosa Vélez:

Al borde de un precipicio centenario

La crisis es real, es vieja, es política, se trata de ausencia de poderes. Somos una colonia. Parece que la crisis es tan profunda que se falsea la realidad, caemos en el simplismo y los necios hablan.

Casualmente compartí la misma actividad con el Rvdo. Pablo Jiménez en la que el economista y profesor de la UPR se dirigió a un grupo de pastores y laicos de mi denominación. La actividad se le dio el nombre de Conversatorio. Todavía me sorprende lo que escuché del invitado: “Que las diferencias económicas entre las clases sociales en Puerto Rico se han reducido”. “Que la solución no la podemos basar en que los ricos aporten más que los pobres” y “que los despidos de empleados públicos son justificados”. Esto no debe ni puede estar a tono con la moral cristiana que el Rvdo. Jiménez y los allí presentes profesamos. No respondí tal “afrenta” y me arrepiento. Pero sucedió algo al final que fue un aliciente como cierre de la actividad. Un queridísimo hermano y amigo aportó un comentario que a mi parecer salvó el supuesto “Conversatorio”. Un comentario relevante, de fondo sincero e ideológico: “La crisis es real, es vieja -más vieja que los malos gobiernos que por supuesto contribuyen a hacerla más difícil- es política, se trata de ausencia de poderes. Y quisiera saber qué está haciendo nuestra denominación ante esta crisis.”

Sentados juntos al amigo, él nos comentaba: “Quieren justificar el despido de treinta mil trabajadores, pero no pueden justificar que las grandes multinacionales y mega tiendas como Wal Mart, K-Mart, Home Depot, Marshalls, Sears, J C Penneys, y otras aporten un escaso 10% de una ganancia que es multimillonaria. Propuesta promovida durante el cuatrienio pasado por algunos legisladores.”

Mi respuesta es al Blog del Rvdo. Pablo Jiménez pues parece que no ha encontrado la solución y ésta nos da en la cara: la solución es real, es política, se trata de ausencia de poderes: somos una colonia. Pablo contaminar la verdad con mentiras no es justo ni es moral. El borde del precipicio es centenario y que debemos asumir posiciones con el Dios de los pobres como decía nuestro amigo Samuel. Pero no podemos pedirle peras al olmo y defender lo indefendible, cuando escuchamos y seguimos a un economista asesor de los grandes intereses bancarios en Puerto Rico. La solución no puede ser conformista ni ciega. La irresponsabilidad con que el gobierno ha tratado la crisis y el contubernio con los grandes intereses no debe hacer eco en nuestras iglesias. Sabemos que la solución será para ellos partir por lo más fino: los trabajadores del país, la clase asalariada. Y aceptar esto, amigos lectores, es simplismo, necedad y deshonestidad.

Dr. Ángel Rosa Vélez

Catedrático Asociado Universidad de Puerto Rico, Río Piedras

sobre el autor

Pablo A. Jiménez

El Dr. Pablo A. Jiménez Rojas es un ministro ordenado de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) [ICDC]. Nacido en la ciudad de Nueva York, se ...

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