Puerto Rico vive en una crisis permanente. Esa crisis es profunda y multiforme. Es una crisis política, económica y de valores.
La crisis política nos acompaña desde que los conquistadores europeos invadieron la Isla. La crisis económica ha sido constante, con cortos períodos de crecimiento y recuperación. Y la crisis de valores explotó en la segunda mitad del siglo XX.
Hoy vivimos en un país donde no hay consenso político y donde las tribus partidistas siguen ciegamente a los caudillos de turno. Hoy vivimos en una isla donde la gente defiende a los narcos, diciendo que son “buenos muchachos que no le hacen mal a nadie”.
Y llegamos a la crisis financiera. La economía de Estados Unidos creció durante la década de los 90, motivada por el crecimiento desmedido de los mercados de valores durante la administración Clinton, quien balanceó el presupuesto federal. Empero, las guerras en Irak y Afganistán han provocado un déficit enorme en el presupuesto de la nación. Eso, unido al desplome del mercado de préstamos personales e hipotecarios, ha dejado a los estadounidenses en crisis.
La economía puertorriqueña también se ha deteriorado. Y, al igual que en Estados Unidos, los gobiernos de turno en Puerto Rico trataron de disfrazar la crisis. Usaron trucos tales como no pagar el arrendamiento de los edificios públicos y los servicios de electricidad y agua. Tomaron préstamos y afirmaron que la crisis sería superada rápidamente. Pero todo era falso.
La situación hoy es sencilla, pero peligrosa. Estados Unidos ha comenzado a salir de la crisis, mientras la economía puertorriqueña no despega. Cuando la crisis en la metrópolis termine, también finalizarán los incentivos y las ayudas federales de emergencia. Y Puerto Rico puede quedarse en una crisis financiera permanente, sin ayudas para superarla.
Y todas las medidas para atajar la recesión agudizarán la crisis a corto plazo. Todas. El despido masivo de empleados públicos aumentará el desempleo y las quiebras personales, además de que causará un malestar social agudo. Si el gobierno recapacita y decide aumentar las contribuciones a las grandes corporaciones, éstas probablemente aumentarán los precios de sus productos y servicios, lo que incrementará la inflación en el país. Y no podemos descartar que algunas empresas despidan empleados o que se vayan del país, un fenómeno constante en Puerto Rico. Si el gobierno decide pedir más dinero prestado, esto puede causar la devaluación de los bonos del Estado Libre Asociado (ELA). Y si no se hace nada, el gobierno puede quebrar.
Quizás ahora puedan comprender mejor lo que quise decir en mi columna anterior. La crisis es real y es permanente. Y todas las soluciones traerán consecuencias nefastas para la economía y la sociedad puertorriqueña a corto plazo. Todas. El que tiene oídos para oír, oiga.
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El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. Para contactar el Rev. Jiménez, o acceder varios de sus escritos, grabaciones de audio o vídeos, visite www.drpablojimenez.com.
