Rafael Lama
05-Oct-2009

Diálogo para el desarrollo

A once días de haberse anunciado los 16,970  despidos del Gobierno, persiste la gran interrogante de cómo se logrará restaurar el crecimiento económico del país. 
 La pregunta no se limita sólo a cómo estas casi 17,000 personas se reinsertarán en la fuerza laboral, sino cómo lograremos como pueblo generar empleo para el resto de los que se han quedado sin empleo en el sector privado?
Según los propios números del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos,  en los años fiscales 2007 y 2008 el empleo en el sector privado perdió unos   37,000 puestos.   Mientras, durante los pasados 12 meses (hasta agosto) se han perdido otros  89,000 empleo. 
  En la edición de ayer de la revista Negocios de El Nuevo Día, entrevistamos a José R. Pérez-Riera, secretario de Desarrollo Económico y Comercio, para auscultar cómo su equipo pretende levantar el lacerado estado de nuestra economía.
  Pero más allá de todos sus planes -incluyendo Alianzas Público-Privadas, impulso a la economía del conocimiento  y reforma energética, entre otros- Puerto Rico debe considerar un  aspecto importante para el desarrollo: el diálogo.
 El Gobierno puede desarrollar el mejor plan del mundo y con las mejores intenciones. Pero si no se abre un diálogo efectivo entre todas las partes, Puerto Rico no despegará.
Se ha mencionado hasta la saciedad el caso de Irlanda. Independientemente de los retos que enfrenta esa nación europea hoy día, nadie puede negar que su asombrosa recuperación tuvo génesis en 1987,  cuando el gobierno, los sindicatos  y el sector privado se sentaron en una misma mesa a crear los pactos sociales que, eventualmente, viabilizaron la recuperación del país
Mencionaba el otro día este  tema en una conversación en la que luego surgió  el caso de   la Autoridad de Energía Eléctrica.  La persona me  cuestionó   ¿pero quién se sienta a dialogar con un Ricardo Santos? (ex presidente de  la UTIER). Esto en referencia al fogoso estilo del líder sindical.
 Pero el tema es precisamente ese. El diálogo no siempre es fácil. Toma tiempo, paciencia y, sobre todo, requiere estar dispuesto a escuchar, especialmente cuando se trata de temas que afectan el trabajo, beneficios y la estabilidad de las personas.
Para que Puerto Rico progrese, necesitamos  que todas las  partes se sienten en juntas en una misma  mesa. Todas las partes tiene que ir a esa mesa conscientes de que hay que compartir el sacrificio.   Con la mentalidad de si no buscamos el bien común, la economía no alzará vuelo nuevamente.

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