Jorge Colón Ortiz
25-Oct-2009

Lo agrio y lo dulce

Momentos agrios:

Momentos agrios, tan amargos como la impresión del gobernador cuando el “huevo justiciero” intentó cambiarle la cara robótica que enseña día tras día cuando le preguntan sobre los despidos. Momento agrio, el del pueblo que soñaba con verle la cara arresmillada y viscosa como la de los miles de empleados públicos cuando vieron sus cartas de despido.

Momentos agrios, como los del pueblo que se queda en la calle, mas no para trabajar por dinero, sino para protestar con el fin de que le devuelvan lo que era suyo. Momento agrio, como el del niño que espera a su madre ansioso, cómo lo hacía yo, soñando con que le traiga una bolsita de estraza con dulces, mas no trae ni los dulces, ni comida para la noche, ni tan siquiera la esperanza de que mañana tendrá con qué comprarla.

Momentos agrios, como cuando los estudiantes del Comité de Acción de Estudiantes de Derecho (CAED), tuvieron que colocar sus posaderas en el pavimento ardiente y cerrar una avenida para que, cómo respuesta antónima, la Policía, que actúa ilegalmente bajo la ley universitaria, abriera los portones de nuestra alma mater.

Momentos agrios, cuando decenas de policías se apostaban en el Expreso Las Américas, como si fuera una escena épica, listos para luchar contra el pueblo del que son parte, porque también son víctimas.

Momento agrio, el de la mujer desventurada, resguardada tras un pañuelo, que camuflaba su identidad, mas no sus ojos llorosos mientras refufuñaba como los niños cuando mueren de rabia. Momento agrio cuando algunos temblaban y otros gritaban con furia para esconder su miedo al ver la barricada de entes azules y negros que los rodeaban.

Momentos agrios, cuando se acaban las consignas y las breas se enfrían en la noche y ya no tiene el mismo sentido sentarse, porque la lucha de ese día se da por terminada.


Momentos dulces:

Momentos dulces, tan dulces como cuando vimos al gobernador sentirse amenazado, verse vulnerable e indignado porque un huevo le dejó una ráfaga en la oreja derecha. Momento dulce, cuando el robótico discurso político de Fortuño pareció tiltearse mientras el periodista Jorge Luis Ramos le preguntaba porqué votó a casi 30 mil empleados, a pesar de haber prometido lo contrario.

Momentos dulces, cuando el pueblo se queda en la calle, para luchar no por su pan, sino por el de todos, por el respeto y la dignidad de un país que se cansa de estar de rodillas.

Momento dulce, cuando una madre llega a su casa sudada, después de luchar por los dulces, por la comida, por la esperanza suya y la de sus hijos. La madre que trae de regalo a su hijo la enseñanza (invaluablemente alimenticia para el intelecto) del valor de la militancia y la protesta por el bien de la democracia, y que sirve como marrón que le da por la cabeza a los gobiernos.

Momentos dulces, cuando el CAED, tras sentarse en la brea caliente, calentó el espíritu, avivó un movimiento serio y fundamentado en la lucha por esos derechos que se nos enseñan en papel, pero hoy los llevamos a la calle y a la acción. Momento dulce, porque el CAED, junto a otros compañeros universitarios, como respuesta antónima al cierre de la universidad, abrieron el aula en la calle, retomaron un espacio anexo a lo arrebatado y le enseñaron a todos el poder que tiene la voluntad.

Momento dulce, cuando ante los policías que sostenían sus macanas por la obligación impuesta por el gobierno insensato, el CAED se acostó frente a ellos, mirando al cielo, entonando La Borinqueña como si recordaran por quién luchan y no contra quién.

Momento dulce, el de los hombres y mujeres que vitoreaban cada vez que se retiraban los monstruos negros y azules, como cuando los niños despiertan de una pesadilla, y el miedo y la agonía se esfuman poco a poco.

Momento dulce, cuando se acaban las consignas, porque la batalla de hoy ha terminado, pero no por la falta deseos de luchar, sino porque mañana la brea otra vez se calienta para que la lucha continúe, porque las armas están en nuestras cabezas y se avecina otra batalla, más fuerte, más aguerrida y con aires de victoria.

-Recuerda que me puedes escribir a: jorge.colon@hotmail.com-

sobre el autor

Jorge Colón Ortiz

Jorge Colón Ortiz nació el 21 de septiembre de 1985 en la "Ciudad Señorial". Es el benjamín de tres hermanos criados en el seno de un hogar donde s...

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