El problema principal de Puerto Rico es el trasiego ilegal de narcóticos.
Recientemente escuché a un economista y a un experto en la rehabilitación de adictos hablando sobre este tema. Y los números que manejan son espeluznantes. Se estima que el trasiego de drogas ilegales en Puerto Rico sobrepasa los 20 mil millones de dólares anuales. De esa cantidad, por lo menos 5 mil millones de dólares se quedan en la Isla, como parte de la economía informal, paralela o subterránea. También se estima que en Puerto Rico existen cerca de 30 mil "puntos" de venta de drogas. Esto implica que el trasiego de drogas es una de las "industrias" más grandes del país y que el dinero que circula en Puerto Rico es comparable con el presupuesto anual del Gobierno de Puerto Rico.
El dinero de los narcos está creando una "narco-sociedad" en nuestra Isla; una narco-sociedad donde los "empleos" generados por el trasiego de drogas son vistos como una opción laboral válida. En ciertos sectores del país, algunos jóvenes consideran el atender un punto o el ser "gatillero" como un trabajo más. Y consideran a los "dueños" de los puntos como negociantes tan honorables como el que más.
En varios sectores de la Isla, la comunidad conoce la localización de los puntos y conoce a los dueños de los puntos. También se conocen los locales usados como "hospitalillos" donde adictos acuden a consumir drogas. La policía los conoce también. Por razones que no entiendo, la policía les permite funcionar. Es ridículo, pero en ocasiones la policía hace bloqueos en lugares cercanos a los puntos de drogas. Sin embargo, no interfieren con la compraventa de las sustancias ilegales.
En dichos sectores, la comunidad tiene que pedirle permiso al dueño del punto para celebrar torneos deportivos en los parques y en las canchas. Hasta las iglesias tienen que hablar con el dueño del punto antes de llevar a cabo servicios al aire libre.
La actitud de la sociedad puertorriqueña ante el trasiego de drogas ilegales es ambivalente. Por un lado, el pueblo pide "mano dura" contra los narcos. Por otro lado, la gente no desea violencia. Claro está, estas expectativas son incompatibles. La "mano dura" ocasiona violencia en las calles, pues la caída de un narco desata una guerra por el control de los puntos en su sector. Empero, si dejamos que los narcos funciones con relativa libertad, su influencia en la Isla seguirá creciendo.
Quizás lo peor es que nuestra sociedad es cómplice del trasiego de drogas ilegales. Sí, es cómplice porque se hace de la vista larga ante el problema. Por ejemplo, los narcotraficantes gastan dinero a manos llenas, comprando autos, casas y artículos de lujo en efectivo. Viven en urbanizaciones exclusivas y sus hijos e hijas estudian en colegios privados. Del mismo modo, cuando los gatilleros son arrestados, contratan a los mejores abogados y abogadas del país. Y lo interesante es que estos jóvenes, quienes oficialmente son desempleados, le pagan decenas del miles de dólares en efectivo a sus representantes legales. Es evidente que todo este dinero proviene del bajo mundo y también es evidente que nuestro silencio nos hace cómplices de esta penosa situación.
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El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. Para contactar el Rev. Jiménez, o ver varios de sus escritos, grabaciones de audio o vídeos, visite www.drpablojimenez.com.
