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Miguel Cotto conoce al dedillo a Roberto Gómez Bolaños. Lo estudió desde muy nene como cuando ahora de grande analiza de la A a la Z a sus rivales.
El boricua por años vio a este señor, que es un actor mexicano, y lo tenía bien leído y estudiado como hoy día tiene al filipino Manny Pacquiao, contra quien combatirá el 14 de noviembre en Las Vegas en una pelea titular en le que se juega el prestigio, a parte de su cinturón welter de la OMB.
Cotto era aquel niñito rechonchito que llegaba directito, sin titubear en el camino desde la escuela a su casa, cual cohete de Fiesta Patronal, para ver en la televisión un 'show' que se quedó con el canto desde la década de 1970 cuando llegó a la Isla el programa infantil mexicano: El Chavo del Ocho.

En las décadas del 80 y 90 siempre mantuvo altos ratings en la televisión local. Y el actor y productor mexicano Gómez Bolaños no era otro sino El Chavo del Ocho, a quien Cotto idolatraba.
Cotto, quien nació en 1980, no soñaba en aquella época con ser un gran deportista. No jugaba béisbol, ni baloncesto, ni hacia pista y campo, natación ni fútbol. Además, el boxeo era un mundo desconocido para él.
“Una vez le compré un guante de béisbol y lo llevé varias veces al parque, pero no dio pie con bola. Eso no era lo de él”, recordó el padre del monarca, Don Miguel Cotto, un militar retirado cuya disciplina fue clave en la crianza de sus hijos.
Mientras, el hoy boxeador dijo que para esos años, antes de llegar a los diez, no tenía metas mayores en el deporte. A los 11 años, y midiendo cerca de cinco pies de estatura, Cotto pesaba 160 libras.
“Yo era un gordito feliz que llegaba a mi casa de la escuela y iba directo a ver El Chavo del Ocho y me comía un plato de corn flakes. Entonces esperaba que mi madre terminara de cocinar para volver a comer”, dijo.
Cotto ha dicho públicamente que jamás, cuando era un jovencito, vio una pelea boxeo, ni otros deportes. Nunca le gustó practicar el béisbol y ni sabía del glorioso boxeador boricua Wilfredo Gómez. Nunca le siguió los pasos a otro ex campeón, Tito Trinidad.
“Yo sí quería ser, esto cuando crecí y tenía de 12 a 13 años, como mi hermano José Miguel que ya había comenzado a despuntar en el boxeo. El era mi motivación. Así fue que llegué al boxeo, al gimnasio. Pero, lo hice para poder rebajar, aunque eso nunca se lo dije 'al viejo'. Ya mis hermanos eran campeones nacionales a nivel aficionado. Pero un día mi papá me dijo que nadie quería pelear conmigo, pero no era por mérito propio, sino por que yo era un Cotto, que tenía el apellido de mis hermanos que ya eran campeones nacionales”, dijo.
Miguel recordó que eso le hirió, le llegó profundo a su ego. Como una derecha corta, pero con mucha fuerza.
Entonces comenzó a meterse de lleno al gimnasio, pero con otra mentalidad.
“Entrenaba duro, todos los días. Y luego decidí irme a la Escuela del Albergue Olímpico especializada en deportes”, sostuvo.
Allí trabajó duro y logró hacer el Equipo Nacional de boxeo a los 16 años. Y comenzó a tener logros.
“ De ahí en adelante ya decidí que lo que quería era ser boxeador. Pero, eso fue después, antes entré al gimnasio para rebajar y antes de eso yo era un gordito feliz....”, dijo.
