Cierre los ojos por unos segundos -o no los cierre, lo mismo da- e imagine que no come nada hoy, ni mañana, y tampoco pasado mañana, y que lo único que se lleva a los labios es un poco de agua con azúcar. Imagine que esto se prolonga durante una semana y luego dos y más tarde tres, y que pronto cumplirá la cuarta.
Dicen los que saben que la imaginación no alcanza para comprender en toda su magnitud lo que sucede en el proceso de una huelga de hambre como la que sostiene desde hace 24 días Aminetu Haidar, la activista saharaui de 42 años para quien estos ayunos no son extraños: en 2005 pasó 53 días sin ingerir alimentos, también por asuntos de conciencia, de principios, de dignidad, alentada por el terror con el que los marroquíes han convertido en un infierno las ya de por sí calcinantes arenas del Sahara Occidental.
¿El problema? La sangrienta represión con la que desde hace muchos años Marruecos ha aplastado las aspiraciones de libertad de los saharauis, drama de proporciones dantescas que muy poca atención ha recibido del resto del mundo y que ahora adquiere cierta prominencia luego de que Aminetu fuese deportada de Marruecos en tránsito a su hogar en El Aaiún -en el Sahara- debido a que al llegar al aeropuerto marroquí consignó que era ciudadana “del Sahara Occidental” y no “de Marruecos”.
Aminetu permaneció detenida durante 24 horas en el aeropuerto y embarcada contra su voluntad a Lanzarote, en las Islas Canarias, donde el 16 de noviembre inició su huelga de hambre indefinida con el reclamo de que le permitan regresar junto a su familia “como ciudadana saharaui”.
El Sahara Occidental es una región que nunca ha terminado por ser país, situada en la costa Atlántica de África que fue colonia de España desde 1884 hasta 1975, año en el que la llamada Madre Patria decidió -en lugar de garantizar a los saharauis su autodeterminación- repartir el territorio entre sus vecinos Marruecos y Mauritania.
A partir de entonces lo saharauis han sido víctimas en su propia tierra de la represión de Marruecos, cuya renuencia a devolver el Sahara Occidental a sus legítimos propietarios se cifra en la riqueza que éste posee en fosfatos, pesca y petróleo, realidad que cancela irrefutablemente la percepción generalizada de que se trata simplemente de un pedazo yermo de desierto.
Según datos proporcionados por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, la ocupación ilegal del Sahara Occidental le cuesta diariamente a Marruecos $2 millones, de los cuales un porcentaje considerable se destina a pagar los cuerpos armados encargados de sofocar a sangre y fuego cualquier intento de rebelión saharaui.
Inexplicablemente el drama de los saharauis ha transcurrido sin gran resonancia internacional, con unos ecos apagados que a la distancia parecerían pertenecer a una escaramuza menor, de esas que proliferan a diario en nuestro vasto mundo.
Sin embargo, la realidad de este pueblo alcanza ya proporciones trágicas, mientras muchos de sus habitantes buscan refugio en un territorio prestado por Argelia.
Sobre este drama han escrito José Saramago -el premio Nobel de Literatura de 1998- y Luis Leante -premio Alfaguara 2007 con la novela Mira si te querré, cuya trama tiene como cauce el vía crucis de esta etnia.
Este lunes, Pilar del Río, la esposa y traductora al español de Saramago, distribuyó por internet una carta dirigida al Rey de España para que “utilice su prestigio y ascendiente ante el Rey de Marruecos para salvar la vida de Aminetu”. “Su desaparición por huelga de hambre pondría en serio peligro las relaciones entre dos países vecinos y supondría el descrédito de la monarquía alauita y de todo su régimen. Pero, sobre todo, si ella muere habrá muerto la esperanza”, reza la misiva para la que Pilar pide la adhesión de todos los escritores del mundo.
Dicen que Aminetu ya muestra los síntomas del prolongado ayuno: ojos hundidos, dolores de cabeza y visión doble. Ha sido categórica en su renuncia a recibir atención médica. La secuela sería dramática: disloque de la presión arterial y del ritmo cardiaco, dolores musculares y en los huesos, edemas, cólicos intestinales, diarreas y vómitos. Al final un cuadro anémico agudo y la posibilidad enorme de un ataque cardiaco.
Hace unos días, en una entrevista con el diario El País, Aminetu reiteró que es “una militante de los derechos humanos pacífica y sólo puedo protestar por métodos pacíficos y el más fuerte que tengo es la huelga de hambre”, mientras reiteraba su determinación de regresar a su país, “el Sahara Occidental”, o seguir “hasta la muerte”.
Al final, Aminetu hizo una declaración sobrecogedora ante la posibilidad de morir y dejar en la orfandad a sus dos hijos pequeños: “Tengo dos hijos, pero también tengo mi dignidad, que está por encima de mis hijos. Lo que ha sucedido es un ataque a mi dignidad que no puedo aceptar. Entre mis hijos y mi dignidad, prefiero mi dignidad. Ellos vivirán sin madre, pero con dignidad”.
Una vez más: cierre los ojos e imagine... o no los cierre, que lo mismo da...

Mario Alegre Barrios, oriundo de la Ciudad de México y residente en Puerto Rico desde 1977. Periodis...


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