La figura del profeta es una de las imágenes más cautivadoras que presentan las Sagradas Escrituras.Quien profetiza habla a nombre de Dios, diciendo en voz alta lo que muchos ni siquiera se atreven pensar.
El Rev. Domingo Rodríguez, quien fuera mi pastor, me enseñó una definición que he repetido centenares de veces. El profeta o la profeta es una persona quien tiene la vista en los cielos y los pies en la tierra. Quien profetiza tiene un compromiso radical con Dios, y un compromiso radical con el pueblo.
En este fin de semana, donde recordamos el ministerio del Rev. Martin Luther King, Jr. ofrezco una meditación sobre la figura del profeta. Se basa en Isaías 62, un poema muy hermoso donde un profeta anónimo habla sobre su compromiso de hablar a nombre de Dios.
El profeta proclama:
Por amor de Sión no callaré
y por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que salga como un resplandor su justicia
y su salvación se encienda como una antorcha. Isaías 62:1
Este versículo, tan rico en significado como corto en longitud, establece varios puntos importantes sobre el ministerio profético: Primero, establece que la motivación principal para dedicarse al ministerio profético es el amor. La verdadera motivación del profeta es el amor. Quienes proclaman con sinceridad la palabra divina, están motivados por el amor de Dios por la humanidad.
Segundo, el profeta afirma que no callará. Su compromiso no es algo momentáneo o pasajero. El profeta, motivado por el amor divino, tiene la necesidad de anunciar la palabra de Dios. Por eso, pospone su descanso para cumplir con el mandato divino. Tercero, el profeta tiene una meta clara. No cejará en su empeño de proclamar la palabra divina hasta ver la plena manifestación de la justicia de Dios en el mundo. Predicará hasta que la justicia brille como el sol del mediodía y la salvación alumbre como una antorcha.
Como dice Isaías 62:2, el profeta promete continuar su ministerio profético hasta que la justicia de Dios se manifieste ante todas las naciones: Entonces verán las naciones tu justicia y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová te pondrá. En el v. 2 se introduce otro tema importante: la donación de un nombre nuevo. En la Biblia, los nombres son muy importantes.
A diferencia de nuestra cultura, en el mundo antiguo se entendía que el nombre de una persona, de una ciudad o de una institución decía algo sobre su esencia. Por eso el acto de nombrar implicaba el tener cierto poder sobre la persona, el lugar o la institución que recibía el nombre. Y si nombrar era importante, poner un nombre nuevo era aún más importante. Cuando una persona recibía un nombre nuevo, estaba redefiniendo su esencia.
En Isaías 62 vemos cómo Dios desea darle un nuevo nombre a la ciudad de Jerusalén. La ciudad que ayer fue destruida por los ejércitos babilonios, la que fue desolada por los invasores, ahora ha de recibir un nombre nuevo.
El profeta le dice a la ciudad:
Y serás corona de gloria en la mano de Jehová
y diadema de realeza en la mano del Dios tuyo.
Nunca más te llamarán "Desamparada",
ni tu tierra se dirá más "Desolada";
sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra, Beula;
porque el amor de Jehová estará contigo y tu tierra será desposada. Isaías 62:3-4
El profeta anuncia que la desolada ha de ser una corona de gloria. El profeta afirma que la desamparada ha de ser como la diadema de una princesa. Con fe, convicción y esperanza, el profeta afirma que la ciudad ya no será llamada "Desamparada" ni "Desolada". La gloria de Dios ha de manifestarse en breve, transformando la ciudad santa. ¿Cómo ha de llamarse? ¿Cuál ha de ser su nombre? Se llamará Hefzi-bá, que quiere decir "ella es mi delicia", y será conocida como "Beula", que quiere decir "casada".
De este modo, el profeta afirma que Dios ha de restaurar a su pueblo. La ciudad que una vez fue destruida, ahora será conocida como la esposa de Dios, en quién el Señor tiene su delicia. Y Dios hará todo esto por amor.
Esta palabra profética cobra un significado especial durante este fin de semana, cuando el mundo recuerda el ministerio de un profeta contemporáneo: el Rev. Martin Luther King, hijo. Al igual que el profeta de Isaías 62, King dijo: Por amor no callaré y por amor no descansaré, hasta que salga como un resplandor su justicia y su salvación se encienda como una antorcha.
En su caso, su amor no iba dirigido a Sión, la ciudad de Jerusalén. Su amor iba dirigido a ciudades como Montgomery, Birmingham y Selma, donde la comunidad afro-americana vivía tan oprimida como en los tiempos de la esclavitud. Y su amor se expandió hacia todo el país, hasta culminar en la marcha en Washington, DC, donde el profeta predicó su sermón conocido por el estribillo "Yo tengo un sueño".
King no calló y no descansó. Su compromiso profético le costó la vida, cuando una bala asesina segó su vida en Memphis, TN. Pero la muerte no pudo contener su influencia en la vida del país que amó. Y nosotros, siguiendo los ejemplos los profetas de ayer y de hoy, tampoco debemos callar.
Por amor, no podemos descansar.
No callaremos por amor a nuestra tierra.
No descansaremos hasta que resplandezca sobre Puerto Rico la justicia.
No callaremos hasta que veamos la salvación de Dios encendida sobre nuestra Isla.
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El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. Para contactar el Rev. Jiménez, o acceder varios de sus escritos, grabaciones de audio o vídeos, visite http://www.drpablojimenez.com

El Dr. Pablo A. Jiménez Rojas es un ministro ordenado de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo)...


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