Rafael Lama
20-Ene-2010

Alguien prenda el bombillo

La movida del Gobierno de Puerto Rico  de establecer una tarifa fija de entre $30 a $50 en  el pago de luz y de agua en los residenciales evoca al populismo al que se aferró Eva Perón en sus tiempos.
En síntesis, la primera dama argentina se inmortalizó dándole regalos a los pobres, sufragados con en el dinero que generaban  no sólo las oligarquías, sino la clase trabajadora.
El anuncio de la tarifa fija hecho por el Gobierno el pasado lunes no dista mucho de la inolvidable de caridad peronista.
De hecho, al dar a conocer la iniciativa  aquí en la Isla,  sólo faltó que funcionarios  de la Autoridad de Energía Eléctrica, la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, el Ejecutivo y la Legislatura, todos juntos  fletaran una vagón del Tren Urbano y lanzaran por las ventanas  vales de $50 para que residentes de caserío pudieran, incluso, recibir un incentivo adicional para pagar su tarifa fija.
 Luego, en un carroza, el equipo de Gobierno se podría trasladar a Fortaleza (a falta de  una Casa Rosada, siempre está Santa Catalina) para  recibir a las masas y regalarles bombillas navideñas con el fin de decorar  los residenciales. Y  no sólo en la época festiva, sino todo el año. ¿Por qué no? Después de todo, con una tarifa fija, qué necesidad hay para ahorrar energía?
 Y el agua ni se diga. Con una tarifa que oscilará entre $10 a $19.71 al mes por el servicio de Acueductos,  los residenciales podrían  capitalizar en el subsidio  e incluso entrar en el negocio del Car Wash. Si el  precio de la  materia prima para ese negocio (el agua) nunca  aumentará,  entonces estamos hablando de un negocio redondo.
Ok.  Hora de despertar.  No hay pueblo  que aguante esas dádivas de corte peronista, máxime cuando las arcas del Estado se encuentran defalcadas, cuando el desempleo supera el 15.5% y cuando toda la carga se le sigue poniendo sobre las espaldas de una clase trabajadora frustrada. 
Este último  acto de “caridad” que realiza el gobierno local le hace un flaco favor a la productividad y a la economía isleña.
 Puerto Rico no necesita regalos. Los pobres no necesitan que se les mantenga mediante  regalos. Lo que  necesitan es trabajo.  
El argumento de que hay cerca de 46,000 hogares en residenciales que ahora mismo no pagan su agua ni luz.   y que por ende se crea este subsidio como incentivo para que  ahora paguen, no hace sentido.
Si hay miles de personas que ahora mismo no están pagando y han seguido por la libre, qué le hace pensar al Gobierno que ahora, con esta tarifa fija, van a comenzar a  pagar.
Las energías y el dinero del Gobierno no deben ir dirigidas perpetuar la mentalidad del mantengo.   Los recursos se deben invertir en nuevas tecnologías para el desarrollo de energía renovable, algo que no sólo abaratará el costo energético para todos por igual, sino que también crearía nuevos empleos.
 Las iniciativas de cambio deben ir dirigidas a  mejorar la infraestructura del país, comenzando por los dichosos salideros de la AAA. Antes de regalar agua a tutiplén, es necesario trabajar agresivamente con el hecho de que en Puerto Rico, un 62% de toda el agua que se produce se pierde, según datos de la propia AAA. 
Ya es hora de analizar los problemas del país seriamente; de dejar atrás soluciones irreales que no se adaptan a la difícil situación que atraviesa Puerto Rico; de pensar en alternativas viables para el desarrollo y que no atenten contra la productividad ni la lógica. Es hora de prender el bombillo de manera sabia.

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