Pablo A. Jiménez
06-Feb-2010

Un acto desesperado

La gente desesperada hace cosas desesperadas. Eso es una ley universal, válida en todo tiempo, en toda cultura y en todo lugar.


Hace unos días un amigo me llamó desde los Estados Unidos y me preguntó si era verdad que el Gobernador de Puerto Rico había activado a la Guardia Nacional. Cuando le contesté en la afirmativa, respondió de manera contundente: “¿Acaso el gobernador no sabe que los militares no están adiestrados para hacer patrullaje policiaco?”


Le contesté que eso es evidente; todo el mundo sabe que la milicia ni debe ni puede sustituir a la policía.
“Entonces, ¿por qué se empeñan en usar la Guardia Nacional para tareas policiacas?, preguntó de manera casi retórica. Yo guardé silencio por unos minutos, sopesando mi respuesta. Finalmente respondí: “Creo que se debe a que la gente desesperada hace cosas desesperadas”.


Y el Gobierno de Puerto Rico está desesperado, dado que nada de lo que ha hecho ha podido atajar la oleada criminal. La activación de la Guardia Nacional deja al descubierto la desesperación del gobierno.

Yo creo que la activación de la Guardia Nacional es un ejercicio en futilidad. ¿Por qué? Porque ninguno de los militares puede dispararle un solo tiro, mucho menos vaciarle su metralleta encima, a un criminal. Esto sólo traería más problemas políticos para el gobierno. Por lo tanto, el impacto de la Guardia Nacional es más psicológico que otra cosa. El objetivo es evidenciar que el gobierno está combatiendo el crimen, calmar a los votantes más conservadores e intimidar a los criminales, quienes están acostumbrados a tener mejores armas de fuego que la policía de Puerto Rico.


Lo único que puede atajar el crimen en Puerto Rico es un cambio en la cultura. Tenemos que atacar la cultura del crimen, que ha creado un narco-gobierno en la Isla. Y para eso necesitamos un programa de educación en valores en las escuelas públicas del país. Para ser efectivo, este programa debe ser uno de los puntos centrales del currículo de estudios puertorriqueño. Las campañas mediáticas, como la trillada “¿Qué nos pasa, Puerto Rico?”, no tienen impacto alguno en nuestra juventud.


Repito, el crimen no amainará hasta que comencemos el largo y doloroso camino para motivar cambios en la cultura de dependencia, violencia e impunidad que impera en Puerto Rico.

¿Qué opina usted? Le invito a compartir su opinión, comentando tanto el contenido de esta columna como los comentarios de otros lectores.


El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. Para contactar el Rev. Jiménez, o acceder varios de sus escritos, grabaciones de audio o vídeos, visite http://www.drpablojimenez.com

sobre el autor

Pablo A. Jiménez

El Dr. Pablo A. Jiménez Rojas es un ministro ordenado de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) [ICDC]. Nacido en la ciudad de Nueva York, se ...

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