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Por más de 100 años, los partidos políticos han sido esos burros, halando hacia lados contrarios, dejando al País, de paso, sumergido en esta piscina de espaguetis en la que nadie tiene claro quién cree qué, ni por qué.
Pues parece que, poco a poco, sin que nadie tenga clara la razón, y con consecuencias todavía insospechadas, el público va liberándose del yugo de los partidos en el tema del status y, asombrosamente, está juntándose en torno a una fórmula que no es defendida por ninguna de las colectividades.
Esta fórmula es el Estado Libre Asociado soberano.
Es verdad que en este momento, el ELA soberano parece otro embeleco más, pues pocos saben bien de qué se trata. Pero esto no debe ser razón para, a pesar de estas brumas, dejar de oír el mensaje resonante que parece que están dando los electores al comenzar a gravitar hacia esta fórmula huérfana de partido.
Las últimas dos encuestas de este diario asombraron a muchos al arrojar resultados de 42% en marzo y 45% en mayo para el ELA soberano, superando en ambos casos a la estadidad (32% en marzo y 36% en mayo) y, por supuesto, a la independencia.
La primera vez muchos dijeron que la gente lo confundió con el ‘ELA pelao’, que no estará entre las opciones de la segunda pregunta de la consulta de status que se mancuernó con las elecciones generales. La segunda vez todavía hay gente diciendo que se debe a dicha confusión, aunque menos que antes.
Tampoco se puede ignorar la aparente contradicción que entraña el que aunque tantos dicen creer en el ELA soberano, el 50% decía en marzo y el 51% en mayo que quiere dejar esto como está.
Sin embargo, aunque nadie puede negar que haya por ahí uno que otro enajenado pensando que el ELA de ahora es lo mismo que el ELA soberano, o que no sabe que no habrá ELA colonial por el cual votar, no hay manera de interpretar que todos, ni siquiera la mayoría, de los que se decantan a favor de esta fórmula no sepan de lo que están hablando.
Las implicaciones de esto son realmente monumentales y han agarrado a todos los partidos, perdonando lo feo que puede sonar lo que viene a continuación, con los calzones abajo. Demuestran, para empezar, que hay gente en cantidades indeterminadas ahora, pero sin duda mucho más de la que todos imaginaron, que no le teme a la palabra soberanía, como le ha temido por mucho tiempo a su siamesa, la independencia.
Pobre de los partidos, especialmente de los populares, cuyo liderato no vio esto venir y se ha pasado los últimos dos o tres años huyéndole a la palabra soberanía como a una peste. Ay, pobres de algunos independentistas, que no han sabido reconocer los signos de los tiempos y siguen predicando la independencia como cuando no había internet, ni economía global, ni estaban los países tan entrelazados como lo están ahora, ni eran tan interdependientes como en este momento.
Y, por último, pobre de los estadistas, que están viendo como la fórmula por la que tanta pasión sienten sufre un doloroso estancamiento, sin poder siquiera acercarse al ansiado 50 más uno que le permitirá ir a pedirla, y la ven, por el contrario, dando reversa, justo cuando creían que en mejor posición estaban de nutrirse de las penas de los azarosos que viven día a día las penurias del colapso del modo de vida del que habíamos disfrutado por los últimos 50 años.
Mientras los partidos siguen perdidos en el mismo laberinto de los últimos cien años, el público, más osado de lo que muchos habíamos imaginado, parece que les lleva un paso al frente empezando a mirar en serio una nueva fórmula que, si logra romper la muralla obstruccionista de las colectividades tradicionales, puede resolver de una vez y por todas este problema.
Algún día habrá que explicar en detalle qué es eso del ELA soberano. En ese momento, algunos volverán a la zona segura de las fórmulas tradicionales. Pero otros le encontrarán el sentido que ya la vieron quién sabe cuántos de ese 40 y tanto por ciento que le dieron su apoyo en las últimas encuestas y quienes, sin encomendarse a nadie, le dieron un machetazo al pasado y al presente y están marcando una nueva ruta que, en este momento, los vetustos partidos, ni casi nadie, no saben cómo interpretar.

Benjamín Torres Gotay ha ejercido el periodismo de manera ininterrumpida desde su graduación de la U...


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