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Las cosas por su nombre

Benjamín Torres Gotay

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19 de octubre de 2014

La yihad criolla

No se les olvidó llamar la prensa, porque eso no puede faltar. Antes, habían hecho un hashtag, un lema y afiches bien bonitos.

Después, pusieron cuatro generalidades en el documento, lo firmaron en una pomposa ceremonia y dieron, cada uno, discursos encendidos en patriotismo y pasión.

Eso fue el pasado 15 de mayo en el Capitolio. Allí se firmó el llamado “Pacto para el Diálogo por Puerto Rico”. Participaron representantes de los tres partidos políticos inscritos, presidentes de universidades y unas veinte organizaciones empresariales, sociales y sindicales. 

Firmaron, entre otros, los presidentes de Cámara y Senado, Jaime Perelló y Eduardo Bhatia; los líderes del Partido Nuevo Progresista (PNP) Jennifer González y Thomas Rivera Schatz; y la portavoz independentista en el Senado, María de Lourdes Santiago. Prometían dialogar para encontrar juntos soluciones a nuestros problemas. 

Una hora antes de la ceremonia, estaban en la pelea de perros de siempre. Colgaron los guantes un momento, hicieron la ceremonia y se cantaron hermanos y llenos de amor fraterno. Una hora después de la ceremonia, y hasta el sol de hoy, siguió la pelea de perros de siempre. 

Parece que mucha gente no tiene idea de cuánto daño le hace al país esa interminable confrontación.

La guerra santa, los discursos apocalípticos y tremendistas, la estridencia en el debate público, la demonización continua del rival, la dañina práctica de derribar todo lo que el otro haya hecho, la negativa a reconocerle cualquier mérito, el más mínimo incluso, al contrario, todo eso es la causa de la paralización que sufre el país y del grave deterioro del discurso y las instituciones públicas. 

De vez en cuando, personas sensatas convencidas de que nuestros graves problemas solo se pueden solucionar mediante una alianza patriótica entre las fuerzas políticas reclaman un acuerdo en el que se pacten unos acuerdos mínimos que garanticen el avance del país independientemente de quien gane las elecciones. Reclaman, por ejemplo, un plan económico, educativo y de seguridad a largo plazo, con el que estén comprometidos todos los que aspiren al poder.

Así es que han logrado avances otros países. Sus fuerzas políticas se destasajan las unas a otras en contiendas electorales, pero hay  cosas esenciales para el desarrollo de los países con las que no se meten. Los planes educativos y económicos, por ejemplo.

En Puerto Rico no hemos logrado ni eso. No hay nada, absolutamente nada, en lo que los partidos puedan ponerse de acuerdo. Es muy difícil alcanzar cualquier logro importante en estas circunstancias, porque lo que cada cual intenta el otro lo obstruye, lo sabotea, termina dañándolo. Mas si por voluntad o casualidad alguno lograra algo importante, el que viene después de los destruye. 

Los creadores del “Pacto para el Diálogo por Puerto Rico”, por mencionar solo un ejemplo, pues ha habido otros intentos similares en el pasado y de seguro los habrá en el futuro, intentaron revertir esta ruta de locos. 

Pero se quedó en eso, en palabras, en discursos bonitos, en buenas intenciones sin duda, porque falta la voluntad para darle de codo a los extremistas que tienen secuestrado al país y trabajar hombro  con hombro por el futuro de Puerto Rico. 

Desde que se firmó el pacto, no ha habido una palabra más al respecto. Unas semanas antes de la firma del pacto, el gobernador Alejandro García Padilla había dado a conocer el informe de un comité de ciudadanos que designó para que le ayudara a encontrar soluciones a nuestros principales desafíos. El comité, de muy buena fe, hizo su trabajo y presentó sus recomendaciones. Pero se quedaron, igualmente engavetadas.

Lo que ocurre es sencillo. 

La crisis que atravesamos no se va a solucionar de la noche a la mañana y a la clase política no le interesan alternativas así porque, en la manera demente en que aquí se hace política, los problemas tienen que resolverse con un chasquido de los dedos. El político en el poder que diga que necesita de la oposición para resolver un problema, o del bando contrario que diga que hay que apoyar X o Y iniciativa del que gobierna, es tildado en el acto de traidor y devorado sin misericordia por las jaurías que componen las maquinarias de los partidos y que tienen el control de quién resulta electo y quién no. 

No se equivoquen. Hay gente sensata en ambos partidos. Lo disimulan mucho porque la sensatez, en este país, puede costarle la carrera política al más lindo. Están de manos atadas porque los yihadistas en las estructuras partidistas son más y, al estilo de los extremistas de ISIS en Oriente Medio, son capaces de decapitar en público al que dé la menor muestra de flexibilidad. 

Todos sabemos quiénes son los yihadistas. Los hay en los dos partidos. Los escuchamos en la radio a diario, los leemos en las redes sociales, con su gritería y su demagogia repugnante. Hablan tan alto, que si uno baja la guardia, puede llegar a pensar que todo el país es así. No, no lo somos. Son solo ellos, que no son pocos, claro está, pero tampoco son la mayoría.

La mayoría somos los que queremos al país más que a cualquier partido y sabemos que todos somos necesarios para avanzar.

Y empezaremos a avanzar cuando saquemos del medio a los extremistas. Cuando los convirtamos en una minoría inconsecuente. Cuando no tengan el control de los partidos políticos. Cuando su prédica de odio carezca de toda resonancia. Cuando nadie les aplauda ni les celebre el discurso divisivo, atorrante y estridente.

Cuando comprendamos que nos necesitamos unos a otros para sacar al país de este atolladero histórico que, créalo o no, amenaza nuestra viabilidad misma como sociedad.

Entonces, solo entonces, iniciativas como el “Pacto para el Diálogo por Puerto Rico” valdrán más del papel en que se escriban y de las buenas intenciones de quienes lo impulsen.  

(benjamin.torres@gfrmedia.com, Twitter.com/TorresGotay)

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