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10 de julio de 2014

"No, él no va a dejarla"

Una de mis películas favoritas es “When Harry met Sally”, deliciosa comedia romántica protagonizada por Meg Ryan (Sally) y Billy Cristal (Harry), para finales de los 80, cuando ambos no habían experimentado con las cirugías y el botox.

Esta peculiar historia romántica  es conocida por una escena cuando Sally y Harry  van a almorzar a  un restaurante y están discutiendo sobre la incapacidad del hombre para reconocer cuándo una mujer está fingiendo un orgasmo. Sally reclama que los hombres no pueden descubrir la diferencia, y para probar su punto, finge  un escandaloso orgasmo delante del público.

Pero no es de la relación de Sally y Harry que les hablaré.  Precisamente el título de esta columna responde a una de las frases más repetidas del filme. Resulta que Sally (Meg) es amiga de Marie (Carrie Fisher), quien sostiene una relación de muchos años con un hombre casado.

Marie constantemente está en depresión porque el hombre a pesar de que le asegura que dejará a su esposa no lo hace. Incluso, recurre a tácticas pelonas como enviarse flores para que el hombre sienta celos. Como ella se la pasa husmeando entre sus cosas, se da cuenta que él no tiene intenciones de dejar la esposa, por lo que se la pasa diciéndole a Sally: “él no la va a dejar”, y Sally contestándole:  “No, él no va a dejarla”.  

Para variar, en la película Marie manda al susodicho al infierno, y termina felizmente casada con Jess (Bruno Kirby). 

¿Y por qué el tema? Porque ha sido una constante en la correspondencia que recibo de muchas amigas lectoras. Esa espera que se alarga, esa promesa que no se cumple, ese momento que nunca llega. El tema es delicado, crea ronchas, pisa callos, pocas hablan del asunto, pero es real, latente, doloroso…

La semana pasada recibí el correo de una amiga lectora, quien contó que hace seis años sostiene una relación con un hombre casado. Ella dice que lo conoció en el lobby de un hotel, y al cabo de varias semanas iniciaron una relación, que incluso hubo “overnights” y viajes en pareja, por lo que ella nunca sospechó de su compromiso.

Él le dijo que era divorciado, que trabajaba en las noches, que sus hijos se quedaban con él varios días a la semana, y que por tanto, él prefería ir al apartamento de ella para no incomodar a los menores.

El cuento ella se lo creyó por seis meses, hasta el día que le avisaron de la recepción en la firma de contabilidad en la que trabaja que una dama la esperaba. Con suerte no ardió Troya. La mujer le contó todo y le dijo que él le mentía. Nada de divorcio, él estaba matrimoniado.

Ese mismo día lo dejó. Él le dijo que mintió para no perderla (el viejo truco), que las cosas en su matrimonio iban de mal en peor, que el dormía en un cuarto aparte, que ya no quería la esposa, etc. etc.etc. ¿Y ella? Le creyó todo. Volvió con él, de eso hace cinco años y aún está esperando que él deje la esposa.

Ella pregunta que cuánto más debe esperar. Ay mi amiga, hace tiempo que debiste agarrar guantes, sombrero y cartera y salir de ese paquete.

 ¿Verdaderamente, tú crees que él va a terminar esa relación? Como Sally te digo: “no, él no va a dejarla”.

¿Que ha ocurrido? Por supuesto, la semana pasada les conté las andadas del tío, pero esas son una en mil, sino en un millón. Una escucha esos cuentos, pero honestamente suenan más a leyenda urbana que a otra cosa.

¿Por qué poner nuestra vida en “hold” y no dar paso a nuestros sueños por algo que es un espejismo? Por algo que no es real, que solo se queda en promesas que no se cumplen. ¿A cuenta de qué alquilamos nuestro valioso tiempo, nuestro preciado espacio a quien no aprecia eso?

Como dije, el tema es delicado, y al final cada cual toma la decisión que crea correcta, pero insisto, ¿para qué perder el tiempo?

En la carta, la amiga cuenta que incluso renunció a un puesto de trabajo con mejor remuneración que el que tiene en estos momentos porque mudarse significaba terminar  la relación.  El hombre le suplicó que no se fuera, e incluso le aseguró que era cuestión de algunos meses la separación. Nada que ver. Este hombre debe consultar en un calendario maya porque pasaron, seis, siete, ocho meses, y nada. Durmiendo dizque en el sofa. Ujum.

Amiga, ni Hollywood se come el cuento. Basta ya de espera.  Han sido cinco años que aunque no dudo que hayas gozado, estoy segura que el dolor y la angustia te han consumido. Ciao!

    Escribe a caramia@elnuevodia.com

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