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9 de abril de 2014

Entre santurronas y malandras

En ocasiones me pregunto qué sería de la vida sin las amigas. Sin esos seres amorosos, algunas, o detestables, otras. Porque aunque me sacan la piedra –las menos-, siempre están ahí para darme la mano, escuchar mis desilusiones o reír con mis ocurrencias.

De mis amigas les he hablado hasta el cansancio. Monín, Raquelita, Basilisa, y Lola, que aunque prima es de las mejores amiguis. Ese es mi combo, con las que jangueo, con las que me voy de noche de Margaritas y compartimos al Buki y a Eros (Ramazzotti). Esas son las amigas fuertes, las que cuentan conmigo de modo incondicional. Con ellas soy ATH, 24/7. Truene, llueve o ventee.

        Pero con el devenir de los años, con los cambios de trabajo y de horario, a la vida nos llegan otras amistades con las que de la noche a la mañana se comparte más de lo usual y con el cariño se les permite entrada a ese selecto grupo de amiguis.

        Como les decía, con ellas se comparte todo. Hablamos como dicen por ahí, a calzón quitao. Sin miramientos, sin reservas, sin estrés. Es como si estuviéramos en la oficina de la psicóloga, pero en lugar de una hora, muchas. ¿Y cuál es el tema que predomina? Pues, hombres.  Y ahora que no me caigan chinches porque de eso es que se habla. Claro que para romper el hielo, se habla de política exterior, gastronomía, moda, por supuesto, música y cine, y de ahí a los que nos ocupa… los hombres.

        Lo que he notado en este proceso de compartir con las amigas es que últimamente he notado que se me están poniendo muy santurronas y criticonas. De la noche a la mañana estas amigas que se han incorporado tarde al grupo, suelen escuchar a las demás, para luego hacer comentarios que más bien son regaños disfrazados de preocupaciones.

        Hace unos días comentaba Monín en uno de nuestros concurridos miércoles de margaritas lo difícil que lo está pasando con el jevis. El chico se buscó una amiguita y lo cogieron en pifia. Tras casi dos años de noviazgo, y con planes de boda, a Monín se le cambiaron los muñequitos, la relación se ha enfriado y esa noche nos comentó que estaba pensando salir con un amigo que lleva tiempo pendiente de ella, y que por razones obvias no se había atrevido a salir.

        Cuando una amiga que ha sido traicionada se tira con un comentario como ese, me disculpan, pero aquí no hay espacio para regaños ni para santurronerías. Mi comentario inicial, el conocido “lo que es igual no es ventaja”, me salió como un cohete y tras ese el coro de las chicas. Menos Ivette, que con cara de fuchi nos miraba y torcía los ojos con cara de desagrado. La misma expresión de mi santa madre cuando le dije que me iba de fin de semana con Walter, un chico que conocí en un vuelo de Miami a Puerto Rico. “Pero, ¿cuánto tiempo hace que lo conoces?”, preguntó levantando las cejas y torciendo sus enormes ojos. “Madre, ¿qué tiene que ver la primavera con los cangrejos?”, respondí y me di la vuelta. Lo que costó una semana sin dirigirme la palabra.

        De las madres se esperan esos comentarios, pero de las amigas, no. La Ivette no pudo aguantar más, y se tiró con esta disertación de que las mujeres nos debemos al hogar y que mientras estemos en la calle "de más” (ouch!, esa dolió), no encontraríamos un compañero que nos tomara en serio.

        "¿En serio?",  xxclamamos todas. Me sorprendió Raquelita que tomó la batuta de la conversación y casi la hace llorar. ¿Para qué son las amigas? Son para dar la mano, estar con una en los momentos dificiles, no para restregarnos en la cara lo "mal" que hacemos, para eso las madres y las tías, porque ni las abuelas, estas suelen ser confidentes y alcahuetas.

        Una amiga que juzgue, que haga sentir a una menos porque en el calor de la intimidad, suelta sus problemas, preocupaciones, situaciones personales para luego juzgarla, lo siento pero no es. Las amigas son cómplices, son solidarias, se callan la boca, piensan antes de hablar. Por tanto, amigas no son todas, solo algunas.

        Y tan diversa como la naturaleza, asi son mis amigas. Santurronas, malandrinas, coquetas, entusiastas, paqueteras, soñadoras, sabias, de carne y hueso, aburridas, habladoras, maduras, ingenuas, solidarias, seductoras, caprichosas, terrenales, espirituales, en fin, de todo como en botica. Con virtudes y defectos, perfecciones imperfectas, la quiero, las adoro, y no me imagino el mundo sin ellas. 

Escribe a caramia@elnuevodia.com

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