Una vez más la socialité Kim Kardashian acaparó los medios. Esta vez por el vestido que exhibió, la semana pasada, en la exposición Punk: Chaos to Couture del Costume Institute del Metropolitan Museum of Art de Nueva York.
De la mano de su prometido, Kanye West, la embarazada Kim llegó al evento enfundada en un espantoso modelo -diseñado especialmente para ella por el director creativo de Givenchy, Riccardo Tisci. ¿Amigo o enemigo? Me inclino por lo segundo.
El diseño en cuestión era un vestido largo de jersey con detalles de ojales plateados que unían mangas largas y un cuello de tortuga. Lord have mercy!
Y, para añadir insulto a la injuria, su “amigo” Tisci accesorizó el horroroso look con guantes y zapatos a juego. Creo que no hubo humano en este planeta que no se enterara del “desacierto” de la niña pues chinches le cayeron en cuanto programa y revista de moda se cuenta en el universo.
No conozco a nadie que le echara flores al vestido. Ni mi amigo Popo, quien se canta como el presidente de su fan club. Excepto la propia Kim, por supuesto. Se dice que estaba fascinada con el diseño. Que era romántico y audaz. Puro punk. Y a fin de cuentas, de eso se trataba. Pero, aún así a nadie la pelaron como a ella.
Allí llegó medio mundo luciendo atuendos ridículos, pero solo Kim se llevó los comentarios más mordaces. Uno que otro por el vestido, la mayoría por su figura.
Resulta que desde el anuncio de su embarazo, los críticos de Kim se han vuelto mucho más virulentos con sus comentarios, particularmente, por su aumento de peso. Y es eso lo que molesta en todo este asunto.
Últimamente, es pecado mortal aumentar de peso durante el embarazo. No importa si se es celebrity o una simple mortal se despedazan a las mujeres que pierden sus “encantos” por su estado grávido.
Habrá mujeres que se embarazan y apenas ganan par de libras. Para ellas, alegría y muchos besos. Pero, para una gran parte de las mujeres que habitan en este planeta, el embarazo trae consigo, además de aumento de peso, retención de líquido y pérdida de cintura, aumento considerable de caderas y glúteos, amén de los cambios faciales, incluyendo el tamaño de la nariz. Sea en Finlandia o en Noruega.
Ese es el proceso natural. Lo contrario, es altamente peligroso. Sé de mujeres que apenas se alimentan en el embarazo con tal de no perder su figura. Paren y quedan “igualitas”, dicen ellas. Pero, ¿y el bebé?
Igual las que se la pasan alardeando de que salieron del hospital con los mahones que usaban antes del embarazo.
¿Cuál es el empeño de querer lucir como si nada hubiera pasado? Honestamente, rayan en lo enfermizo.
De ese grupo de “mujeres solidarias”, nunca falta la que con voz dulce y melodiosa le lanza el dardo venenoso a la embarazada: “Estás gordita, nena”. Pues claro, ¡¡está embarazada!!
Lo peor de todo esto es que siempre hace el comentario la que luce las libras de más, pero a diferencia de la otra, no está esperando un bebé.
Para Kim toda mi admiración. Se enfundó en su horroroso vestido y sin complejos destacó sus curvas y su figura de mujer embarazada. Para callarle la boca a sus detractores, sigue en el hit parade.
Nadie se acuerda del mohawk de Sarah Jessica Parker, pero sí del “desacierto” de la Kardashian. Ciao!
Escribe a caramia@elnuevodia.com

Cara Mía es real. Es la vivencia de cientos de mujeres en y fuera de Puerto Rico. Igual da si tiene ...


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