No invento. Y punto. Este espacio no es para relajitos ni cuentos de hadas o cigüeñas. La bendición de estar vivo no es para tomarse “light”. La “chispa de la vida” que reclama Coca-Cola es un truco publicitario barato. Además, eso de vivir con menos intensidad –o menos calorías, como la bebida- no debe ser negociable. Abrir los ojos en la mañana en día de sol, o de lluvia es un regalo del mismísimo Cielo (en “C” mayúscula). El privilegio de desear y luchar para estar “felizmente vivo” no es un chiste de salón. Desear “vivir” en vez de “existir” es el día a día de miles de personas con impedimentos físicos, dolamas y toda clase de condiciones de salud. No son inventos míos. Son situaciones reales, que le pueden pasar a cualquiera, en cualquier momento.
Ante la duda, pregúntenle a mi amigo Ángel Antonio Pérez-Serás. Un tumor cerebral trastocó la vida de Toño y la de su familia. A veces el guapo cincuentón se pone folklórico y jalonea para recargar el GPS que lo encamina en ruta a la alegría de vivir, pero siempre regresa porque es tan real como yo. Él tiene sus historias. Son las mismas que he ido contando de jueves en jueves, como libro por entregas. Las defiendo a capa y espada. Pero como fue a mí a quien elogiaron “por la fértil imaginación para inventarme esos cuentos de jueves”, paso a narrarles mi más reciente incidente…
Cuando acostumbras a ir a la misma farmacia por años, los farmacéuticos terminan siendo tus amigos. No es por vanagloriarme, pero puedo decir a calzón quita’o que mi esposo tiene varias razones para que los farmacéuticos sean sus amigos. Él es muy cortés, simpático, caballeroso, y, sobre todo, respetuoso de la profesión que indirectamente comparte con ellos. Mi esposo es muy conocedor de los medicamentos, así que puede enfrascarse en interesantes conversaciones con esos expertos en la caligrafía de los médicos. En caso de que profundice en los temas de los medicamentos, me deslizo discretamente hacia los anaqueles de las vitaminas. Si la cosa se extiende, llego hasta los chocolates. El pobre termina encontrándome en el pasillo de las tarjetas Hallmak.
Sin embargo, una tarde de lluvia –de esas que no te puedes bajar del carro sin que se te dañe el blower- me cacharon por la ventanilla. Era una farmacéutica nueva que no conocía a mi esposo. Tomó mi receta, me miró la cara; miró la receta y nuevamente me miró la cara sin disimulo. ¿Estaría dudando de la autenticidad del documento? ¿Pensaría que compro medicinas para venderlas en un punto de drogas? ¡No way! No estoy en terapias con medicamentos a los que se le pueda sacar dinero en la calle… nada de tranquilizantes, somníferos, o anti dolor, como el cannabis. ¡Ni aunque me los recetaran los negociaría. La farmacéutica me estaba escaneando y yo no me había dado cuenta.
Entonces, ¡fuácata! Me disparó directo al hígado cuando empató el nombre con la foto de este espacio: “¡Adioh! ¿Tú eres la amiga de Toño?” Confieso que me bloqueé porque no estoy acostumbrada a que me digan “adiós” cuando se debe decir “hola”. Tampoco me gusta que me relacionen a viva voz como “La Amiga” de un hombre que no es mi esposo… al frente del que sí lo es. “Trágame carro, que esto pinta color de hormiga brava en preludio a tormenta”, pensé. Y así fue, pero con el agravante que la conversación se escuchaba por el sistema de micrófonos y ya varias personas asomaban la cara a ver si lograban ver a la amiga del menta’o Toño. ¡Era como si me dijeran cosas en el muro de féisbuc, donde se enteran tus amigos y dos personas más: ¡Pueblo y Campo!
“Mira, he tratado de comunicarme contigo de mil formas, y no he podido. Y me alegro tanto que hayas venido a buscar una receta en mi turno. De no haber sido por esto, no te conozco. Oye, tremendos cuentos, esos que sacas. Te he querido escribir en la sección de los comentarios, pero no he podido. Están tranca’os”. ¡Y dale! No conforme con restregarme en público lo de “mi amigo” Toño, la misis seguía hablando en voz alta de “esos cuentos que publicas” y su “gran problema” de no poder comentar, como si aquí existiera la censura cibernética. Le dí el crédito de la duda y decidí coger el mensaje de forma bienintencionada: ella no se alegraba de que yo estuviera enferma para conocer de primera mano la veracidad de los blogs. Se alegraba de reconocer el rostro de la que había firmado artículos y blogs.
Admito que no me gustó la segunda parte del saludo. Eso de “tremendos cuentos” era el equivalente a decir que me invento lo que escribo. Le expliqué a la licenciada que todo lo que pueda leer en este espacio “es lo que es”. Le aseguré que la única novelista/ periodista/ editorialista/ columnista que conozco por acá es mi amiga de tantos años, Mayra Montero. También le dije que las columnas de Mayra publican los domingos desde mucho antes de que hubiera edición digital, y lo más importante: que son fruto de realidades nuestras. Traté de decirle que yo no tengo las destrezas noveleras ni cuenteras de Mayra porque la realidad que conozco sobrepasa los límites de mi propia imaginación. Pero ella seguía hablando. “Licenciada, fíjese que de vez en cuando he escrito de personas de carne y hueso como Glida, Karla Michelle y Héctor Tirado. La más reciente fue sobre Sandra Rodríguez Cotto y su hija, Mariela Prats Rodríguez. Y le aseguro que lo que le pasa a Toño, ¡le pasa!”
A todo esto, mi santo, noble, digno y tierno esposo, se moría de la vergüenza. Estoy segura que pensaba “la próxima vez no la traigo”. Me saqué de la manga una contestación urgente: “Licenciada, no tengo forma de complacerla para que comente on line. Intente bajarle la resolución a la pantalla de su computadora antes de hacer el ‘login’. Pero si no le funciona, para el próximo jueves le ofrezco una opción en la misma entrada del blog. Por ahora, la invito a subir su comentario al Inbox del féisbuc de Ángel Antonio Pérez-Serás. Es lo que mucha gente hace. Así, usted me comenta sin pena ni gloria lo que quiera decirme. Toño me lo pasa a mi correo electrónico, y yo le contesto. Pero dígaselo por Inbox, como todo el mundo. No lo ponga en el muro”. ¡Error! La mujer volvió a dudar de mí. “¡Ay sí, mira que linda! ¿Y si no te gusta el comentario, no lo publicas?”
La paciencia puede ser una buena aliada, y hablar por encima del conductor con el que estoy casada, una buena razón para tomar una pildorita de “amiplín”, el genérico de “nomesaca delas casillas”.
“Amable Licenciada, prometo publicarlas. Lo juro por mi palabra, la misma que sale en letras grises en este espacio digital donde no se censuran los comentarios… a menos que estén condimentados de palabras soeces. Además, le aseguro que en este blog se publican situaciones reales de personas de carne y tinta que aman la vida e insisten en echar pa’lante para disfrutarla”. La joven farmacéutica bajó los ojos como si buscara una salida honorable tras decirme embustera en palabras finas. Como no la encontró, me zampó como en transmisión automática por el micrófono del servicarro: “¡Oká! Su receta estará lista en una hora…”

Sangermeña que quiso ser periodista desde que aprendió a leer. Tras el bachillerato de Estudios ...


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Hoy tengo el capricho de compartir la alegría de vivir de todas las mujeres que tienen el privilegio de tener Hijos Especiales. Son vórtices de amor sin mesura. Tienen muchos nombres y muchas caras. Una de las que mejor conozco es “Sandra, La Mamá de Mariela”. Aclaro que su verdadero nombre es “Sa...
Estoy desarrollando un gusto casi enfermizo por ver los anuncios que las compañías farmacéuticas pasan por la televisión. No me refiero a los de los mágicos acetaminofenes, los excelentes brebajes para calmar la tos, o las pastillitas de aceite hígado de bacalao que nos engullían nuestros abuelitos....
Un día, es más que 24 horas para los que lo valoramos como si fuera el único. Nótese que no dije el “último”. Cuando se habla de “vivir cada día como si fuera el último”, me da la impresión de que hay que succionar los minutos antes que se esfumen. Sin disfrutarlos. Y que implica que después de ese ...
Con los ojos entrecerrados y el televisor encendido en el mínimo de volumen, pensaba en las dieciochomil cosas que nos preocupan a los residentes temporeros de este planeta; en las que nos preocupan a los puertorriqueños, a mis amigos, a mis vecinos, a mi familia. Añadí las que me preocupan y ocupan...
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